Santa Fe, en la ira

miércoles, 31 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Históricamente el pueblo de Santa Fe ha sido golpeado por el desordenado crecimiento de la zona poniente del Distrito Federal, la voracidad de los intereses empresariales y el desinterés de los gobiernos federal y local, que una y otra vez ignoran la voz de sus habitantes. El anuncio de la construcción del Tren Interurbano Toluca-Valle de México, o tren rápido México-Toluca, es una nueva amenaza para sus pobladores, quienes –empujados por la falta de información y el temor a expropiaciones– han realizado marchas, instalaron un plantón permanente y dan visos de un posible “estallido social”. Santa Fe fue el primer poblado fundado en la Nueva España por Vasco de Quiroga, quien en 1531 dirigió la instalación de un hospital-pueblo para atender a los enfermos y desamparados e instruirlos en la fe católica. Desde entonces los habitantes se involucraron en un nuevo modelo de convivencia social, relata Lorena Álvarez Moreno, directora de la Casa Ernesto Meneses. Especialista en la historia de esta zona, asegura que una primera invasión del pueblo y sus zonas aledañas ocurrió a principios del siglo pasado, cuando los terrenos fueron escarbados para satisfacer las necesidades de la industria de la construcción en el centro de la ciudad. Como consecuencia, se formaron minas de arena que hasta hoy continúan apareciendo y llenando de temor a los pobladores por posibles derrumbes. Más tarde, por el creciente costo de extracción de la arena, llegó un segundo “castigo” para la población: la conversión de la zona en basurero. De nuevo la afectación fue social y ambiental. Los bosques y milpas, las fiestas y tradiciones alrededor de la parroquia del pueblo, resultaron trastocados. La investigadora de la Universidad Iberoamericana cuenta que en 1981 la población se vio afectada por tercera vez, ahora por el surgimiento del Plan Maestro para la Zona de Desarrollo Controlado Santa Fe, el cual planteó como gran eje estratégico el desarrollo económico y urbano del poniente de la ciudad. La población fue afectada con la ampliación de la avenida Vasco de Quiroga, ya que se destruyeron las antiguas fachadas y se perdieron 10 metros de sus hogares. El daño fue directo al patrimonio de sus habitantes; mucha gente fue obligada a firmar hojas en blanco y ni siquiera fue indemnizada. La construcción de la llamada “Santa Fe City” o “el pequeño Houston” obligó a reu- bicar a las familias de pepenadores en nuevos asentamientos de las barrancas del Río Becerra –frente al pueblo de Santa Fe–, sin planeación urbana ni servicios, pero sí con la promesa de que los beneficios del megadesarrollo llegarían a los desplazados. Eso no sucedió. El nuevo polo de modernidad y lujo por un lado, y el olvido y la pobreza por el otro, dieron vida a bandas como la de Los Panchitos, quienes eran reprimidos por la policía. Según Álvarez Moreno, la construcción de la “nueva ciudad” tuvo diversos efectos entre los pobladores: invisibilización en favor de los corporativos, pérdida de su patrimonio e identidad vinculada al miedo a la desaparición física del pueblo, caos vial por el intenso flujo vehicular y el desorden del transporte público generado por la demanda de los trabajadores en los corporativos, contaminación permanente en aire y ríos, así como frustración, enojo y fracturas sociales profundas. Además, el crecimiento sin planeación en las zonas aledañas dificultó el acceso y provocó escasez y deficiencia en los servicios, falta de escuelas, clínicas, servicios de recolección de basura, de espacios públicos y áreas verdes. En marzo de 2010 el Gobierno del Distrito Federal materializó el añejo proyecto de una vialidad de cobro para conectar el Periférico Sur con Santa Fe: la Supervía Poniente. De los 126 predios expropiados para su construcción en la colonia La Malinche, delegación Magdalena Contreras, 50 fueron tomados en la madrugada y por la fuerza con cientos de granaderos, debido a la resistencia de los habitantes de varias colonias que alegaron daños ecológicos y pocos beneficios para quienes pueblan el lugar. En diversos foros, líderes vecinales e investigadores recordaron que desde 1986 el pueblo de Santa Fe fue catalogado por la delegación Álvaro Obregón como “Zona Patrimonial o Zona Histórica”. Aun más: en el Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de esa demarcación, oficializado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda en 2011, aparece como “Área de Conservación Patrimonial”. El temor que no cesa Con estos antecedentes de despojo y olvido, los habitantes de Santa Fe temen ahora un nuevo agravio por la construcción del tercer tramo del Tren Interurbano Toluca-Valle de México, anunciado recientemente por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes federal y la Secretaría de Obras y Servicios capitalina. Según la escasa información que han obtenido a través del Sistema de Transparencia –pues las autoridades locales y federales no les han mostrado el proyecto ejecutivo–, la vía férrea y un tercer piso de la autopista pasarían por la avenida Vasco de Quiroga, el “corazón del pueblo”. De acuerdo con sus cálculos, 80 mil personas de 34 colonias de la Álvaro Obregón y 10 de Cuajimalpa, además de unos 4 mil establecimientos mercantiles, resultarían afectados. En marchas y plantones recientes los habitantes aclararon que no se oponen a la obra, pero sí exigen el cambio del trazo. También han denunciado la violación de sus derechos humanos a la información, libertad de expresión, audiencia, a un ambiente sano, a la salud, a la seguridad y a la no discriminación. Sobre todo, acusan que las autoridades violaron su derecho a ser consultados sobre el proyecto que los involucra directamente. En un foro organizado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el miércoles 10, Álvarez Moreno fue tajante en su alerta: “Lo que quieren hacer con el pueblo de Santa Fe es un atentado. Ellos (los habitantes) son gente luchadora, valiente. La construcción de este proyecto sería otro golpe más a la población y generaría un serio conflicto social”.

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