Guarida de lujo de 'El Tubi', entre ruinas, secretos y leyendas

lunes, 19 de agosto de 2013
MONTERREY, N.L. (apro).- Le llaman La Quinta Amarilla y es la mansión más conocida del municipio Villaldama. La voz popular decía que en ella había tigres, panteras, caballos de carrera, faisanes y pavorreales. Desde agosto de 2005, cuando su propietario, José Luis Carrizales Coronado, El Tubi, un temible pistolero al servicio del cártel de Sinaloa, fue detenido y asesinado posteriormente en el penal de Nuevo Laredo, el inmueble se encuentra en ruinas. Carrizales tenía gran aprecio por la casa. Una anécdota así lo ilustra: La propiedad era resguardada de manera permanente por un hombre mayor, residente del lugar. Una tarde calurosa, cuando la casa estaba desocupada, el velador invitó a uno de sus amigos para tomar un chapuzón. En eso andaban, cuando llegó El Tubi. Los dos salieron del agua despavoridos. Carrizales pidió a uno de sus guardaespaldas una tabla de tortura y ahí mismo, a un lado de la alberca, le dio de nalgadas a los dos y los echó semidesnudos a la calle, por haber profanado sus dominios. La construcción, que todavía conserva la pintura amarilla, ocupa una manzana en la cabecera municipal, en el barrio conocido como Estación Ferrocarril, a escasos metros de donde se encuentra la antigua parada del tren, que dejó de ofrecer sus servicios al público en la década de los 70. Está al costado de un arroyo y del otro lado la escuela primaria Aurelio Acuña. El palacete carece de puertas, por lo que cualquier persona entra y sale por sus amplios espacios. La alta reja blanca se encuentra oculta entre la maleza. Adentro, no hay nada. Los azulejos blancos de los baños están quebrados. En la estancia principal hay un pedazo de minisplit que, por lo que se ve, fue arrancado. Las paredes lucen pintas con spray. Todo está recubierto por el polvo y el lodo. Los vecinos desconocen el destino de los muebles. Suponen que fueron robados por merodeadores nocturnos. El patio es amplio y está recubierto, todo, por la cizaña. En el centro destaca la alberca, junto con un chapoteadero. El espacio que las rodea estuvo recubierto, en algún tiempo, por alfombra verde, de la que sólo se ven jirones. A un lado hay una terraza espaciosa y un enorme asador, con una chimenea alta de color azul. Se ve que la terraza estaba cubierta por una palapa de madera, pero ahí sólo quedan troncos, con las huellas del fuego. A un lado se aprecia lo que era un enorme jardín, que colinda con la entrada a la cochera. El huracán Alex, que en el 2010 arrasó Nuevo León, desprendió parte de la rampa. Se observan alambradas que, de acuerdo con un residente del lugar, conformaban una jaula donde había aves exóticas. Los lugareños admiraban ahí las aves de vistosos plumajes que se paseaban para deleite de los visitantes. Al fondo estaban otras jaulas, donde se dice que había fieras. La construcción tiene las paredes derruidas y en los alrededores quedan bostas muy antiguas de caballo. La leyenda indica que José Luis enviaba ahí a sus enemigos para que fueran devorados por las mascotas. Las caballerizas están desmanteladas. La maleza lo ha recubierto todo. Hay que avanzar entre hierbas de dos metros de altura para encontrar el lugar donde, se dice, hubo corceles de El Tubi. Hay otra casa de El Tubi. Está en el poblado de El Potrero, donde también había fieras y animales exóticos. Igualmente está olvidada, dice un lugareño. En este municipio de 5 mil habitantes, ubicado a 100 kilómetros al norte de la capital, los residentes sienten que la crisis de inseguridad pasó. Por lo menos ya no  viven con el temor de los convoyes de pistoleros que de día, y más de noche, circulaban por el pueblo. En el municipio, gobernado por el PRD, ni siquiera hay policía. Los trabajos de vigilancia los ofrece un grupo de hombres desarmados que portan camisas amarillas con la leyenda Seguridad. Ellos recorren el pueblo para velar por los ciudadanos. Los trabajos de prevención del delito, aquí, los hacen los agentes federales. El 31 de agosto del 2010, Carrizales Coronado fue asesinado en el interior del penal de Nuevo Laredo, después de haber sido trasladado ahí, procedente del reclusorio de Puente Grande, Jalisco. Lo mataron otros internos.

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