El Maracaná, un estadio para la élite

martes, 25 de junio de 2013
SAO PAULO (Proceso).- Maracaná es el nombre que los indígenas tupí guaraní dieron a un periquito multicolor que todavía habita entre los árboles de Río de Janeiro y en los 8 mil 500 kilómetros del litoral marítimo de Brasil. El estadio Jornalista Mario Filho, más conocido como Maracaná e inaugurado el 16 de junio de 1950, vivió el domingo 16 su renacimiento, 63 años después, con el encuentro México-Italia en el que la escuadra azzurra se impuso 2-1 en el marco de la Copa Confederaciones 2013. El coso, que pertenecía al estado de Río de Janeiro, fue privatizado por decisión del gobernador Sergio Cabral, del Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), principal aliado del gobierno de Dilma Rousseff. Erigido para ser el mayor estadio del mundo –en la final del Campeonato Mundial 1950 ganada 2-1 por Uruguay en el Maracanazo fueron contabilizados 199 mil 854 asistentes–, el Maracaná ahora se viste de gala. En 1969 atestiguó el gol mil de Pelé ante el Vasco da Gama y fue la sede del Santos. Con los auspicios de la FIFA, aforo de 76 mil aficionados, techo y un juego de luces como gran atracción visual, el Maracaná será, al igual que en 1950, escenario de la final de la Copa del Mundo 2014. Durante 35 años y a partir de este mes –exceptuando cuando la FIFA reclame sus derechos sobre los seis escenarios de la Copa Confederaciones y los 12 del Mundial 2014– al estadio lo administrará un consorcio integrado por la constructora multinacional brasileña Odebrecht (90%), la empresa de entretenimiento IMX (5%) del magnate Eike Batista, quien hasta este año era el hombre más rico del país, según Forbes, y la empresa estadunidense AEG (5%). Esta última se especializa en la administración de estadios y participa en las concesiones del coso del club Palmeiras, el Arena Pernambuco, de la ciudad de Recife, y el de Curitiba, en Paraná. Además, maneja espacios como el Staples Center, de los Lakers, y el Home Depot Center, de los Galaxy, en Los Ángeles, California; también administra el 02 Arena de Londres, así como los estadios turcos de Galatasaray el Fenerbahçe. A la constructora Odebrecht le llevó tres años remodelar el Maracaná con un costo de 510 millones de dólares; de esta suma 200 millones fueron aportados por créditos públicos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social. En abril pasado, luego de una denuncia publicada en el diario Folha de Sao Paulo, Odebrecht reconoció que financió viajes a África del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) para que impartiera conferencias. “La remodelación del estadio se hizo con fondos públicos y una vez terminada se entrega a empresas privadas”, dice en entrevista con Proceso Joao Herminio Marques, uno de los coordinadores del movimiento El Maracaná es Nuestro y líder del Frente Nacional del Hincha. Por su parte, el gobierno carioca en voz de David Fitchner, jefe de gabinete del gobernador Cabral, considera que la modernización del coso y su concesión reducirán gastos al Estado y brindará confort a los aficionados.   Exclusión   El pasado 9 de mayo, el gobierno de Río de Janeiro concesionó el estadio al Consorcio Maracaná S.A., por 35 años. Durante este lapso se esperan ganancias por 700 millones de dólares, de acuerdo con un informe de la empresa IMX citado por el sitio de noticias UOL. El grupo deberá aportar 3 millones de dólares por año al gobierno de Río de Janeiro, en tanto que los clubes Flamengo, Fluminense, Vasco da Gama y Botafogo pagarán alquiler al consorcio para jugar en el templo del futbol brasileño. Los nuevos propietarios del Maracaná deberán construir estacionamientos y demoler instalaciones muy apreciadas por los cariocas, como el estadio de atletismo Célio de Barros, el parque acuático Julio Delamare y la escuela municipal Friedenreich, una de las mejores de Río de Janeiro, que será trasladada a un kilómetro de distancia. A un lado del estadio se encuentra el Museo del Indio, cuyas instalaciones están fuera de servicio y en donde vivían decenas de indígenas que en mayo pasado fueron desalojados por la policía y enviados al barrio de Jacarepaguá, a 35 kilómetros de distancia. El gobernador Cabral pretende convertir este espacio en un museo olímpico. “El Maracaná forma parte del ‘blanqueamiento’ del futbol en Brasil”, comenta a Proceso Juca Kfouri, columnista de Folha de Sao Paulo y comentarista en la radio CBN y ESPN Brasil. Este periodista, uno de los críticos más acerbos respecto de la organización del Mundial 2014, sostiene que los altos precios del boletaje van a sacar de los estadios al aficionado tradicional perteneciente a la mayoría negra del país, la más pobre. “En el amistoso de la semana pasada ante Inglaterra, el boleto para ingresar al Maracaná costó 75 dólares y el salario mínimo apenas llega a 320 dólares. Fue un error organizar en Brasil un Mundial como en Alemania o Sudáfrica”, fustiga Kfouri. El dirigente del movimiento El Maracaná es Nuestro coincide con los señalamientos del periodista y añade: “Las entradas serán más caras. Han quitado de todos los estadios del Mundial las tribunas generales para abrir espacios VIP. No hablaría yo de un `blanqueamiento´, sino de discriminación por cuestiones sociales y financieras. El pueblo para el cual fue construido el estadio en 1950, fue excluido, pues ahora importan más los derechos de transmisión y la venta de publicidad que los aficionados.” Por su parte, el capitán de la selección campeona en México 70, Carlos Alberto Torres, considera que la remodelación y privatización de los estadios no propicia la elitización del futbol. “Ocurre que el país organizador debe someterse a las reglas de la FIFA, de lo contrario olvídate de organizar un Mundial. Los precios para este evento son altos, diferentes a los del futbol local. Pero una vez que termine el torneo los precios lógicamente volverán a ser los que el aficionado brasileño pueda pagar”, plantea el capitán de la escuadra que fue considerada como la mejor de todos los tiempos, donde brillaron juntos Pelé, Jairzinho, Gerson, Tostao, Brito y Rivellino.

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