Caso Manning: Venganza, no justicia

jueves, 8 de agosto de 2013
El juicio al estadunidense Bradley Manning se convirtió en un proceso para satanizar la conciencia de un militar asqueado por las acciones criminales del país “líder del mundo libre”. Finalmente el joven que filtró información comprometedora del gobierno de Estados Unidos al portal WikiLeaks fue aplastado por sus fiscales, que en ningún momento buscaron justicia sino castigar, vengarse de un “indisciplinado”. MÉXICO, D.F. (Proceso).- Desde un helicóptero Apache los marines creen distinguir una ametralladora, decenas de metros abajo, en manos de un hombre. “Mire con atención el video”, exhorta David Coombs, abogado de Bradley Manning a la presidenta de la corte marcial, la coronel Denise Lind, durante la audiencia que el pasado 26 de julio se celebró en Fort Meade, Maryland, como parte del juicio que se sigue contra el soldado estadunidense. En la pantalla instalada en la sala se ve que los soldados a bordo del helicóptero piden autorización para disparar. Por la radio, una voz les da la luz verde. En una nube de polvo caen ocho individuos que rodean al hombre supuestamente armado. El único sobreviviente repta con dificultad sobre la banqueta. “Este tipo está tirado. Claramente está herido. Le vamos a disparar más”, continúa el abogado y señala las imágenes de la pantalla. “Objetivo. Así calificamos a personas para que su asesinato no pese sobre la conciencia”, añade. El video muestra luego una camioneta de civiles que se detiene para auxiliar al herido. “Más disparos. Sólo disparos”, comenta Coombs, en referencia a los 12 civiles asesinados el 27 de julio de 2007; dos de ellos eran empleados de la agencia de noticias Reuters. Los marines confundieron la cámara que portaba uno de ellos con un arma. El evento quedó grabado en blanco y negro por las cámaras del helicóptero. En la sala del juicio la escena es surrealista: el abogado exhibe crímenes de guerra a una corte formada únicamente por militares que representan al gobierno estadunidense. Esta audiencia era crucial. Era la última oportunidad de Coombs para convencer a la juez de su argumento central: Manning era un joven de 22 años, “idealista” e “ingenuo”, que intentó denunciar las injusticias y excesos de las guerras en Irak y Afganistán y hacer públicos sus secretos. Sin embargo en la siguiente audiencia –el 30 de julio– la juez declaró culpable al soldado de 20 de los 22 delitos que la fiscalía le había imputado, entre ellos “robo de información” y “violación de la Ley de Espionaje”. Su sentencia podría alcanzar 130 años de cárcel, pena aún sujeta a negociación entre las partes. Su condena definitiva se dará a conocer en las próximas semanas. Manning se salvó de ser sentenciado por el delito más grave: “ayuda al enemigo”, lo cual hubiera abierto la puerta a la cadena perpetua sin derecho a comunicarse con el exterior (sanción exclusiva de una corte marcial). “Transcripciones” del juicio Manning vs. Estados Unidos –que se llevó a cabo entre el 3 de junio y el 30 de julio pasados– fueron difundidas por la organización civil Fundación Libertad de Prensa. Dos de sus integrantes cubrieron las sesiones abiertas a la prensa. Con base en esas transcripciones es posible reconstruir algunos aspectos clave de dicho juicio, así como la manera en que el soldado realizó la mayor filtración de documentos clasificados de Estados Unidos.   Informante   El soldado de primera clase Bradley Manning llegó a Irak en octubre de 2009. En su calidad de analista de información de inteligencia fue asignado a la Unidad de Operativos Futuros, ubicada en la Base de Operativos Avanzados de Hammer, cerca de Bagdad. Manning se familiarizó rápidamente con sus herramientas informáticas. El acceso a la red militar Siprnet le permitía recoger documentos clasificados para producir análisis útiles a las tropas sobre el campo de batalla. Estos reportes eran “excelentes” y “muy bien organizados”, según afirmaron durante el juicio sus superiores jerárquicos, los jefes de brigada Kyle Balonek y Hondo Hack. El analista utilizaba a diario bases de datos CIDNE-I y CIDNE-A, que contenían los archivos “SigActs”, en los cuales se registraban ataques o actividades notables realizadas por los marines en Irak y Afganistán. Debido al calor, la arena y el polvo las computadoras con las cuales trabajaba a veces se bloqueaban y en estos casos perdía todo su trabajo. Por lo tanto, guardaba en discos copias de estas bases de datos. El analista empezó a adoptar un punto de vista crítico sobre las operaciones militares estadunidenses. “Para llevar a cabo nuestros operativos antiterroristas y de contrainsurgencia nos volvimos obsesivos en capturar y matar objetivos humanos con base en listas, sin darnos cuenta de que se nos agotaba la cooperación con nuestros socios”, por lo que “pensaba que si el público, especialmente el estadunidense, tuviera acceso a esta información, se podría lanzar un debate nacional”, justificó Manning el pasado 28 de febrero, durante una audiencia previa al juicio. El 23 de enero de 2010 el soldado aprovechó sus dos semanas de permiso para ir a la casa de sus tíos en Maryland. Antes de salir de Irak guardó copias de las dos bases de datos (CIDNE-I y CIDNE-A) en la tarjeta de memoria de su cámara fotográfica, con la intención de divulgarlos una vez que estuviera en Estados Unidos. “En este momento opinaba, y todavía opino, que estas bases de datos son dos de los documentos más importantes de nuestra época”, contó en dicha audiencia previa. Los describió como “diarios”, para “entender las guerras no convencionales desde el terreno”. Pero enfrentó el desinterés de los periódicos The Washington Post y The New York Times. Entonces se conectó a un chat de WikiLeaks, que frecuentaba desde hacía varias semanas, donde preguntó quién estaría interesado por un documento que informaba sobre “el verdadero precio de la guerra en Irak y Afganistán”. Un internauta que usó el seudónimo de Nathaniel Franck lo orientó sobre cómo subir archivos a la plataforma de WikiLeaks. Así filtró los primeros documentos en su poder. Mientras la organización cotejaba esos documentos –los cuales publicó el 25 de julio y el 22 de octubre de 2010 con los títulos de Diario de la guerra en Afganistán y Registro de la guerra en Irak, respectivamente– Manning regresó a su unidad en Irak. En febrero de ese año se enteró de que la agencia Reuters había pedido al ejército de Estados Unidos una copia del video del ataque en el que murieron dos de sus empleados. Éste le contestó que ya no existía y no dio explicaciones. Manning accedió a la base de datos del ejército y descargó el video. Utilizó para ello el programa Wget. Luego, mediante procesos de encriptación lo entregó a WikiLeaks, portal que lo publicó el 5 de abril de 2010 con el título de Asesinato colateral. Entre enero y mayo de 2010 Manning proporcionó a WikiLeaks más de 700 mil documentos clasificados: registros de las acciones significativas de las guerras de Irak y Afganistán, información sobre presos de la cárcel de Guantánamo y unos 250 mil cables diplomáticos de Estados Unidos. No le fue difícil al fiscal afirmar ante la corte marcial que Manning realizó estos actos. De hecho el pasado 28 de febrero, por voluntad propia, Manning relató detalladamente cómo accedía a las bases de datos, cómo sacaba copias electrónicas de los documentos, cómo se comunicó por primera vez con WikiLeaks y cómo posteriormente le filtró los documentos, así como los motivos que lo llevaron a realizar tales actos. “Conforme iba leyendo los cables me di cuenta de los tratos escondidos y actividades criminales que no parecían acordes con los principios del líder de facto del mundo libre”, dijo ante la juez, en referencia a Estados Unidos. Después de dos horas de declaración reconoció que era “culpable” de 10 de los 22 delitos que se le imputaban. Lind no lo podía creer. –¿Se da cuenta de que está regalando una “declaración desnuda” (una confesión sin negociar una reducción de pena)? ¿Entiende que al confirmar sus dichos, el fiscal no los tendrá que comprobar? –le preguntó Lind dos veces. –Sí, su señoría –ratificó Manning.   Estrategia legal   En una audiencia previa al juicio –el pasado 8 de enero– el fiscal principal del caso, el mayor Ashden Fein, pidió a la juez que no se otorgara valor alguno a “las buenas intenciones” del joven soldado, que lo motivaron a entregar los documentos a WikiLeaks. Aseveró que sólo los “actos” se constituían en pruebas. Por ello Coombs utilizó la estrategia de que Manning asumiera primero sus actos para después enfocarse en sus motivos, según se deduce de las transcripciones de la Fundación Libertad de Prensa. Ello además lanzaría un mensaje a la opinión pública: el soldado reveló sólo aquello que el sentido común considera justo. Durante el juicio Manning aseguró que más de 1 millón de personas tienen acceso directo a los SigActs y que éstos no llevan información ultrasecreta. Coombs los calificó de “documentos históricos que relatan hechos pasados” y aseguró que el soldado los había elegido con precaución. Además sostuvo que Manning tenía acceso a la base de datos HumInt, mucho más relevante para el “enemigo” que los SigActs. Por su parte Fein aseveró que la divulgación de estos documentos clasificados representaba un peligro para los soldados, ya que los enemigos podían saber más sobre las tácticas del ejército. Sin embargo no logró comprobar que generaron daños. Además el fiscal trató de demostrar –sin éxito– que Manning buscaba datos específicos en función de lo que solicitaba WikiLeaks en su “lista de filtraciones más buscadas”. “Prefirió la lealtad a WikiLeaks y a Julian Assange que a la bandera de Estados Unidos”, afirmó Fein en la audiencia del 26 de julio. “Si (Manning) hubiera trabajado para WikiLeaks, hubiera sido el peor empleado del año. Tenía acceso a todo lo que la organización quería sobre Estados Unidos”, ironizó el abogado del soldado. “Pensaba que estos cables no podían dañar a Estados Unidos. Pero sí pensaba que podían molestar al gobierno”, añadió. En la corte los instructores de Manning en el ejército aseguraron que durante su entrenamiento éste fue notificado sobre los riesgos de difundir en internet información clasificada. De hecho firmó un documento en el que se comprometió a no divulgar secretos militares. Fein describió a WikiLeaks como “una fuente de información de inteligencia para los adversarios”. Sostuvo que el líder de esta organización, Assange, enviaba órdenes a Manning. Ante la descalificación que el fiscal lanzó contra WikiLeaks, Coombs presentó como testigo de la defensa a Yochai Benkler, profesor de derecho en Harvard y autor del artículo Una prensa libre irresponsable y WikiLeaks. Tras su testimonio, la juez aceptó que esta organización “es periodística si se entiende por periodismo la recolección de información relevante para el público”. Benkler, el único testigo civil del juicio, señaló que antes de la divulgación de los datos sobre las guerras de Irak y Afganistán los medios estadunidenses utilizaban como fuente a WikiLeaks. –¿Estará de acuerdo en que la divulgación masiva de documentos es, de alguna forma, inconsistente con el periodismo? –le preguntó el fiscal a Benkler. –No, ¿por qué estaría de acuerdo? –respondió el académico–. Permitió realizar investigaciones independientes sobre el número de muertos en estas guerras.   Delación   Manning, apasionado de la geopolítica y la informática, pasaba en Irak la mayoría de su tiempo libre en su computadora o en la zona para fumar, contó su compañero de cuarto, Eric Baker, durante la audiencia del 4 de junio. “Hablaba mucho de política”, contó por su parte su supervisora, Jihrleah Showman, quien lo consideró un “demócrata extremo”. Un compañero suyo, David Sandtler, testimonió que Manning se escandalizaba por la ayuda que el ejército estadunidense brindaba a la policía iraquí para encontrar y asesinar a opositores políticos. Durante el juicio, defensa y fiscales utilizaron reportes de conversaciones por chat que Manning tuvo con Adrian Lamo entre el 20 y el 26 de mayo de 2010. Lamo era un activista gay y hacker quien en 2004 fue detenido después de que crackeó los portales de The New York Times, Microsoft y Lexis-Nexis. Manning lo contactó pues pensó que éste “lo entendería”. Necesitaba “soporte moral y emocional”, según declaró durante el juicio. El 21 de mayo de 2010 Manning le preguntó: “Si tuvieras un reino libre sobre redes clasificadas largo tiempo... digamos 8-9 meses... y que vieras cosas increíbles, cosas horribles... cosas que pertenecen al dominio público y no a un servidor ubicado en una sala oscura de Washington... ¿qué harías?”. Posteriormente le confesó que había filtrado documentos clasificados. “En otras palabras, provoqué un inmenso desmadre”, le dijo Manning a Lamo, lo que le permitió a Fein aseverar durante el juicio que el joven soldado era un “anarquista” quien “identificó una debilidad y la explotó sin buenas intenciones”. Manning no se dio cuenta de que mientras se confesaba con Lamo éste lo delataba con Antonio Edwards, agente especial del Comando de Investigación Criminal del Ejército. El 27 de mayo Manning fue detenido en Irak. Lo transfirieron a Kuwait, donde permaneció tres meses en el campo Arifjan antes de ser remitido a los de Quantico, Virginia y luego al de Fort Leavenworth. Manning estuvo preso nueve meses en Quantico. Durante ese lapso permaneció 23 horas al día en una celda de máxima seguridad de dos por tres metros. Estuvo en “observación” constante para que no se suicidara. No tenía derecho de acostarse durante el día ni de recargar su espalda contra la pared. El analista Nathan Fuller, quien asistió a todas las audiencias del caso Manning, relató en noviembre de 2012 que el objetivo de la corte militar no era la justicia sino la disciplina. La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas comisionó a Juan Méndez, relator especial sobre Tortura, Castigos Crueles, Inhumanos y Degradantes, para investigar la situación carcelaria del soldado. Después de 14 meses de investigación concluyó que “las condiciones de detención han podido constituir actos de tortura”. “Gracias” a este maltrato Manning, actualmente de 25 años, podrá descontar 112 días de su condena final, según decidió la juez. Al empezar su juicio en junio de 2013, más de tres años después de su detención, Manning se convirtió en el preso militar con mayor periodo de encarcelamiento en espera de juicio desde la guerra de Vietnam. En un chat que sostuvo con un amigo virtual en 2009 –un año antes de que lo detuvieran– se lamentaba: “A veces me gustaría que todo fuera blanco y negro, como lo presentan los medios y los políticos: él es el villano y él es el bueno... Pero todo es en tonos borrosos de gris”.

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