En la cárcel "hay que aprender a sobrevivir..."

martes, 13 de agosto de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El periodista Jesús Lemus Barajas, injustamente preso tres años en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, vivió de cerca los últimos días de Rafael Caro Quintero en esa cárcel de “exterminio”, cuya altas paredes “poco a poco, con el paso de los días van devorando las leyendas” de quienes ahí son encerrados. Acusado por el gobierno de Felipe Calderón de delincuencia organizada –cargo del que fue absuelto–, Lemus dejó testimonio de su paso por dicho penal en el libro Los malditos. Crónica negra desde Puente Grande (Grijalbo, 2013), donde relata los días que convivió con sentenciados famosos, entre ellos Rafael Caro Quintero, uno de los jefes del narcotráfico en México hasta mediados de los ochenta. Lemus relata en su libro que la primera vez que lo vio fue en el área del locutorio del Centro de Observación y Clasificación: “Cuando escuché que lo llamaron... la inercia de la curiosidad me condujo a levantar la cabeza para ver la figura que caminaba a sólo dos metros de mí. “Ni rastros de aquel joven acusado de narcotráfico cuyas imágenes dieron a conocer los noticiarios de 1985, en los cuales resaltaban sus pequeños ojos negros, abundante cabellera oscura y un bigote desplegado a todo lo ancho de su boca. Ahora era un individuo delgado, alto y encorvado, con el peso de los años en la cárcel claramente cargado en los hombros, con la espalda dando muestras de cansancio y la típica rigidez muscular de los presos que así manifiestan todo el odio contenido en el cuerpo. El pelo, aunque muy corto, tupido de canas.” A finales de 2008 Lemus fue asignado a la zona de “población” del penal, en la celda 149 del pasillo 2B del módulo uno. La celda 150 era la que ocupaba Caro Quintero. Fueron vecinos hasta el 30 de mayo de 2010, cuando el fundador del Cártel de Guadalajara –acusado del asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena– fue trasladado a una cárcel de mediana seguridad, también en Jalisco. En su libro, Lemus lo describió como un preso solitario, discreto, disciplinado y a esas alturas de su vida un apasionado de la historia revolucionaria mexicana. “¿No le gusta jugar voleibol, Don Rafa?”, le preguntó un día. El exnarcotraficante estaba sentado sobre la banca pegada a la cancha desde donde solía observar los partidos de los prisioneros. “No me gusta perder, por eso prefiero no jugar. Me siento más a gusto”, le contestó en una de las conversaciones que tuvieron en “la oficina”, como el propio Caro describía esa banca que siempre ocupó. “Lo conocí cuando tenía 56 años de edad y casi 24 de estar en prisión. Recluido poco menos de la mitad de su vida. Siempre bajo una estricta vigilancia del Estado por ser considerado el capo más grande del narcotráfico, en parte por la presión ejercida por el gobierno de Estados Unidos y en parte por la fama que le crearon los medios”, escribió el periodista.   Fama indebida   “–A mí los periodistas me hicieron la fama más grande de la debida –me dijo un día que le platiqué que yo era reportero– y me pesa mucho. Hablaron de mí hasta más no poder. Nadie se los podía impedir. Yo realmente no tengo nada que contarles. Lo que he vivido es mi vida. Y esa parte es mía. “De esa vida, 24 años los pasó en prisión, casi siempre en penales federales.” “Saldrían cientos de libros si yo me pusiera a escribir lo que me ha tocado vivir”, le dijo alguna vez a Lemus. “Oiga, Don Rafa, ¿es cierto que usted ofreció una vez pagar la deuda externa de México?”, le preguntó el periodista en una ocasión. “No. Nunca dije que pagaría la deuda externa, eso es fama que me hicieron. Eso salió de una plática que sostuve, ya estando detenido, con un agente del Ministerio Público que me preguntaba por mis propiedades y yo por salir del paso le dije que tenía hasta para pagar la deuda externa. “–¿Nunca habló con el presidente de la República? “–No. Todo eso es mentira, son puros cuentos de la gente que le gusta inventar cosas... y más cuando uno está aquí, que no puede desmentir a nadie.” Fragmento del texto que se publica en la edición 1919 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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