Miguel Agustín Pro, hacia el santoral

viernes, 23 de agosto de 2013
Parece que en el Vaticano llegó la hora de la opción preferencial por los pobres. Al menos así lo creen los jesuitas mexicanos, quienes albergan la esperanza de que, por fin, Miguel Agustín Pro Juárez sea canonizado. Si bien el Papa Francisco no ha dicho una palabra al respecto, los promotores de su causa sienten que el momento ha llegado y que el camino está allanado, luego de que Bergoglio manifestara su intención de canonizar al asesinado arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero y a ocho años de que el jesuita chileno Alberto Hurtado adquiriera la categoría de santo. MÉXICO, D.F. (Proceso).- El Papa Francisco podría llevar finalmente a los altares a Miguel Agustín Pro Juárez, el miembro de la Compañía de Jesús –a la que pertenece el jefe de la Iglesia católica– fusilado durante la guerra Cristera por órdenes del presidente Plutarco Elías Calles y cuyo proceso de canonización se ha retrasado por razones políticas. Al menos así se cree en la Compañía de Jesús, que ya empezó a impulsar la canonización, confiada en las afinidades entre el actual pontífice y Pro: el ideario de ambos se inclina por la promoción de los derechos humanos, la justicia social y la llamada opción preferencial por los pobres. Y con miras a convertir al jesuita en “el santo de los derechos humanos”, en México ya se abrió el museo Padre Pro –donde se exhiben muchas de sus reliquias, entre ellas la ropa que llevaba al ser fusilado– y muy pronto se pondrá en escena Corona de sangre, la obra teatral sobre Pro del dramaturgo Luis G. Basurto. El vicepostulador de la canonización en México, el sacerdote Amado Fernández, comenta animado: “Esperemos que con el nuevo Papa, que es jesuita, todo sea mucho más fácil”. –¿El Papa Francisco conoce el caso del padre Pro? –Por supuesto que lo conoce, pues a nivel mundial el padre Pro es uno de los mártires más populares dentro de la Compañía. En todas partes se le conoce. Su caso fue muy sonado porque fue un crimen abominable, perpetrado con una saña increíble en 1927 cuando supuestamente México ya había superado la etapa revolucionaria y entrado en la modernidad. “Para los jesuitas latinoamericanos, como el Papa, hay dos casos muy queridos: el del padre Pro y el del jesuita chileno Alberto Hurtado, quien trabajó en el medio obrero de los años veinte a los cincuenta del siglo pasado, por lo que es más reciente que Pro. Hurtado fue un hombre muy generoso y muy inspirador. Él ya fue declarado santo. En cambio, el padre Pro sólo tiene el rango de beato.” –¿En realidad Pro es un mártir de talla mundial? –Sí. Y le pongo el ejemplo más a la mano; aquí en mi oficina recibo cartas de todas partes de Europa y de Latinoamérica, lo mismo de Estados Unidos, Filipinas, Australia y otros países, en las que los fieles me hablan de su devoción por el padre Pro. A veces me solicitan reliquias o me hablan de los favores que les hizo... cosas de ese tipo. –¿A qué se debe su popularidad? –Obviamente a su vida íntegra y ejemplar. Su postura a favor de los necesitados es acorde con la doctrina social de la Iglesia y además ejerció a fondo su vocación sacerdotal al extremo de llegar al martirio. La proyección internacional del padre Pro también se la debemos al propio general Calles, quien invitó a toda la prensa para que documentara y sacara fotos del fusilamiento.   Por los derechos humanos   El vicepostulador de la causa es entrevistado en la residencia de la Compañía de Jesús de la colonia Roma, atrás del templo de la Sagrada Familia, donde se guardan los restos de Pro en una urna de plata. Lo acompaña Karla Aceves, su principal asistente en el proceso de canonización. Ambos resaltan las afinidades entre Pro y Francisco: inspirado en la encíclica Rerum novarum, el primero trabajó con los obreros y los marginados desde que estudiaba teología en Bélgica; lo mismo hizo el argentino Jorge Bergoglio en su natal Buenos Aires; el ideario de los dos jesuitas rechaza las pompas y el oropel del Vaticano para insertarse en la línea de la opción preferencial por los pobres. Otro importante punto en común entre el mártir y el pontífice es la admiración compartida por la figura de San Francisco de Asís: Pro lo tomó como uno de sus modelos y practicó un ascetismo franciscano como norma de vida; Bergoglio seguiría el mismo camino, al grado de decidir llamarse Francisco tan pronto fue electo Papa. Fernández recalca: “La postura del padre Pro y del padre Bergoglio es la misma; ayudar a los más necesitados y hacer conciencia de que los bienes materiales son para todos y deben compartirse. Ambos nos hablan de la justicia social y predican con el ejemplo”. Indica que en la reciente encíclica de Benedicto XVI y el Papa Francisco, Lumen fidei (la luz de la fe), el último capítulo –titulado “Dios prepara una ciudad para ellos”– fue el escrito por Bergoglio y ahí se centró precisamente en la justicia social, el sufrimiento y el bien común. “En ese capítulo Francisco nos dice que la fe debe activar a la justicia en este mundo. La actuación y el pensamiento del padre Pro siempre se centraron en esa misma dimensión de la fe”, dice el vicepostulador. Para preservar este legado espiritual del mártir, añade, la Compañía de Jesús abrió en México el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro (Prodh), el cual lleva años defendiendo a la población más golpeada del país: migrantes, indígenas, obreros, campesinos, familiares de desaparecidos, víctimas de la violencia, perseguidos políticos, etcétera. Precisa: “El Prodh defiende los derechos de quienes han sufrido atropellos e injusticias. Su objetivo es que la justicia sea justa. En ese sentido podríamos decir que es una herencia que nos dejó el padre Pro”. –¿Entonces la figura del padre Pro sigue vigente? –¡Claro! Hoy es más vigente que nunca. El padre Pro fue víctima de la violencia que se vivía entonces en el país; fue acusado de un delito que no cometió y por ello se le fusiló sin previo juicio. Pero la violencia de aquellos años se queda muy chica en comparación con la violencia criminal que actualmente estamos viviendo. “Son terribles las actuales injusticias cometidas por el Estado mexicano. Lo narrado en la película Presunto culpable es de lo más cotidiano. Las estadísticas nos dicen que sólo se denuncia 30% de los delitos y que únicamente 2% de los ilícitos son procesados. Si te roban o te asaltan ya ni tiene caso ir a levantar una denuncia porque es sólo perder el tiempo. “Una de mis labores como vicepostulador es traducir al presente la espiritualidad con que el padre Pro afrontó aquella violencia. Entender la vida y la muerte desde la perspectiva de la fe es tan necesario ahora como en tiempos de Pro, cuya figura sigue vigente por ser un mártir de los derechos humanos”.   La Cristiada ya es historia   A Miguel Agustín Pro se le acusó de estar implicado en un atentado contra Álvaro Obregón –entonces expresidente y nuevamente candidato presidencial– el 13 de noviembre de 1927. Sin juicio de por medio, Calles ordenó que lo ejecutaran para que sirviera de escarmiento al clero. El 23 de noviembre se le condujo al pelotón de fusilamiento ante una multitud invitada a presenciar el espectáculo. Su última voluntad fue que lo dejaran rezar. Perdonó a sus verdugos. Murió con los brazos en cruz y gritando “¡Viva Cristo Rey!”. En 1935 empezaron a realizarse trámites en la arquidiócesis de México con miras a su canonización. El proceso apostólico se abrió formalmente en 1952, provocando resquemores porque aún estaban abiertas las heridas del enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado. En julio de 1986 el Vaticano dio su fallo favorable para que se le beatificara, paso previo a la canonización. La beatificación se programó para noviembre de 1987, pero el gobierno de Miguel de la Madrid, alegando que esas fechas eran electorales, pidió al Vaticano posponer la beatificación. El Vaticano accedió. El 25 de septiembre de 1988 se realizó formalmente la ceremonia, presidida por Juan Pablo II. Televisa no trasmitió la beatificación por instrucciones de Miguel de la Madrid, ya que la figura del jesuita seguía siendo molesta para el gobierno mexicano (Proceso 622). “Entonces era muy delicado proceder a beatificarlo debido a la tradición jacobina del país”, comenta Amado Fernández. –Hoy usted trabaja para dar el último paso: el reconocimiento formal como santo. ¿Percibe un rechazo del actual gobierno mexicano? –No. La guerra Cristera ya es historia. Esa llaga quedó cicatrizada. Los antiguos resquemores van quedando en el pasado. Hoy, con tantos problemas que tiene el país, nadie quiere montarse a un ring más. –¿Qué falta para que al padre Pro se dé la ­canonización? –La aprobación de un milagro por parte de Roma. El milagro necesita ser avalado por un grupo de médicos independientes y por otro grupo de expertos eclesiásticos. Su aprobación es para nosotros la cereza del pastel. Karla Aceves lo secunda: “Aparte de ser una curación extraordinaria, el milagro debe darse de manera inmediata y permanente. La Congregación para la Causa de los Santos, instancia encargada de otorgar el aval, es muy exigente con los casos que le llegan. Por eso primero debemos comprobar y documentar muy bien en México el milagro que pensamos enviar”. –¿Ya tienen alguno? –De la gran cantidad de testimonios que los fieles nos envían hemos escogido tres casos: el de un enfermo de la ciudad de León que tenía cáncer en el pulmón, se encomendó al padre Pro y rápidamente sanó; el de un drogadicto homosexual que se curó de VIH y el de otra persona que ya la daban por muerta debido a un botellazo en la cabeza. “Los tres expedientes están siendo revisados por médicos allegados a la Compañía. Es una especie de filtro interno, pues no queremos aventurarnos y enviarlos al Vaticano sin revisión. De manera que esos casos están todavía en la etapa mexicana, aunque el postulador de la causa en Roma, el padre Antonius Witwer, se mantiene en contacto con la Congregación para la Causa de los Santos.” Para promover la figura del mártir y lograr su canonización –explica Karla– muy pronto se pondrá en escena Corona de sangre, la obra póstuma de Luis G. Basurto musicalizada por José Antonio Alcaraz, en la que se muestran pasajes biográficos de Pro, desde su formación en la Compañía hasta el momento de su martirio.   El museo   Fernández y Aceves llevan al reportero al museo Padre Pro, a un costado de la iglesia de la Sagrada Familia. Primero atraviesan el laberinto de pasillos de la residencia jesuita que desemboca en el altar del templo. Y ahí, a la derecha del altar, se ve refulgir la urna de plata con los restos del mártir, exhumados del panteón de Dolores, a donde fue llevado su cadáver en medio de un cortejo fúnebre que atiborró las calles. Bajo la urna hay un mueble de madera con una hendidura que dice “peticiones”, donde los fieles depositan sus cartas pidiéndole favores al beato. Por otra rendija, la de “testimonios”, introducen los escritos donde relatan la manera en que fueron socorridos. Salimos del templo por el portón principal, en la calle de Puebla. A un lado está el museo: un moderno y bien iluminado espacio donde se exhiben en vitrina muchas pertenencias de Pro. Llevó años juntarlas entre familiares, amigos y miembros de la Compañía. En el punto central del museo están el saco y el pantalón oscuro que Pro llevaba al ser fusilado, lo mismo que el suéter a rayas. Se aprecian los agujeros de las balas. La vestimenta se colocó en forma de cruz, simulando la postura que adoptó Pro ante el pelotón. Y frente al traje se puso una enorme fotografía mural de quienes presenciaron el fusilamiento en primera fila. Así queda recreada la escena del martirio. El museo también exhibe las maletas plegables que se convertían en altares, utilizadas por el jesuita para oficiar sus misas clandestinas. Están sus vestimentas sacerdotales, breviarios, relojes de bolsillo, cilicios y otros objetos personales. Hay fotografías de Pro desde que era niño, en su natal Guadalupe, Zacatecas. “El museo lo visita gente de distintos países, entre fieles y curiosos. Despierta mucho interés. Se puso en la colonia Roma porque aquí el padre Pro ejerció su ministerio durante la persecución callista. Merece ser santo”, comenta Karla. Por lo pronto el Papa Francisco ya externó su intención de hacer santo a Óscar Arnulfo Romero, el obispo salvadoreño acribillado en 1980 y otro de los controvertidos mártires latinoamericanos afines a la opción por los pobres. El pontífice incluso trató el asunto con el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, durante una audiencia en el Vaticano el pasado mayo. En los círculos eclesiales se espera que de un momento a otro Bergoglio se manifieste en favor de la canonización del jesuita zacatecano, acribillado medio siglo antes que Romero. “Hasta el momento el Papa Francisco no ha hecho ninguna alusión pública al proceso del padre Pro”, comenta el vicepostulador. –Ustedes son jesuitas como el Papa. ¿Le han pedido que los apoye en la causa de Pro? –¡No! En la Compañía de Jesús no nos valemos de palancas ni de influencias. ¡Nada de palancazos! Nos sujetaremos a los requisitos del proceso sin pedirle ayuda al Papa. Eso es lo correcto.

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