Caso Édgar Tamayo: Otra bofetada al derecho internacional

miércoles, 29 de enero de 2014
De nada valieron los intentos de último momento del gobierno de México, de la Casa Blanca y de organismos internacionales para salvar la vida del mexicano Édgar Tamayo, condenado a la pena capital por el asesinato del agente de la policía Guy Gaddis. Tamayo recibió la inyección letal el miércoles 22. Con ello, el estado de Texas incumplió el fallo de la Corte Internacional de Justicia que, desde 2004, ordenó suspender las ejecuciones en Estados Unidos de mexicanos que no recibieron asistencia consular inmediatamente después de su detención. HUNTSVILLE, TEXAS (Proceso).– Édgar Tamayo guardó silencio. Apenas musitó una negativa cuando el guardia de la Unidad de las Paredes le ofreció decir unas últimas palabras, cuando ya había comenzado a fluir la inyección que lo mataría. Estaba tendido y amarrado en la camilla de la Cámara de la Muerte. Sus ojos permanecieron cerrados durante todo el proceso; sin un gesto, sin siquiera un parpadeo. Su tía Socorro narra que Tamayo cruzó ilegalmente a Estados Unidos a los 18 años para trabajar como jornalero en California. En 1993 se mudó a Austin, Texas, y después vivió una temporada en Houston, hasta que fue detenido por el asesinato del policía Guy Gaddis. Fue ejecutado el miércoles 22 con una dosis letal de pentobarbital, en cumplimiento a la sentencia que le fue dictada en 1994, después de que un jurado de 12 personas lo encontrara culpable de haber asesinado al agente policiaco Guy Gaddis, que tenía 24 años de edad. De acuerdo con el expediente del caso, la madrugada del 31 de enero de 1994, Gaddis patrullaba el este del centro de Houston cuando un ciudadano le hizo señales para detenerse. Le informó que había sido asaltado por dos personas dentro del salón de baile Topaz Night Club. El policía detuvo en una calle aledaña a Tamayo y al también hispano Jesús Zarco Mendoza, cuyas características físicas se correspondían con las descritas por la víctima del asalto. Durante la inspección corporal, el agente encontró un reloj robado en las bolsas de Tamayo. Sin embargo, le pasó inadvertida una pistola que el mexicano originario de Miacatlán, Morelos, llevaba dentro del pantalón, fajada en la cintura. Según el reporte oficial, al encontrar el reloj “muy probablemente” Gaddis puso fin a la revisión de Tamayo antes de tiempo, para proceder a esposarlo con las manos a la espalda. El agente apenas comenzaba su carrera, tras haberse graduado de la academia de policía un año antes. Gaddis metió a la patrulla a los dos hombres y, en un momento dado, bajó del vehículo a realizar una llamada telefónica. Mientras estaba fuera, Tamayo, ayudado por Mendoza, sacó de sus ropas la pistola. El patrullero regresó y mientras arrancaba la unidad, Tamayo se viró y jaló el gatillo tres veces. Hizo blanco en la espalda y en la cabeza del policía, y provocó que la patrulla chocara contra una barda. El arma con la que se hicieron los disparos fue encontrada en los asientos posteriores de la patrulla, pero sin huellas dactilares de Tamayo o Mendoza. A Tamayo Arias se le realizó la “prueba de Harrison”, también conocida como “rodizonato de sodio”, que detecta residuos de pólvora o bario en las manos de quien haya detonado una pistola. Resultó negativa. Las autoridades sólo determinaron que el mexicano había comprado el arma días antes del ataque... Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1943 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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