Las normales le estorban al modelo neoliberal

sábado, 18 de octubre de 2014
La violencia contra las normales rurales llegó a su límite en Iguala, Guerrero, luego de la agresión a los estudiantes de Ayotzinapa. La desaparición de 43 compañeros suyos puso en movimiento a sus pares de otras entidades y evidencia que el intento por desparecerlas o transformarlas en centros de formación de “técnicos en turismo” podría dar lugar a una lucha popular, a una expresión de rebeldía amplia, advierte a Proceso la investigadora Tanalis Padilla, quien prepara un libro sobre este tema. Esos centros de enseñanza, dice, son un estorbo para el proyecto neoliberal. MÉXICO, D.F. (Proceso).- Abandonadas por el gobierno federal durante décadas, las normales rurales –otrora símbolo revolucionario para la educación de los campesinos– carecen de un presupuesto para atender a sus más de 7 mil alumnos, quienes hoy buscan el sustento en las calles, a riesgo de enfrentar los ataques sistemáticos de policías y bandas del crimen organizado, como sucedió el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, con los estudiantes de Ayotzinapa. De las 29 instituciones originales sólo quedan 17. En los últimos 40 años, además de las agresiones, cada vez más frecuentes y violentas, los gobiernos estatales y el federal han intentado a toda costa cerrarlas o transformarlas en centros de educación técnica para formar sólo “técnicos de turismo”. Esa tendencia se manifestó en 2000, cuando la Escuela Normal Luis Villarreal, en El Mexe, Hidalgo, sufrió los embates y ocho años después se convirtió en universidad politécnica. En noviembre de 2012 le llegó el turno a la Normal Vasco de Quiroga, en Tiripetío, Michoacán, donde hubo 133 detenciones. En el ínterin, entre 2007 y 2011, se desató la represión contra los estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos –conocida como Ayotzinapa–, en Guerrero. En ese periodo murieron dos jóvenes por disparos de la policía estatal. La desestabilización contra los estudiantes guerrerenses se agudizó el pasado 26 de septiembre, cuando policías de Iguala dieron muerte a dos de ellos. Ese día desaparecieron también 43 normalistas. El miércoles 8, luego de la marcha de protesta en Chilpancingo, un normalista de Ayotzinapa subió a la tarima y tomó el micrófono para demandar la presentación de sus 43 compañeros: “El Estado nos ve como el enemigo y sólo somos estudiantes”. Su voz retumbó en las paredes del palacio de gobierno. Desde los setenta, el gobierno federal asocia a las normales rurales con la rebeldía, pues de ellas han egresado luchadores sociales como Othón Salazar, Pablo Gómez, José Santos Valdez, Misael Núñez Acosta, así como los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. (Fragmento del reportaje que se publica en la revista Proceso 1981, ya en circulación)

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