El pleito Villanueva-Valadés revela fisuras en Jurídicas de la UNAM

sábado, 29 de noviembre de 2014

El atentado a tiros contra el investigador Ernesto Villanueva dentro de Ciudad Universitaria en octubre último destapó una pugna soterrada entre destacados integrantes del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional. Miembro de ese centro, Villanueva no sólo insiste en señalar como presunto responsable intelectual de la agresión a Diego Valadés, también investigador del IIJ, a quien acusa de falsear sus méritos académicos, de haberse enriquecido de manera “inexplicable” e incurrir en actividades supuestamente ilícitas. En entrevista con Proceso, Valadés lo niega todo y advierte que interpondrá una denuncia por daño moral contra aquel. “Yo –afirma– nunca he tenido ninguna diferencia con el señor Villanueva”… “quien formula declaraciones degradantes” para la universidad y para el IIJ.

MÉXICO, D.F. (Proceso).-Acusaciones de corrupción, opacidad y abuso de poder en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enmarcan el atentado contra el investigador Ernesto Villanueva en Ciudad Universitaria –un hecho sin precedente en la institución al menos desde el movimiento estudiantil de 1968–, que exhibe también la ruptura del grupo del exrector Jorge Carpizo, del cual forman parte la víctima y el señalado por ésta como autor intelectual del delito: Diego Valadés Ríos.

Antes y después del atentado –ocurrido el 29 de octubre y que investiga la Procuraduría General de la República (PGR)– Villanueva ha cuestionado al rector José Narro y a Valadés, exdirector del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), quien se dice calumniado y anuncia que demandará a su acusador por daño moral.

Apenas el 5 de octubre –tres semanas antes del atentado–, Villanueva y otros investigadores y catedráticos de la UNAM crearon el Observatorio Ciudadano de los Derechos de los Universitarios a fin de identificar, denunciar y dar seguimiento a casos de corrupción o violaciones a los derechos humanos de la comunidad universitaria.

La creación de este Observatorio fue motivada, explica Villanueva, por la opacidad auspiciada por el abogado general de la UNAM, Luis Raúl González Pérez, quien desde el jueves 13 es presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y deberá resolver al menos 93 quejas que lo involucran.

“Su designación es una muy mala señal para la comunidad universitaria –advierte Villanueva–. Ni modo que falle contra sí mismo y, si se excusa, sus empleados no van a ir contra él. Cualquier queja sobre la UNAM ya no podrá ir a la CNDH y no habrá justicia.”

En su lanzamiento, el Observatorio asegura haber identificado una anomalía en el currículo de Narro: Pese a que se ostenta como especialista en medicina universitaria, en realidad no ha concluido sus estudios, pues su cédula profesional no existe en el Registro de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública y por tanto, “el actual rector de la UNAM no tiene ningún título de posgrado”.

Más aún, revela Villanueva a Proceso, Narro tampoco tiene maestría en medicina comunitaria por la Universidad de Birmingham, Inglaterra, como él afirma. “Yo hablé personalmente y lo que hizo fue prácticas profesionales de medicina”.

En el caso de Valadés, Villanueva sostiene que no es sólo el “jefe de la facción” que controla el IIJ para seguir gozando de privilegios –como ser investigador emérito sin cumplir con los requisitos– sino posee una fortuna millonaria “inexplicable” en cuentas bancarias y propiedades en Estados Unidos y Canadá.

“No lo estoy afirmando como una opinión mía ni como un acto de fe, sino con pruebas y datos”, aclara el doctor en derecho, quien asegura es inaceptable solapar la opacidad y la corrupción en la UNAM, que debe ser sujeta de un riguroso escrutinio social pues se financia con recursos públicos.

“El viejo refrán de que ‘la ropa sucia se lava en casa’ es un llamado a la opacidad, a la resignación y a que corrupción y violación de derechos humanos se conviertan en un círculo vicioso, porque gira sin cesar para que nadie se entere de lo que pasa intramuros. La UNAM es un organismo público paraestatal que depende del Ejecutivo Federal, con autonomía legal únicamente para su régimen interno, pero quien paga su existencia es la sociedad entera.”

Al respecto Diego Valadés reitera que es totalmente ajeno al atentado contra Villanueva, dice no ejercer influencia indebida en el IIJ y rechaza ser poseedor de propiedades y cuentas bancarias en Estados Unidos y Canadá, por lo cual ratifica que procederá legalmente contra aquél.

“(Villanueva) me ha hecho mucho daño en lo personal, he pasado momentos muy ingratos y también mi familia. Muchos amigos me han hecho expresiones de solidaridad y creo que estoy en derecho de un resarcimiento también moral”, puntualiza el jurista, quien aclara que sólo procederá por la vía civil, no penal.

En entrevista con Proceso, el titular de la PGR en el tramo final del sexenio de Carlos Salinas y procurador de Justicia del Distrito Federal en la gestión de Manuel Camacho Solís, asegura que nunca ha tenido un solo problema con “ese señor”, como se refiere a Villanueva, y en cambio él sí lo ha calumniado.

“Yo nunca he tenido ninguna diferencia con el señor Villanueva. Él ahora no sólo me implica y me difama a mí, sino que también formula declaraciones degradantes para la universidad y para el Instituto de Investigaciones Jurídicas, afirmando que las diferencias académicas se dirimen a balazos en la universidad.”

“Sicarios y balazos”

Tras la muerte del exrector Jorge Carpizo McGregor, en marzo de 2012, su grupo se rompió. Era el árbitro que dirimía los conflictos, que aumentaron antes y después de la designación de Pedro Salazar Ugarte como director del IIJ, el 9 de septiembre, apoyado por Valadés, quien también impulsó al saliente Héctor Fix Fierro.

Expone Villanueva: “Carpizo era el fiel de la balanza. No estaba con nadie en particular, sino que buscaba soluciones. Era el amigable componedor. Diego no pudo heredar esa figura, porque optó por ser jefe de una facción para seguir controlando el instituto, manejando sus recursos y lograr reconocimientos; el primero de ellos: Ser investigador emérito”.

En el instituto no sólo prevalece una gran opacidad y favoritismos, dice el investigador, sino represalias contra quienes no forman parte del grupo de Valadés, como José Luis Soberanes –“quien dice que parece que está en un leprosario”–, el consejero universitario Juan Manuel Lastra, Enrique Carpizo y hasta Clara Luz Álvarez, la esposa de Villanueva, forzada a renunciar.

“Quieren limpiar al instituto de sus enemigos, pero jamás pensé que esto llegara a una cuestión de privación de la vida”, reitera Villanueva, quien declaró al reportero, tras el atentado, que había recibido la amenaza de un emisario de Valadés, el técnico académico Isidro Saucedo González.

“Es increíble que en el Instituto de Investigaciones Jurídicas las diferencias se resuelvan ya con emisarios y con sicarios para privar de la vida al enemigo, acabarlo físicamente”, afirmó Villanueva, quien luego, en su declaración ministerial, atribuyó la autoría intelectual a Valadés:

“(Saucedo) me dijo que tenía suerte de la tolerancia que tenía el doctor Valadés conmigo, pero que eso no iba a durar mucho, por (lo) que me convenía que le bajara. Yo le pregunté: ‘¿Se trata de una amenaza?’ Y él me respondió: ‘Tómalo como quieras, pero hay cosas en las que uno no se debe meter nunca’, por lo que presumo que el doctor Diego Valadés Ríos pudiera estar detrás de la agresión”.

Aunque Saucedo González rechazó “de manera tajante y rotunda” haber hecho la amenaza y –en carta a Proceso– se dijo dispuesto a acudir ante las autoridades para “aclarar esa penosa imputación”, Villanueva lo denunciará “por amenazas cumplidas”, luego de que su camioneta Mitsubishi blindada recibió tres impactos de bala calibre 38.

–¿Cómo un investigador anda en camioneta blindada?

–Si yo fuera un investigador químicamente puro y estuviera en mi cubículo, tendría sentido la pregunta –responde Villanueva–, pero yo también tengo una actividad profesional de ejercicio del periodismo y mis temas no son competir con alguien a ver quién le encuentra más virtudes al gobierno o a las autoridades.

Y justo por sus críticas es que adquirió ese vehículo, modelo 2007: “Si no lo tuviera, estaría muerto y, en el mejor de los casos, estaría en estado vegetativo. Los disparos iban directos a la cabeza”.

Colaborador del semanario Proceso, del diario Noroeste de Sinaloa, del Canal 22 y vocal propietario de la Junta de Gobierno de Notimex, la agencia de noticias del Estado mexicano, el jurista escribió hace apenas dos semanas, el 13 de octubre, en el diario Noroeste un artículo que supuestamente activó la agresión.

En ese artículo titulado “Diego Valadés y el Cártel de Juárez”, escribió que en abril de 2003 el FBI en El Paso, Texas, encontró una credencial expedida a Vicente Carrillo Fuentes que, con el nombre Jorge Miramontes Álvarez, lo acredita como primer comandante de la Policía Judicial Federal y estaba firmada por Valadés Ríos, cuando fue titular de la PGR.

“Es de sorprender que la credencial de Vicente Carrillo la firmara personalmente Diego Valadés, como procurador general y no el director de Recursos Humanos, como es lo usual. ¿Sería posible pensar, si la firma de Diego Valadés fuese autógrafa, que no sabía nada con tantos candados y filtros de control? ¿O es posible pensar que estaba en tratos con ese cártel porque representaba dinero del que está probado es tan afecto?”

En el mismo artículo, Villanueva recordó que se encontró también una cuenta bancaria, la número 78811690, del Commercial Bank, también en Texas, a nombre de Valadés “con saldos de siete ceros, como dicen los americanos”.

Y entre otras formuló las siguientes preguntas: “¿Será una desafortunada coincidencia y pertenece a un Diego Valadés Ríos que no se trata de quien es el ejemplo moral de una parte del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM? Mientras se aclaran estas aparentes confusiones, ¿no debería pedir Diego Valdés Ríos licencias a todos los colegios y dependencias donde cobra recursos públicos para evitar dañar la imagen institucional de esas instituciones? ¿De confirmarse que la cuenta sí es del “distinguido universitario” sinaloense, habría pagado sus debidos impuestos en México o en Estados Unidos?”

Rubricó su artículo responsabilizando a Valadés de su integridad y de su familia: “Aclaro que no estoy enfermo, ni deprimido ni tampoco mi familia y mis hijos, por si ‘por mala suerte’ (Malova dixit) pasa algún accidente colectivo o personal que atente contra nuestra integridad física. Será con los saludos de Diego Valadés Ríos, el que se presenta como ‘ideólogo’ constitucional”.

Villanueva, en entrevista, ratifica esos señalamientos y asegura: Valadés y la esposa de éste, Patricia Galeana Herrera, poseen 10 inmuebles en California, Wisconsin, Houston, Michigan, Carolina del Norte y Minnesota, Estados Unidos, cuyas direcciones, números telefónicos y ubicaciones en Google también proporciona.

Según el investigador de la UNAM, también seis cuentas bancarias, de Valadés y Galeana, están registradas en bancos de ese país y una en el Royal Bank de Canadá.

“Esto merece, por lo menos, una explicación de cómo puede tener varias cuentas y tantas propiedades y cómo se justifica”, demanda Villanueva, principal promotor de la Ley Federal de Transparencia, aprobada en 2003 y quien se reserva la manera como obtuvo los datos que él asegura son legítimos.

Es falso: Valadés

Valadés Ríos, quien de inmediato deploró el atentado y se puso a disposición de la PGR para responder por la imputación de “la autoría intelectual de la tentativa de homicidio”, rechaza todas las acusaciones de Villanueva y reitera que no posee propiedades y cuentas bancarias en Estados Unidos y Canadá. “Absolutamente ninguna”.

–¿Puede tratarse de un homónimo?

–No, no hay ningún homónimo. A nombre de Diego Valadés Ríos no hay ninguna propiedad en Estados Unidos, por lo menos a este Diego Valadés Ríos. Y no conozco ningún homónimo.

–¿Todas sus cuentas bancarias las tiene en México?

–Por supuesto. Esa es otra calumnia que el señor Villanueva hace. Señala un número de cuenta de un banco en Texas y además dos operaciones y dice que yo soy el titular de esa cuenta. Esa es otra de las calumnias que incluiré en mi acción de daño moral.

“Además dice que de siete ceros. Evidentemente se trata de una calumnia más. No sé cómo alguien puede tener ese nivel de fantasía para inventar un número y ponerle un nombre. O a lo mejor el número existe, pero evidentemente el nombre no es el mío. Eso sí categóricamente lo puedo afirmar.”

Valadés insiste en que Villanueva lo ha dañado moralmente también al señalarlo de pertenecer al Cártel de Juárez sólo por haberse encontrado en 2003 una credencial de la Policía Judicial firmada por él y expedida en favor de Vicente Carrillo, como se publicó en El Universal, sin considerar si era falsa o no.

“Villanueva desprende que, al no hacer aclaración a esa nota, implícita o tácitamente acepté mi responsabilidad. Además no se tomó la molestia de determinar si esa credencial había sido finalmente considerada falsificada o no, cosa que seguramente así fue, porque en 11 años no he recibido ninguna notificación o requerimiento de parte de ninguna autoridad”.

Y reprocha: “Claramente lo que hizo fue aprovechar una nota que, repito, la propia policía estadunidense consideró como posible falsificación para darla como hecho y para imputarme colusión con el Cártel de Juárez y así titula su ar­t­ícu­lo: ‘Diego Valadés y el Cártel de Juárez’”.

Niega también ser el jefe de la facción que controla el IIJ: “Tan es así que cuando dejé la dirección del instituto tomé dos años sabáticos, justamente para no dar lugar siquiera a ninguna suposición en cuanto a que yo quisiera y hubiera pretendido influir en el ánimo de mi sucesor, que fue el doctor Fix Fierro”.

De hecho, subraya, Fix Fierro al concluir su gestión fue reconocido por la comunidad del instituto por su independencia: “Delante del rector Narro y todos de pie, le tributamos un aplauso que duró casi cinco minutos”.

Razona: “Esas afirmaciones de que yo ejerzo una influencia determinada en el instituto no llegan a ser calumniosas, no son un delito, son la percepción subjetiva y la distorsión de la verdad que hace el señor Villanueva, pero no me agravian a mí, sino a 150 miembros de la comunidad del instituto, a quienes subestima y a quienes hace aparecer como si no tuvieran su propio criterio y su propia personalidad”.

Sobre la designación de Salazar, a quien Villanueva asegura que fue mal vista por la comunidad del IIJ por no ser doctor en derecho y ser egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Valadés aclara: “El proceso que se dio para la sucesión del doctor Fix Fierro fue absolutamente diáfano y participativo”.

Y Salazar, dice, es un académico de altísimo nivel intelectual y con un gran reconocimiento dentro y fuera de la UNAM y el país. “De manera que imputar o atribuir que todo este proceso fue viciado o que fue manipulado es ofensivo no para mí, sino para toda la comunidad, los 150 miembros del personal académico del IIJ”.

Villanueva, por su parte, advierte que seguirá combatiendo los abusos en la UNAM y en el IIJ, como los negocios que se hacen con el Instituto Nacional Electoral, presidido por el investigador con licencia Lorenzo Córdova, y el propósito de Valadés de ser investigador emérito, pese a no reunir los requisitos.

–¿Hasta dónde va llegar?

–Hasta donde termine. Voy a seguir adelante hasta donde me lo impidan, por mandato legal o por privación de la libertad. No me puedo detener.

“Lo peor que se puede hacer es tener miedo, darse la vuelta y decirles: Perdonen. Sería ir contra mi propia naturaleza. Durante 11 años he estado escribiendo contra el abuso de poder, no como opinión, sino con datos, y lo seguiré haciendo.”