Sin pantalones, se "liberan" en el Metro

lunes, 13 de enero de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- En grupos de amigos, familias, en parejas o en solitario; con prendas de encaje, de caricaturas o bien, muy discretas, ayer cientos de jóvenes viajaron sin pantalones en el Metro de la Ciudad de México. “Que se los quite, que se los quite”, coreaban los participantes a pasajeros despistados que entraban al vagón antes de que se cerraran las puertas. Por cuarto año consecutivo, capitalinos desinhibidos siguieron el llamado “Paseo en Metro sin Pantalones” y recorrieron más de 50 estaciones de ocho de las 12 líneas del Sistema de Transporte Colectivo (STC). “Me gusta venir porque todos nos organizamos, hacemos amigos, conocemos gente de todo tipo y nadie se pasa de lanza”, contó Zarina. Y aunque apenas pasaron de las mil personas, según los organizadores, y no pudieron romper el récord mundial de seis mil asistentes, ayer eso no importó. “Chones pa´la banda, chones pa´la banda”, gritaban. “Pelos, pelos”, seguían algunos con máscaras, sombreros, gorras y lentes oscuros. Las risas abundaban frente a las miradas de usuarios que se detenían para ver eso que llamaban “desfiguros”. “¡Qué horror!”, dijo una mujer. “¡Qué vergüenza!”, soltó otra. “Está bien, es la nueva onda”, dijo un hombre y sonrió. Hacia el mediodía, por los pasillos del “gusano naranja” caminaron familias jóvenes cuyos bebés también se quedaron en pañales. Hubo uno que otro integrante de cabello y barba cana y hasta turistas extranjeros que “se encueraron”. No hubo discurso de inicio; sólo gente a la que el pudor no venció. [gallery type="rectangular" ids="362291,362292,362261"] Desde Internet para el mundo “Paseo en Metro sin pantalones” es una expresión social surgida en el Metro de Nueva York hace 12 años, cuando algunos jóvenes se les ocurrió viajar así en los vagones para salir de la cotidianeidad y sorprender a los pasajeros. A paso de los años, metrópolis como París, Madrid y Berlín, entre otras, se unieron a esta manifestación hecha durante los primeros días del año bajo y a iniciativa de la agrupación “Improve Everywhere”. En la Ciudad de México ayer se realizó por cuarto año consecutivo en el transporte usado a diario por 5.2 millones de personas. Fue justo a un mes de que el gobierno de la ciudad aumentara 66% la tarifa. Pero ayer, todos pagaron su boleto. Esa era una condición para participar. La organización se hizo por internet y redes sociales. Ahí se formaron cuatro grupos para reunirse en distintos lugares: la glorieta de Insurgentes, el parque Pombo, el parque de Los Venados y la explanada de Azcapotzalco. Desde la página web “Flasmob México. Desconocidos trabajando en equipo” se dieron las instrucciones: inscribirse como agentes encubiertos, entrar vestidos, pagar su boleto, llevar “calzones limpios”, una mochila para guardar su ropa y usar audífonos. La idea de este movimiento fue actuar con naturalidad, como cualquier pasajero y, según las estaciones, comenzar a quitarse los pantalones en medio de los usuarios y sorprenderlos. Aunque ya adentro, eso no importó. El grupo “A” se concentró en la Glorieta de Insurgentes desde las 11 de la mañana. Según un jefe policiaco que resguardaban esa estación de la línea 1, “eran unos 400 o 500, pero allá adentro ya hay más”, contó mientras le daba la orden a un subalterno: “vete con ese grupo porque ya sabes que hay manos largas; que nadie se pase de listo”. Pero no. Ayer no hubo quejas porque todos iban en el mismo son: a divertirse. “Yo sólo vine a tomar fotos, pero terminé encuerándome. Me vale, me sentí liberada”, contó Vania. “La cosa es sacar de onda a la gente, sorprenderla y yo, desinhibirme”, secundó Abisai. [gallery type="rectangular" ids="362264,362294,362263"] Los encara "la moral" En el trasbordo de Tacubaya, entre las líneas 1 y 9, los “sin pantalones” se detuvieron a tomarse fotos en grupo, sin importar el olor a orines y mariguana que había en la estación. Al subir las escaleras, un tren llegó al andén casi vacío y en segundos se llenó con pasajeros semidesnudos. No parecía domingo, sino cualquier día laboral a las siete de la mañana, aunque sin vendedores ambulantes. Apretados, subidos en los asientos o colgados del pasamanos, comenzaron a brincar. “Uh uh uh uh”, exclamaban cual porra de futbol americano. El vagón se mecía. “Fiu fiuuu”, chiflaban a las que llevaban calzones rosas, rojos y negros de encaje debajo de medias de red y zapatillas. En la manifestación de ayer no hubo consignas porque desde el inicio se aclaró que era “apolítica”. Y así se vivió, por el simple hecho de echar relajo, de posar para la foto y de salir de lo cotidiano. En el trasbordo de Chabacano, entre las líneas 9 y 2, una señora de la tercera edad “refugiada” en una esquina, dijo en voz baja: “Es muy feo, me dan miedo”. Un hombre, también mayor, abrió los ojos más de lo normal, se sentó con la espalda muy derecha, cruzó los brazos y mirando de un lado a otro, esperó a que se abrieran las puertas del tren y salió como si alguien lo persiguiera. Al llegar a la estación Bellas Artes, última del recorrido para las cuatro rutas, hasta a los policías de los torniquetes sorprendieron: “Poli sin calzones, poli sin calzones”. Afuera, frente a la madre araña de Louise Bourgeois que se expone en la explanada del palacio de mármol, una mujer de unos 60 años encaró a una joven de bikini negro y botas altas. “Te van a faltar al respeto los hombres por no traer pantalón. Si no tienes para comprarte uno, pide limosna. Te crees muy bonita enseñando todo”, le dijo en tono regañón. Como había que actuar con naturalidad, la chica sólo contestó: “señora, yo si traigo pantalones”. El desfile de piernas caminó por la remodelada Alameda Central y al llegar a la explanada del Hemiciclo a Juárez, frente a oradores que hablaban de los problemas del país, los “sin pantalones” se pusieron sus audífonos y comenzaron “la fiesta silenciosa”. Sin ninguna nota musical de fondo, bailaron cumbia, quebradita, El Payaso del Rodeo, las Macarena y cuanta coreografía se les ocurrió y rodearon en fila a los participantes que, minutos más tarde, se pondrían sus pantalones y seguirían disfrutando del domingo que ayer, en pleno otoño, regaló calientes rayos de sol. [gallery type="rectangular" ids="362296"] #PosMeSalto... También sin pantalones A las dos de la tarde, en las escalinatas de la Estela de Luz, otros jóvenes -15 en total- también se quitaron los pantalones, aunque su propósito fue distinto. Eran integrantes del movimiento #PosMeSalto, quienes se sumaron a la oleada del flashmob anterior, pero aprovecharon su media desnudez para pintarse consignas en las piernas: “Salto por la Patria” y “Fuera Mancera”. Omar Velasco, representante de las brigadas de las Líneas 2 y 3 del Metro, explicó que esta movilización fue “contra las políticas impositivas y antidemocráticas de (Miguel Ángel) Mancera, pero de una manera artística”. Sebastián Alarcón, integrante enmascarado del grupo, dijo estar en desacuerdo con el aumento de tres a cinco pesos de la tarifa que este lunes cumple un mes en vigor. Agregó que se saltaría los torniquetes “en calzones, porque así nos ha dejado el gobierno”. Acompañados de un grupo musical llamado “Las Ultraperras”, los manifestantes entraron a la estación Chapultepec de la línea 1 con las arengas: “Peña, Mancera, la misma chingadera” y “Yo no pago, a mí no me encuestaron”, en relación a la encuesta que hizo el gobierno capitalino, cuyos resultados arrojaron que 55.7% estaba de acuerdo con el aumento. Ante la mirada de policías y personal de seguridad del SCT, los manifestantes gritaban “Metro popular, metro popular”, mientras invitaban a los usuarios a no pagar el boleto y pasar por encima o debajo de los torniquetes. Pese a que la mayoría lo hizo, -algunos por cierto, con dificultades-, hubo quienes sí usaron su boleto o pasaron su tarjeta por los lectores electrónicos. Luego de 15 minutos de protesta, los manifestantes abordaron un tren para dirigirse a las estaciones Pino Suárez, Bellas Artes, Chabacano, Centro Médico y Ciudad Universitaria para repetir la movilización, aún sin pantalones. La protesta sin pantalones. Foto: Sara Pantoja

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