Palacios Alcocer: ire al Váticano a representar a un Estado laico

miércoles, 8 de mayo de 2013
La Iglesia católica no ceja en su empeño de impulsar cambios constitucionales a fin de que se reconozca en su totalidad la llamada “libertad religiosa”. Con ésta pretende que se le permita poseer medios de comunicación masiva, impartir educación de corte confesional en las escuelas públicas y que sus ministros de culto puedan acceder a cargos de elección popular. En entrevista con Proceso, el nuevo embajador de México ante El Vaticano, Mariano Palacios Alcocer, afirma que esos asuntos son materia de política interna y les corresponde a las Iglesias tratarlos con el Congreso y la Secretaría de Gobernación. MÉXICO, D.F. (Proceso).- A punto de hacer sus maletas para viajar a Roma, donde ocupará la embajada de México ante El Vaticano, el político priista Mariano Palacios Alcocer adelanta que en su agenda diplomática no figuran los temas de bioética que tanto preocupan a la Iglesia, como el aborto o los matrimonios entre personas del mismo sexo. “La bioética no es tema en la agenda que llevo, pues en esa materia el gobierno mexicano es plural, ya que cada estado de nuestro país legisla autónomamente sobre esos asuntos”, argumenta, y se desmarca del asunto relativo a la “libertad religiosa” relacionado con la instrucción religiosa en escuelas públicas o con el derecho de los sacerdotes a ocupar cargos de elección popular. “La libertad religiosa es un asunto de política interna que le corresponde tratarlo a las distintas Iglesias con el Congreso o con la Secretaría de Gobernación, en un ejercicio de soberanía nacional. Hay que distinguir entre el ámbito interno y el de la política exterior”, aclara. En su espacioso despacho privado de la Ciudad de México, Palacios Alcocer se acomoda con el índice sus anteojos de alta graduación y agrega enfático: “A la política exterior le corresponde el trato con los Estados, bajo el principio de igualdad y de no intervención. No debe fundarse en subjetividades, sino en principios.” Con una larga trayectoria en la política mexicana –fue gobernador de Querétaro, dirigente nacional del PRI, senador y embajador en Portugal–, Palacios Alcocer fue designado por el presidente Enrique Peña Nieto embajador ante la sede pontificia, cargo en el que acaba de ratificarlo el Senado. El queretano dice tener muy claro su punto de partida, así como el destino al que ahora se dirige. Dice al respecto: “El Estado mexicano y el Estado Vaticano son de naturalezas muy distintas. No hay que olvidarlo. Nosotros pertenecemos a un Estado laico, federal, representativo, popular y democrático, donde conviven en libertad distintos credos religiosos. “En cambio, entre la comunidad de naciones, el Estado Vaticano es muy sui generis; es una monarquía absoluta, no hereditaria y de carácter teocrático, cuyos cánones y dogmas se aplican entre sus creyentes a nivel universal.” Ante esto, dice que llegará a la embajada con la Constitución mexicana en la mano, para “representar con dignidad a un Estado laico y secularizado, donde se respeta la libertad de creencias”. –El Vaticano tiene una postura muy definida en materia de derechos sexuales y reproductivos. En los países con los que tiene relaciones diplomáticas siempre trata de influir para que se penalice el aborto y se prohíban los matrimonios entre personas del mismo sexo, por citar sólo dos ejemplos. ¿Cuál será la postura de su embajada ante posibles presiones de este tipo? –se le pregunta. El diplomático se inclina sobre su escritorio y responde: “Mire, conozco perfectamente bien cuál es esa postura doctrinaria y dogmática del Estado Vaticano, la cual parte del principio de respeto incondicional a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. “Sin embargo, México es un país plural donde hay diversidad de criterios sobre ese punto, que además no es competencia del ámbito federal, sino de la soberanía de cada uno de sus estados. De ahí que tengamos entidades que permiten la interrupción del embarazo o los matrimonios entre personas del mismo sexo, como es el caso del Distrito Federal, como también tenemos estados que prohíben esas prácticas. “Los legisladores y los grupos locales son quienes se encargan de hacer sus leyes para regular lo relativo al aborto, la eutanasia, la reproducción asistida, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el congelamiento de embriones y otros aspectos incluidos en la bioética. “Seré representante de un Estado federal regido por una legislación civil secular y respetuoso de la soberanía de sus entidades federativas. De manera que la bioética no es un tema de la agenda que llevo como embajador, porque el Estado mexicano no tiene un planteamiento concreto en la materia.” Presiones   En 1991, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, Palacios Alcocer integró un equipo de destacados juristas a fin de darle soporte legislativo a dos cambios históricos que se dieron en ese sexenio: el reconocimiento jurídico a la Iglesia y la reanudación de relaciones diplomáticas entre México y El Vaticano. De entonces a la fecha, la jerarquía católica ha venido pidiendo a los gobiernos en turno que den el siguiente paso, consistente en realizar nuevos cambios constitucionales para que se reconozca plenamente la llamada “libertad religiosa”. Esta libertad incluiría entre otros puntos el que la Iglesia pueda poseer medios de comunicación masiva, impartir instrucción religiosa en las escuelas públicas y que sus ministros de culto puedan acceder a cargos de elección popular. Y puntualiza: “Sí, en 1991 se dieron aquellas reformas constitucionales que le dieron personalidad jurídica a las Iglesias. También se dictó la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Pero distintas Iglesias se quedaron con algunas pretensiones que no pudieron concretarse porque aquél no era el momento histórico para realizarlas”. –¿Y usted, como embajador, apoyará esas demandas de la Iglesia católica? –La libertad religiosa es un asunto de política interna que le corresponde tratarlo a las distintas Iglesias con las autoridades de gobierno facultadas para hacerlo, como son el Congreso o la Secretaría de Gobernación, en un ejercicio de soberanía nacional. Ahí debe darse el análisis y el avance de esos temas. “Como embajador me corresponde actuar en el ámbito del derecho internacional público, en la discusión de la agenda global, en las posiciones multilaterales y, por supuesto, en la relación bilateral entre México y el Estado Vaticano. Hay que saber distinguir entre el ámbito interno y el de la política exterior.” A diferencia de Palacios Alcocer, su contraparte en México, el nuncio apostólico Christophe Pierre, está metido de lleno en esos asuntos que atañen a la política interna de México, pese a pertenecer a esa monarquía teocrática extranjera. En el marco de la visita del Papa Benedicto XVI a Guanajuato, realizada en marzo del año pasado, el nuncio declaró a Proceso que está trabajando con “paciencia y sin cansancio” para que en México haya “libertad religiosa” plena, ya que es uno de los temas prioritarios del Vaticano. Resaltó que “la libertad religiosa es un derecho de todos los ciudadanos, sin excepción, y no una concesión otorgada por el Estado”. Tal derecho, agregó, es incluso reconocido por algunos tratados internacionales firmados por el gobierno mexicano, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (Proceso 1845). Todavía el pasado 8 de abril, el presidente del episcopado mexicano, Francisco Robles Ortega, recalcó que la libertad religiosa seguirá siendo una petición de la sede pontificia y un tema importante en la agenda diplomática bilateral. “Hay temas que siguen su curso independientemente de embajadores o de gobiernos en turno. Y uno de ellos es precisamente el tema de la libertad religiosa, que es un derecho fundamental de la persona humana”, dijo. Y agregó que las leyes mexicanas deben respetar plenamente ese derecho, como ya lo hacen las democracias modernas. “En México debemos estar a la altura de esas democracias”. Pierre y Robles Ortega ya tuvieron sus primeros encuentros con Palacios Alcocer. Pero en ellos todavía no abordan sus diferentes concepciones del quehacer diplomático: una de carácter intervencionista y otra de respeto a la autonomía de los Estados. Palacios Alcocer dice en torno a esas reuniones: “Con el nuncio me he reunido en tres ocasiones. En una me invitó a comer y yo acudí con un funcionario de la Cancillería. Y con los obispos mexicanos estuve el pasado 9 de abril, durante su asamblea plenaria que realizaron en la sede del episcopado. Pero en ningún momento tratamos temas de agenda. Fueron encuentros de mera cortesía y de cuidado de las formas.” –Ellos argumentan que las leyes mexicanas deben ajustarse a los convenios internacionales que hablan de respeto irrestricto a la libertad religiosa, la cual no debe ser una concesión otorgada por el Estado. ¿Qué opina usted? –Mire, en ese sentido la Suprema Corte de Justicia ya determinó que esos convenios tienen el mismo rango jerárquico que nuestra Constitución; por lo tanto deben respetarse y muy especialmente si hablan de derechos humanos y de libertades, como la libertad religiosa. “En ese mismo sentido, el artículo primero de la Constitución tuvo una modificación muy importante. Anteriormente decía que todo individuo gozará de las garantías que ‘otorga’ la Constitución. Ahora, en cambio, dice que la Constitución ‘reconoce’ esas garantías. Se cambió el verbo ‘otorgar’ por el verbo ‘reconocer’. Fue un cambio filosófico trascendental, porque ahora el constituyente acepta que está reconociendo derechos y libertades que ya existían y que son inherentes a todo ser humano. “Acorde con este proceso de cambios legislativos en la materia, actualmente se está discutiendo la reforma al artículo 24 constitucional, la cual ya habla específicamente de reconocer la ‘libertad religiosa’, así como la ‘libertad de conciencia’ y la ‘libertad de convicciones éticas’. En estos momentos, las legislaturas de los estados están sometiendo a votación esta reforma. “En caso de aprobarse, después tendría que haber una ley secundaria, en la cual debería detallarse en qué consiste esta libertad religiosa, cómo se va a ejercitar y cómo se va a aterrizar en los hechos concretos.” “En estos momentos sería muy aventurado decir dónde desembocará todo este ejercicio de la voluntad popular que se da en los congresos estatales y que es, repito, un asunto de política interna del Estado mexicano, no de su política exterior, que mantiene relaciones con Estados musulmanes o con Estados que tienen otros credos religiosos.” –¿Cuáles son entonces las prioridades de su agenda como embajador? –Aprovechar las coincidencias que tenemos con el Estado Vaticano en asuntos internacionales. Por ejemplo, compartimos una política muy clara en la búsqueda de la paz, la erradicación del terrorismo y el desarme en todos sus órdenes, particularmente en la desnuclearización. “La defensa de los derechos humanos, muy especialmente de los migrantes, ha sido otro punto en común entre México y el Estado Vaticano que se manifiesta en los foros internacionales. Lo mismo la defensa de los derechos ambientales. El Papa Francisco tiene un alegato muy bien logrado en la defensa de la naturaleza y en el desarrollo sustentable.” Fragmento de la entrevisa que se publica en la edición 1905 de la revista

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