El Gabo y la peste del olvido

martes, 22 de abril de 2014
CARTAGENA DE INDIAS, COLOMBIA (Proceso).- Como en la peste del olvido que invadió Macondo y obligó a José Arcadio Buendía a marcar con un hisopo entintado cada cosa con su nombre para poder recordar su uso, el creador de ese mundo mágico y deslumbrante, Gabriel García Márquez, padeció durante los últimos años el mismo mal que aquejó a sus personajes de Cien años de soledad: la pérdida de la memoria. Para Jaime García Márquez, hermano menor del Premio Nobel de Literatura 1982, el pasaje de la peste del olvido en esa novela fue un acto premonitorio del escritor, uno más de los que se le atribuyen. La familia cree que esos presagios intempestivos que solía tener el fallecido autor colombiano –como su convicción mañanera de que algo grande estaba por ocurrir en Caracas el 23 de enero de 1958, cuando, en efecto, se produjo un golpe de Estado contra el dictador Marcos Pérez Jiménez– eran parte de la herencia de chamán que le venía de su abuela guajira Tranquilina Iguarán Cotes. En entrevista con Proceso, Jaime cuenta que Gabito –como llamaba a su hermano– “escribió ese capítulo de la peste del olvido hace más de 47 años porque él ya sabía estas cosas de la demencia y lo que podía venir. Mi mamá (Luisa Santiaga Márquez) y mi abuela (Tranquilina) también murieron de ese mal. Y los hombres de la familia también lo tenemos, como mi hermano Luis Enrique (el segundo, después de Gabriel) y yo mismo. Yo ya tengo problemas de memoria”. La desmemoria invade Macondo en la página 52 de Cien años de soledad (Norma, 2008) y José Arcadio Buendía “fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: ‘Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche’”. Igual que sus personajes, Gabriel García Márquez desarrolló un método para matizar ante sus amigos y conocidos los síntomas de la desmemoria. En uno de sus últimos viajes a Cartagena para participar en el Festival de Cine de este balneario caribeño departió una noche en el restaurante del Hotel Santa Teresa con un grupo de escritores y periodistas colombianos... Fragmento del texto que se publica en la edición 1955 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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