"El último Elvis"

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- La coproducción Argentina-Estados Unidos, El último Elvis, de Armando Bo, es una ópera prima que, en principio, puede resultar más convencional, más clásica (desde lo narrativo), pero es una historia arriesgada y llamativa porque el actor, además de ser un buen cantante, refleja una crisis humana creíble. Hay que recordar que Bo y el guionista de este filme, Nicolás Giacobone, escribieron hacia 2009 el largometraje nominado al Óscar Biutiful, del mexicano Alejandro González Iñárritu, cuyo relato es muy manipulador y exagerado, es decir, nada real. Sin embargo, El último Elvis sorprende porque aunque la propuesta es sencilla porque se trata de la historia de un imitador del Rey del rock and roll, Elvis Presley, de la relación con su exesposa (Griselda Siciliani) y con su hija (Margarita López). Pero no se queda allí, porque se aborda la crisis de una familia, donde se esconden contradicciones íntimas, conflictos ligados a lo más profundo y visceral de la existencia humana. El actor John McInerny es quien recrea al personaje central, llamado Carlos Gutiérrez, y no cae en la parodia ni el ridículo. Refleja a un hombre con serios problemas psicológicos que en la obsesión por tratar de ser alguien más, se desconectó por completo de su verdadera identidad y vive totalmente ausente del mundo que lo rodea. A Carlos Gutiérrez le pegó el fanatismo por el lado de Elvis. La historia no aburre, pese a seguir la rutina diaria de este hombre que quedó atrapado en su propia trampa de fantasías adolescentes y no logra encontrar una salida para encaminar sus relaciones familiares y su vida. El último Elvis ha obtenido varios premios: Descubrimiento de la Crítica en la 24 edición del Festival CineLatino de Toulouse; Mejor Película en el East End Film Festival; y en el Festival UNASUR Cine ganó: mejor dirección de arte, mejor vestuario y mejor guión. La fotografía está a cargo de Javier Juliá y la música, de Sebastián Escofet. Bo, nació en Buenos Aires, Argentina, en 1978. Pertenece a la tercera generación de una familia de cineastas. Trabaja en el cine y la publicidad desde los 17 años. Estudió cine en varias instituciones de renombre en Nueva York, además de historia del arte en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. En 2005, fundó su propia empresa, Rebolución, junto a Patricio Álvarez, hoy una de las más importantes productoras de comerciales de Iberoamérica, con la que consiguió convertirse en uno de los directores publicitarios más requeridos del mundo, ganando más de 50 premios internacionales como realizador de publicidad.