Martínez Verdugo, primer dirigente antiestalinista en AL: Raquel Tibol

lunes, 27 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- La crítica de arte Raquel Tibol, al rememorar su relación con el expresidente del Partido Comunista (PCM) Arnoldo Martínez Verdugo, fallecido el viernes en esta ciudad, dijo a esta agencia vía telefónica que su muerte le duele mucho “porque fue el primer dirigente político comunista en América Latina que se opuso al estalinismo”: “Arnoldo no era gritón, hacía las cosas a la chita callando, lo cual le permitió avanzar mucho en su lucha por hacer del Partido Comunista Mexicano, cuando lo dirigió, un partido independiente de la Unión Soviética, dentro de la tradición política de nuestro país. Eso le costó golpes duros, como la permanente actitud pro estalinista del máximo dirigente argentino Victorio Codovilla, pero siempre siguió adelante.” Sin pertenecer al PC, Tibol, oriunda de Argentina pero nacionalizada mexicana, resaltó su estrecha relación política con Martínez Verdugo, quien por cierto hizo estudios de pintura en la escuela La Esmeralda durante su juventud y colaboró con el mural que Miguel Covarrubias realizó en el extinto Hotel del Prado del Distrito Federal: “Cuando fundó el periódico Oposición, me llamó para dirigir la sección de política internacional, y yo encabecé la sección de arte en su revista Memoria. Además, cuando quiso abrir el partido ya como su dirigente, me pidió que fuera el correo entre el PC y Sergio Méndez Arceo, máximo representante en México de la Teología de Liberación. Como era obispo de Cuernavaca, yo viajaba seguido allá para ser el enlace.” Asimismo, evocó su participación en el Congreso por la Paz que los representantes comunistas de una buena cantidad de países celebraron en 1969 en Budapest, Hungría: “Los soviéticos, que organizaban el congreso, estaban por reconocer la representación de España encabezada por Enrique Líster, quien vivía en la URSS, y estaban en contra de una delegación proveniente de múltiples sectores de España en oposición al franquismo (había un obrero, un sacerdote, un estudiante, etc.) y fueron liderados por el poeta Rafael Alberti, ese sí exiliado en Roma. A la primera la apoyó Siqueiros, y yo, como vocera del PC mexicano, defendí a la segunda. Los soviéticos consiguieron expulsar a la delegación de Alberti, aunque en la postura que esgrimí no estaba sola, pues recuerdo que durante mi intervención hubo ovaciones de las delegaciones de Alemania Occidental y de Japón. La Comisión de México estaba integrada por Adriana Lombardo, Valentín Campa y Manuel Stephens García, entre otros, pero Arnoldo insistió en que yo fuera la vocera porque no estaba seguro de la postura que tomaría Lombardo Toledano, tan cercano a la URSS, o que el mismo Campa tuviera una actitud un poco débil. Luego de la sesión Siqueiros preguntaba: ‘¿Quién es esa Raquel Tibol?’, no obstante que yo había escrito muchos artículos sobre él y ya tenía 20 libros.” Sin embargo, Tibol distinguió entre el estalinismo y la URSS: Mi crítica no es al pueblo heroico que dejó millones de muertos en la guerra, sino al estalinismo de los dirigentes. Stalin mató a todo el que pudo, incluso a toda una generación de dirigentes incondicionales del PC.” Para Tibol, Martínez Verdugo fue “un hombre extraordinario”, un intelectual preparado que no inventaba tesis, sino que las extraía de sus estudios, porque era “tremendamente serio en sus estudios, y escribió mucho y muy bien”. Remató: “Su muerte me deja el corazón destrozado.”

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