En Acapulco: nosotros los pobres, ellos los ricos

sábado, 28 de septiembre de 2013
Herederos de las tierras originales de El Revolcadero, atacados por el fenómeno Manuel y afectados por las grandes construcciones erigidas en la zona, recuerdan que la expropiación de sus terrenos para conformar Punta Diamante fue ilegal por no apegarse al principio de utilidad pública. Habitantes y comerciantes de la zona, limitados a la zona denominada El Pueblito y aislados ahora por las aguas, reprochan al actual gobernador de Guerrero haber destruido un puente, y advierten que no admitirán ser reubicados hasta que se haga otro tanto con los ricos…   ACAPULCO, Gro.- “Revolcadero nesecita ayuda”, se lee en la improvisada manta que da paso al brazo de tierra con locales cerrados donde hubo artesanías, ropa playera y marisquerías hasta que la crecida de la laguna Negra esculcó, zarandeó y se robó lo que encontró a su paso para botarlo en el mar. Atrás quedaron palmeras y un restaurante que parece submarino, donde el tinaco es la escotilla que se asoma del agua. Como si el mar se hubiera entretenido en sacar cubos de arena, hasta al piso de cemento le quitó la tierra que este pueblito tenía debajo. Ahora, sus ocupantes caminan de puntitas. Este no es un sitio más de los que el ciclón Manuel arrasó con saña. Es el lugar donde Tarzán, el Hombre Mono, fue visto meciéndose entre las lianas que aún caen de los frondosos árboles y bañándose en los manantiales que bajan del monte pedregoso. Es el sitio donde Luis Miguel y Lucerito se prodigaron arrumacos cuando eran adolescentes. Y además de haber sido escenario de películas, era el paradero turístico por excelencia, donde se dejaban ver artistas y políticos. Esta parcela de paraíso, bautizada como “Punta Diamante”, de tan codiciada atrajo a varios políticos mexicanos –empezando por Juan Francisco Ruiz Massieu, los Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos–, y carga una larga historia de disputas por la propiedad que inició con una expropiación a la que le siguieron ventas, reventas, litigios legales y protestas que continúan hasta estos días. “Ya vinieron a decirnos que nos van a reubicar porque es zona de alto riesgo. Desde la expropiación quieren hacerla zona de ricos. Si te fijas hay pura casa de ricos. Siempre les ha interesado a ellos, a los inversionistas; por eso nos quieren sacar”, resume Enedina Palma, la lideresa de Unión de Prestadores de Servicios, Meseros de la Zona Federal Playa Revolcadero, A.C., que abarca un tramo de esa playa y otro de la sección Diamante. La mujer se dice la legítima heredera del fundador de El Pueblito, Sabino Palma Rodríguez, a quien, asegura, el gobierno le expropió sus terrenos en 1989, cuando José Francisco Ruiz Massieu (padre de la actual secretaria de Turismo federal) era gobernador, sin que –según los distintos herederos que reclaman la propiedad, se autoproclaman legítimos y acusan a los demás de impostores– nunca fuera indemnizado. El presidente Miguel de la Madrid avaló el decreto expropiatorio a pesar de los señalamientos de que desarrollar infraestructura para gente adinerada no cumple las condiciones de ley por lo que se refiere al causal de utilidad pública, mismo que fue refrendado durante el salinismo. (Proceso 703.) Raúl Salinas, el “hermano incómodo”, tenía mucho interés por ese megaproyecto, que fue causa de conflicto con Ruiz Massieu (Proceso 958). Cuando se instaló El Pueblito, el Grupo Mexicano de Desarrollo construyó un puente de acceso, con lo que se convirtió en el paradero favorito de los autobuses cargados de turistas. Los locales los entregó el Fideicomiso Acapulco, en tiempos de la expropiación. “Desde esa vez les interesaba el área”, comenta la mujer. (Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1926, ya en circulación)  

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