Infancia adicta

jueves, 22 de agosto de 2013
Los responsables de los principales centros de tratamiento contra las adicciones en el estado coinciden en un alarmante diagnóstico: están recibiendo pacientes más jóvenes (desde siete años), más mujeres que hombres, y la mayoría provenientes de municipios productores de estupefacientes. En entrevista, describen la problemática social en que se desarrollan sus trágicas historias. GUADALAJARA (Proceso Jalisco).- Cada año caen más jóvenes en las garras de las drogas: hay más adictos y con menos edad. A los centros de rehabilitación de la zona metropolitana de Guadalajara llegan incluso niños de siete años, a quienes no se les puede atender ahí. Éstos provienen sobre todo de municipios jaliscienses donde se producen estupefacientes. Ileana Castellanos, coordinadora de los psicólogos del centro de tratamiento Juventud Sin Adicciones –la única asociación civil del estado que se dedica exclusivamente a los menores–, indica algunos de los motivos: “Las drogas están al alcance de cualquiera en la sociedad en que vivimos; además, los menores son utilizados por los narcomenudistas para distribuir la droga, son menos vistos y no se les puede imputar como delito grave, son menores infractores”. Explica que por lo general los menores son inducidos por compañeros de la secundaria y amigos a probar alguna droga. Suelen ofrecérsela gratis para crearles adicción y entonces se desvivan para comprarla. Si el nuevo adicto no consigue dinero, quienes los engancharon se ofrecen como mediadores en la venta de droga para obtener ingresos, a fin de seguir consumiéndola aun en la escuela. Una forma de obtener dinero para drogarse es robar a sus familiares, comenta la especialista; además, “en los varones es común que caigan en actos ilícitos, como robar o agredir a una persona; en las mujeres, como su sexualidad se despierta a una edad más temprana, al entrar al mundo de las drogas se les hace fácil prostituirse”. Otro detonante común es cuando ambos padres trabajan y no ofrecen a sus hijos una orientación adecuada, por lo que “existe una pérdida de valores”. Castellanos agrega que uno o ambos padres de la mayoría de los menores que atienden en Juventud sin Adicciones sufren alcoholismo, tabaquismo o están enganchados a una sustancia ilegal, por lo que idealmente se debe dar tratamiento también a los adultos. Castellanos aclara que no sólo los menores con familia disfuncional son presa fácil de las drogas: también los pone en riesgo “la sobreprotección; cuando los tienen en una burbuja, hacen que el menor se sienta asfixiado y (cuando se presenta un detonante) recurre a alguna droga”, aunque esto es menos frecuente. Un trabajador social del mismo centro, César Valdivia, informa que ahí reciben a pacientes de siete a casi 18 años. “Hemos tenido muchachos de siete y ocho años con problemas de consumo, porque también atendemos a menores con problemas de conducta”, relata En cuanto a las drogas con mayor influencia en los menores se han detectado inhalantes como el tonsol, la mariguana y “últimamente lo que ha estado creciendo bastante es el cryistal, sobre todo en las zonas de Tepatitlán, El Grullo, Michoacán, Salamanca, Acatlán, Magdalena y Puerto Vallarta. El 90% de los menores que ingresaron aquí fue por consumo de crystal”. No obstante, lamenta Valdivia, “casi no hay lugares para atender a menores con problemas de adicción en todo Jalisco, más bien se le da prioridad a los adultos. Eso hace que no se atiendan y que vaya creciendo su número a la vez que disminuye la edad en que empiezan a consumir”. Recuerda que en 2011, cuando entró a trabajar ahí, Juventud Sin Adicciones tenía un promedio de 30 pacientes; “hoy no bajamos de 50, y esos son los que logramos atender; si entraran todas las personas que nos llaman, tendríamos fácilmente una población de 200 pacientes”. Anteriormente era más frecuente que los varones ingresaran para el tratamiento contra las adicciones, pero la tendencia se revirtió: desde hace “seis meses o un año, ellas predominan: 20 niños por 28 niñas”, señala Valdivia. Inicio de terror El tratamiento contra las adicciones dura un mínimo de seis meses. El proceso de desintoxicación toma alrededor de dos meses, durante un trimestre se hace un seguimiento psicológico y se aplica terapia de vínculo familiar. Los jóvenes conviven con sus padres y hermanos únicamente los fines de semana. La inscripción cuesta 5 mil pesos y la mensualidad mil 200 pesos. Uno de los casos emblemáticos para la asociación civil es el de Panchito, que llegó a los siete años y cuyos padres y hermanos eran drogadictos. Hoy tiene 20 años y está agradecido con la fundadora de Juventud Sin Adicciones, Irma Santander. Por su parte, Graciela Ramos Fletes, directora del Albergue Zapopan Femenil, también ha detectado que cada año son más las menores que ingresan al mundo de las drogas: “Nosotros tenemos la asociación desde 2005; antes venían de 17 años para arriba, ahora vienen niñas de 12, pero me las mandan el DIF, el Consejo Estatal de Familia y el Consejo Estatal Contra las Adicciones (CECAJ)”. En los últimos ocho años, Graciela Ramos ha escuchado a cientos de niñas y mujeres contar cómo y por qué se convirtieron en adictas. Tienen uno o varios factores en común: fueron vejadas por un familiar directo, a veces su progenitor, sin que la madre interviniera por incredulidad o por indiferencia. O bien, alguno de los padres está en la cárcel o es “vicioso”. En el paso a la enfermedad también influye el entorno social, en especial sus amistades de la escuela (significativamente en la secundaria) que las invitan a consumir sustancias adictivas. Una historia que impactó a Graciela Ramos es la de Claudia, quien fue violada a los seis años. Su padre, que era dueño de una bodega en el Mercado de Abastos, le preguntó si quería acompañarlo al trabajo y ella aceptó. Pero él la encerró en un cuartito durante todo el día, mientras se embriagaba con seis sujetos. Por la noche la hizo salir y entre los siete adultos la violaron durante una semana. “Le ocasionaron un desgarre y la tuvieron que operar. Ella abandonó su hogar se fue a vivir con su abuelita, quien le pagó una carrera. Pero ella toma mucho. Después se desintoxica unos seis u ocho meses, pero recae; es un trauma de por vida”, lamenta la directora del albergue. Caso similar es el de Silvia, quien fue violada por su padre igual que sus cinco hermanas menores. Una vez le introdujo una botella de cerveza en la vagina y le produjo un sangrado persistente que casi la mata. Ella abandonó su hogar y buscó alivio a su dolor físico y emocional mediante la droga que conseguía en la calle. Graciela Ramos coincide con el personal de Juventud Sin Adicciones en que se ha incrementado el número de pacientes originarios del interior del estado: “Desde hace tres años han llegado más niñas, muchachas de fuera; tienen entre 14 y 16 años; también vienen de otros estados, como Colima”. También concuerda en las drogas más consumidas: crystal, mariguana y tonsol, así como las pastillas: “En ocasiones comienzan robándose las pastillas que toma alguno de los abuelitos para dormir y comienza la adicción en la propia casa. Cuando la pastilla ya no le hace el efecto que quiere, ella busca en la calle lo que necesita”. Añade que prácticamente todas las niñas que llegan al Albergue Femenil padecen infecciones de transmisión sexual “porque se anduvieron prostituyendo para conseguir droga”. En tanto, Sergio Ramos Fletes, hermano de Graciela y quien está a cargo del albergue La Luz de la Esperanza, considera que el incremento de jóvenes adictos que provienen del interior del estado es propiciado por la instalación de narcolaboratorios: “Como no pueden vender toda la droga, distribuyen la que se queda entre la población, en especial los jóvenes, que son los más vulnerables”. Duros datos Según estadísticas del CECAJ, en 2012 se detectó al menos a 828 mil 599 usuarios de alguna droga adictiva entre 12 y 17 años. La mayoría de ellos consumía alcohol y 422 mil 789 eran varones. Además, según la última encuesta del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (Sisvea) en el estado, disponible en la página web del CECAJ, se informa que, de las personas que están en tratamiento, predomina el grupo de entre 15 y 19 años. En cuanto a la edad de inicio o de primer contacto con sustancias adictivas, el grupo de mayor vulnerabilidad está entre 10 y 14 años. “El tiempo que pasa entre el inicio del consumo y la etapa de vida en que acuden al tratamiento, pueden pasar entre cinco y siete años”, se lee en el documento del Sisvea. Consultado al respecto, el secretario técnico del CECAJ, Enrico Sotelo González, señala que las sustancias adictivas que más consumen los jóvenes son el inhalante, la mariguana y la cocaína. Consciente de que los narcomenudistas buscan a los menores porque serán los abastecedores de droga para sus amigos y compañeros, el funcionario dice que CECAJ comenzará a dar orientación sobre las consecuencias del uso de las sustancias adictivas desde los niveles preescolar y de primaria. Precisa que hasta ahora sólo se han hecho encuestas sobre adicciones en secundaria y preparatoria. Ahora, adelanta, “se hará una encuesta estudiantil en los 125 municipios –y no, como se venía haciendo, por regiones sanitarias–, en la cual se pueda detectar la problemática”. Con los datos actuales, dice, la región sanitaria con mayor número de adictos es Colotlán, con un 55% de consumo de alcohol; Guadalajara en tabaco, al igual que en cualquier droga, registra el 20.8%; Tlaquepaque y Guadalajara lideran el uso de drogas médicas con 18%. “Son las zonas de mayor vulnerabilidad, igual que La Barca, Tamazula y Autlán”, indica Sotelo. –¿Por qué consumen más drogas en estas zonas? –Son varios factores, uno de ellos su situación socieconómica, sociocultural. Son pocas las oportunidades para realizar actividades deportivas, culturales y educativas. –¿Qué políticas de salud se van a aplicar para evitar que los jóvenes caigan en adicciones? –Nos basaremos en varios puntos, uno de ellos es que trabajaremos permeando cada uno de los municipios. Formaremos redes intermunicipales en contra de las adicciones. También trabajaremos con todos los centros de internamiento para que desalienten el consumo de sustancias adictivas. Añade que la estrategia incluye “realizar programas y proyectos donde estaremos facilitando becas para el estudio, deporte y cultura, además de generar oportunidades de trabajo a través del sector industrial para que (los jóvenes) se reintegren a la sociedad, tengan posibilidad de empleo y satisfagan sus necesidades”. Por supuesto, añade, se trabajará con los padres para reforzar los valores y otros factores para prevenir las adicciones. Admite que se desconoce cuántos centros de tratamiento contra las adicciones existen en Jalisco. “Tenemos certificados 80, y sabemos que hay entre 180 y 250 que todavía no están certificados, pero les daremos las herramientas para que sean certificados”, apunta el secretario técnico del CECAJ.

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