Oyuki, universitaria en defensa de su identidad transgénero

jueves, 11 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El día en que Oyuki le contó a su padre –originario de Oaxaca, y con un machismo arraigado e ideas conservadoras-- que era una persona transgénero, esperaba lo peor. “Pensé que me iba a pegar, a matarme, a correr de la casa. Pero me llevé una gran sorpresa cuando me dijo: Yo te veo un cabrón, pero si tu quieres ser así, yo te respeto, nomás no dejes de estudiar”. Oyuki Ariadne Martínez Colín recibió este jueves su nuevo título profesional como licenciada en Ciencia Política y Administración Urbana de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Ella terminó su carrera hace cuatro años, pero el documento oficial y su cédula profesional emitidas por la Universidad y la Secretaría de Educación Pública fueron expedidos con su foto y su nombre anterior: Héctor. De 31 años de edad, Oyuki es la primera estudiante transgénero de la UACM en obtener el documento que avala su nivel académico con su identidad actual. El pasado 29 de octubre el Tercer Consejo Universitario aprobó por unanimidad un punto de acuerdo en el que reconoció la identidad de género elegida de sus estudiantes transgénero y transexuales, así como su derecho a la educación y a la identidad elegida. Con ello, y con base en su autonomía, la UACM se convirtió en la primera institución de educación superior en el país en asumir como política institucional el ejercicio efectivo de los derechos a la personalidad y el libre desarrollo de la misma. La lucha que Oyuki vio materializada hoy con su nuevo título comenzó desde que tenía ocho años de edad. Fue la última de los 11 hijos que tuvieron sus padres. Nació y creció en una humilde casa de la colonia Francisco Villa, una de las más marginadas de la delegación Iztapalapa. “Me empecé a dar cuenta de que mi cuerpo no concordaba con lo que me gustaba: hacer de comer, lavar, jugar con muñecas, las cosas que eran comúnmente apropiadas para las niñas”, cuenta. La violencia y discriminación inició en su propia casa, en la convivencia con sus hermanos: “Me decían que eres esto, que eres lo otro, que eres maricón y todas estas cuestiones despectivas que van emocionalmente dañando, que lastiman”. De la secundaria no olvida al profesor de Química, de apellido Baena. “Él decía no le digan nada porque luego luego va a llorar la niña. Me pellizcaba sin que hiciera nada, sólo me decía que porque no era normal, y venía el jalón de oreja, de patilla”. Las preguntas sobre sí misma crecieron: “¿qué estoy haciendo mal si lo único que quiero hacer es ser yo misma?”, recuerda. En la adolescencia sus cambios fueron más evidentes pues se dejó crecer el cabello, se puso mechones rubios y comenzó a depilarse. Al ingresar al Colegio de Bachilleres número 6, la violencia psicológica pasó a la física cuando recibió una golpiza de sus compañeros de clase. Entonces las preguntas se convirtieron en sentimientos de culpa. El estigma Pese al estigma y discriminación que sufrió, quiso seguir sus estudios, pues ninguno de sus hermanos llegó más allá de la primaria. Además, quería cumplir el deseo de su padre fallecido. Entonces volteó a la UACM. “Entré a la universidad, un espacio diferente, mucho más progresista. Cuando los profesores vieron que no correspondía mi identidad con mi nombre, me preguntaron: ¿cómo quieres que te registremos en las listas? Fue súper interesante, algo que nunca habían hecho, nadie me había tratado así”. La falta de recursos en casa y la dificultad de conseguir un trabajo “estable”, la acorralaron. “Tuve que hacer otras cosas, acabé la carrera haciendo trabajo sexual, era complicado. Llegaba dos o tres de la mañana a casa y párate a bañarte porque a las siete ya tenía clase”. Fue en esa etapa cuando se hizo las dos cirugías de busto. Sin embargo, aclara: “No hubiera querido hacerlas porque no era necesario, pero tuve que entrar en el estereotipo del trabajo sexual de que la que se ve mejor es la que más vende. Hoy son otros conceptos. El cambio de genitales creo que no es necesario; apenas inicié un proceso hormonal que no tiene nada que ver con lo de la identidad de género y me siento a gusto”. Desde entonces también ha tenido que soportar el estigma de los médicos. “Cuando te ven que eres trans, te llaman hasta como recalcando, con dolo: “Pase Héctor Martínez” y enseguida la gente ve que eres mujer y empieza todo ese estigma de violencia”. Antes de obtener su título empezó a trabajar en la Coordinación de Desarrollo Educativo de la delegación Iztapalapa. Y aunque hubo cuestionamientos sobre la presencia de una persona transgénero entre los trabajadores de confianza, recibió el apoyo de las autoridades del área y continuó. Cuando terminó la administración buscó empleo y tuvo que enfrentar de nuevo la discriminación laboral. “Ya estaba titulada y con cédula, pero no podía conseguir empleo. Había gente que no tenía título y se quedaba; yo cumplía con el perfil, buen promedio, pero era cuestión de discriminación, ¿qué van a decir los clientes, el personal de que aquí trabaja una persona trans?”. Poco tiempo pasó cuando fue invitada a participar en un proyecto del Fondo Mundial de Lucha Contra el VIH. Y aunque sólo duró un año, le dio la experiencia suficiente para poder tocar la puerta de la Clínica Condesa ---única en el DF especializada en el tratamiento de este virus—, donde a partir del 1 de octubre de este año es consejera y labora en la aplicación de pruebas de VIH y Sífilis bajo la metodología de alcance. “El motor de mi vida” Al recibir su nuevo título, Oyuki agradeció a su hija, quien dijo, “es el motor que mueve mi vida. Es una guerrera”. Se trata de una adolescente de 12 años quien, aunque no lleva su sangre sino la de su hermana que la abandonó al nacer, está bajo su cuidado y responsabilidad. “Aunque yo me vista de mujer, ella sabe mi identidad y siempre me respeta. Me dice papá y cuando llega el día del padre o mi cumpleaños me regala cosas de mujer. Tiene una mentalidad muy abierta y me apoya en mis decisiones. Es el motor que mueve mi vida. Yo no tuve hijos biológicos, míos, pero los tengo desde otra perspectiva y estoy orgullosa de ellos”. Y es que también significa la figura paterna de Hazael, su sobrino inquieto de cuatro años, quien le llora en la falda y le dice “papá”. Su madre también la acompañó a la ceremonia y al terminar le dio un gran abrazo. “A veces le cuesta trabajo porque de pronto me dice ‘Héctor’ y dice, ah, no, perdón, ‘Oyuki’. Le cuesta trabajo a pesar de muchos años, porque es como si hubiera perdido un hijo. No me duele, me siento rara, pero la entiendo”. Después de tanta lucha por defender su identidad, Oyuki encontró una pareja desde hace nueve meses. “Nunca tuve una, es la primera que me dice ‘eres mi novia’. Compartimos un montón de cosas juntos y es una experiencia fantástica porque antes hice tantas cosas que me estaba olvidando de la Oyuki que tiene familia y sentimientos”, dice con cierta timidez. Más allá de los reflectores y los aplausos por su activismo a favor de la comunicad trans, se define como “una persona muy recta. Cuando estoy fuera de todo esto, me gusta estar con mi familia, mi vicio es bailar, no tomo, ni fumo, no consumo ninguna droga, sólo la música sonidera”. En su discurso en la UACM plantel Centro Histórico, Oyuki Ariadne destacó que el obtener su nuevo título universitario significa un paso más en la lucha de la comunidad transgénero en la ciudad. También destacó el sentido “progresista” de la UACM pues le dio la oportunidad de ejercer y hacer valer su derecho a la identidad de género. Criticó el “desfase” del Gobierno del Distrito Federal, en el sentido de que hasta hace poco envió una iniciativa a la Asamblea Legislativa para modificar el Código Civil y simplificar los trámites para el cambio de identidad jurídica, lo que hasta ahora representa meses de juicio y la erogación de miles de pesos para cumplir con los requisitos médico legales correspondientes. -¿Qué es lo que sigue en tu vida? -Tengo en puerta hacer la maestría en derechos humanos en la UACM. Pero antes, dice, solicitará en enero próximo a la Secretaría de Educación Pública (SEP) la emisión de un nuevo título y cédula profesional a nombre de Oyuki Ariadne Martínez Colín. De ganar el litigio jurídico, su caso sentará un gran precedente para que los universitarios trangénero de otros estados del país puedan demandar en sus propias casas de estudio el respeto y cumplimiento de sus derechos a la identidad y la educación.

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