La pandemia alcanzó a Frenk

viernes, 24 de enero de 2014
Desde 2003 el gobierno mexicano sabía que lo acechaba una pandemia del virus A H1N1. El entonces secretario de Salud, el foxista Julio Frenk, decidió preparar al país y gastó al menos 133 millones de pesos en antivirales... que resultaron inútiles. Hoy lo cerca la justicia: sus propios colegas médicos lo demandan por esa decisión, tomada sin las debidas consultas. Las consecuencias de aquella pifia todavía se resienten: sólo en 2013 murieron más de cien infectados. El número de enfermos de influenza A H1N1 se incrementó esta temporada invernal. Y hacen falta vacunas. MÉXICO, D.F. (Proceso).- En 2013 sumaron 112 defunciones por este virus, 10 más que el año precedente. Para el miércoles 15 ya se habían aplicado 13.5 millones de inyecciones, pero hicieron falta más: No pudo impedirse que 739 mexicanos enfermaran, según cifras de la Secretaría de Salud (Ssa) y del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. El problema por la falta de antivirales no es nuevo. Es herencia del exsecretario de Salud Julio Frenk Mora, quien en 2005 y ante una alerta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitida dos años atrás, gastó 133 millones de pesos en comprar oseltamivir a granel. Aunque no sirvió de nada: cuando en 2009 la epidemia estalló en México el medicamento era inutilizable por imprudencias imputables a la Ssa. Por esa razón el funcionario “enganchado” en el año 2000 por los headhunters del expresidente Vicente Fox fue denunciado ante la Procuraduría General de la República el pasado 2 de diciembre. El presidente del Colegio Mexicano de Médicos de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (Colmexinsalud), Juan Antonio Cuéllar Puente, lo acusa de fraude por mil millones de pesos.   Sobre advertencia   En 2003 la OMS detectó los primeros casos de A H1N1 en Asia. Ante la peligrosidad de esa versión modificada de la gripe aviar promovió un Plan de Emergencia mundial. Pidió a todos sus países miembro comprar una cantidad de vacunas de oseltamivir equivalente a 5% del total de su población. Así, Frenk Mora, Enrique Ruelas Barajas, Roberto Tapia Conyer, María Eugenia de León-May, Óscar Velázquez Monroy y Pablo Kuri Morales, entonces integrantes del gobierno foxista, crearon el Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza. Ahí se consignaba que “los expertos mundiales” preveían condiciones idóneas para una pandemia de influenza con graves impactos globales. La OMS se encontraba en fase 1 de la alerta sanitaria, denominada “prepandemia”. Los funcionarios concluyeron que México tenía experiencia para responder a la amenaza. Presumieron que tres años antes habían iniciado los preparativos para una eventual contingencia y calificaron como indispensable “la participación responsable de todos los actores involucrados”. En la denuncia (que este semanario pudo consultar) el médico Juan Antonio Cuéllar argumenta su acusación contra Frenk Mora: “Sin tener acreditados los acuerdos con el Comité Técnico del fideicomiso (que compraría las vacunas), Julio Frenk decidió constituir la reserva estratégica de medicamentos antivirales el 14 de octubre de 2005 y autorizó con el contrato 105-CENAVECE/C-S-EXC-1-2005 la compra de 1 millón 36 mil tratamientos con un costo unitario de 113.25 pesos y total de 117 millones 327 mil pesos y, además, con el adéndum número RO-1078/2do de fecha 25 de octubre de 2005, compró otros 140 mil tratamientos con un valor total de 15 millones 437 mil 8 pesos. “Julio Frenk justificó la adquisición de esta reserva estratégica en una presentación a granel (depositada en tambores colectores) para que en el momento necesario se reconvirtiera con la ayuda de un kit convertidor a suspensión pediátrica, argumentando que esa presentación en granel era económica, fácil de almacenar y con una fecha de caducidad de hasta cien meses.” En entrevista Cuéllar asevera que posteriormente la Ssa informó haber adquirido más reservas de medicamentos. En total, dice, la dependencia erogó mil millones de pesos y no hay claridad en ese gasto. Por haber aprobado esas partidas ampliará su demanda para incluir a Vicente Fox. Cuando el 11 de abril de 2009 estalló la infección de influenza A H1N1 se descubrió que el gasto había sido inútil y el sistema de salud se colapsó: El oseltamivir a granel no pudo transformarse ni en suspensión ni en tabletas y el país tuvo que esperar un mes hasta recibir las donaciones de la OMS. La denuncia de Cuéllar se basó en reportes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), la cual detectó en 2009 que la reserva estratégica adquirida por Frenk en 2005 no fue utilizada para atender la emergencia porque la sustancia se adquirió a granel. “El proceso de reconstitución hacia suspensión es sumamente lento para atender la demanda de los casos por influenza A H1N1, además de que el medicamento en suspensión sólo tiene vigencia de 10 días, por lo que se percataron (José Ángel Córdova Villalobos, sustituto de Frenk, y su equipo) que ésa no había sido una estrategia adecuada para la respuesta inicial ante una pandemia”, señaló la ASF. Pese a las evidencias, la Auditoría sólo decidió pedirle al Órgano Interno de Control de la Ssa integrar dos expedientes de responsabilidades administrativas, en los que se consignarían las investigaciones por los actos u omisiones de los funcionarios públicos que concretaron la adquisición del oseltamivir. La compra incluía un kit pandémico compuesto por la sustancia activa Tamiflu a granel, frascos blancos de 60 mililitros, tapas, etiquetas, cucharas dosificadoras y benzoato de sodio como conservador. Todos los objetos y sustancias “se desperdiciaron y se encuentran físicamente en el almacén de Pantitlán”, apuntó la ASF. Tres años después, en la Cédula de Seguimiento de Acciones de la Auditoría fechada el 31 de marzo de 2012, el Órgano Interno de Control respondió que daba por concluida la primera acción promovida por la ASF porque la recomendación ya estaba en el área de quejas de la Ssa. La respuesta fue similar en la otra Cédula de Seguimiento de Acciones, el 31 de marzo de 2013. En julio del año pasado, el Colmexinsalud solicitó a la Presidencia, ya con Enrique Peña Nieto a la cabeza, que “se ejerciera acción penal contra Julio Frenk por delitos graves del orden federal en relación a la adquisición fraudulenta de la reserva estratégica del oseltamivir”. El Ejecutivo giró instrucciones a la Secretaría de la Función Pública la cual a su vez ordenó al Órgano Interno de Control de la Ssa atender el caso. “Con el número de oficio DGDI/DAC/310/2491/2013 solicitamos información y no recibimos ninguna respuesta, por esa razón Colmexinsalud ha decidido respetuosamente presentar esta denuncia de hechos ante el C. Procurador General de la República”, indicó Cuéllar. “Julio Frenk adquirió de manera irregular una reserva estratégica de medicamentos antivirales que resultó inútil en la pandemia de 2009 y con esto ocasionó graves daños económicos y sociales a nuestro país al exponer a todas las personas con una total indefensión a la enfermedad y muerte.”   Frenk sabía   En el Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza elaborado en 2003, los funcionarios foxistas se impusieron tres metas: establecer el Comité Nacional para la Seguridad en Salud, al año siguiente crear el Grupo de Trabajo de Pandemia de Influenza y en 2005 presentar el Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza. Previeron usar unidades móviles para la atención médica, fomentar la higiene personal, el cierre de escuelas, cancelar eventos masivos y limitar la movilidad de las personas. Como “reserva estratégica federal” proyectaron adquirir insumos para la respuesta inicial, delinear una estrategia de recambio y monitorear las caducidades de los medicamentos. De inicio se adquirirían 1 millón 150 mil tratamientos completos de antivirales que escalarían a 5 millones en tres años; 175 mil tratamientos de antibióticos para el manejo de complicaciones que escalarían a 300 mil en tres años; 10 mil equipos de protección personal que contenían trajes, mascarillas, respiradores y lentes, y 10 millones de cubrebocas. Las reservas estatales y municipales las dejaron “en desarrollo”. Según su planteamiento, buscarían la autosuficiencia en el conocimiento científico del virus a tratar, desarrollarían nuevas técnicas de producción de vacunas y tratamientos antivirales alternativos y establecerían convenios de educación superior para la investigación y el desarrollo de insumos. Pero la pandemia derrumbó el discurso. En junio de 2009 Frenk Mora y el médico Octavio Gómez Dantés escribieron el artículo “El virus y sus metáforas” en Letras Libres donde, ante todo, se lavaron las manos y señalaron las insuficiencias de Córdova Villalobos a la hora de contener la pandemia. Lo que sí reconocieron fue el gasto ejercido esos años para una eventual emergencia. “El plan contó con un presupuesto etiquetado de 600 millones de pesos. Paralelamente se fortalecieron los vínculos de nuestro país con las redes de laboratorios de salud pública de Estados Unidos y Canadá y con sus centros de vigilancia epidemiológica. “La necesidad de contar con un plan de respuesta se ratificó con el cambio de administración federal que se produjo en diciembre de 2006. El Programa Nacional de Salud 2006-2007 hace una extensa mención a dicho plan y a la necesidad de actualizar su reserva estratégica de antivirales.” Entre el 25 y 27 de abril de 2009 el número mundial de casos se incrementó de mil 384 a mil 995 y el de “decesos sospechosos” de 81 a 152. En mayo el número había ascendido a 2 mil 446 enfermos y 65 decesos, la mayoría en México. “Queda por responder la incógnita de por qué la gran mayoría de los decesos se está presentando en México y en adultos entre 20 y 54 años”, cuestionaron. Aventuraron una hipótesis: “Es posible que un número importante de las muertes iniciales se deba al hecho de que los pacientes infectados no recibieron los antivirales que hubieran podido salvar sus vidas porque no había conciencia todavía de la existencia de una epidemia de influenza atípica”. Además se justificaron con el argumento de que los fallecidos padecían enfermedades “asociadas” como asma, diabetes, padecimientos cardiovasculares y tuberculosos. En el caso de adultos jóvenes, el deceso sobrevenía por “neumonías virales, resultado de una respuesta excesiva del sistema inmune a la presencia de un nuevo virus. A esto se denomina tormenta de citoquinas”. Sin embargo, si en 2004 se sabía de una probable pandemia de influenza, para 2009 quedó claro que la prevención para una contingencia de esta naturaleza había sido rebasada (Proceso 1695). En abril de 2009 este semanario documentó cómo el gobierno federal desde 2001 había consolidado el Grupo Federal de Seguridad para la Salud y cómo en 2003 creó el Grupo de Trabajo de Pandemia de Influenza. Además durante 2006 y 2007 las autoridades sanitarias mexicanas se prepararon para enfrentar la gripe aviar y para ello elaboraron el Manual para la Vigilancia Epidemiológica de Influenza. No obstante el virus predominante mutó y por esa transformación México quedó expuesto a una enfermedad altamente contagiosa. Así se reconoce en el documento oficial de 81 páginas, dedicado por completo a las medidas necesarias para detener una eventual pandemia de influenza aviar. El fenómeno de la mutación no vuelve a mencionarse. Esto significa que las autoridades estaban preparándose sólo para la influenza aviar, aunque ya sabían que el virus había cambiado. “Lo mejor es aplicar el antiviral en los diagnosticados. Para este germen nuevo no hay vacuna”, justificó entonces.

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