Artistas, víctimas de la represión de Mancera

MÉXICO, D.F. (apro).- El 1 de diciembre de 2012 el director de teatro Juan Francisco Kuykendall desbordaba en proyectos. Acompañado de Teodulfo Torres, quien formaba parte de su Compañía de Teatro “Mitote”, el activista fallecido hablaba entonces de cómo manejarían en las pastorelas el retorno del PRI, y se planteaba satirizar a Enrique Peña Nieto en una obra que montaría en enero de 2013. Pero sus planes se frustraron el pasado 25 de enero al sufrir un paro cardiorrespiratorio como resultado de las infecciones y bacterias que lo mantuvieron como paciente del Hospital de Zona Número 30 del IMSS los últimos tres meses de su vida, precaria y prácticamente vegetativa desde el 1 de diciembre de 2012, cuando recibió el impacto de una bomba de gas lacrimógeno en la parte frontal derecha del cráneo. Una imagen de ese instante: Kuykendall tirado sobre la carpeta asfáltica y su calvicie surcada por hilos de sangre nacientes en la protuberancia formada por la masa encefálica expuesta. [gallery type="rectangular" ids="326645"] Documentado en video por Teodulfo, el disparo que hirió al activista fue accionado desde atrás de la magnífica fortificación que levantaron los zapadores en las inmediaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro. Hoy Teodulfo Torres Soriano está desaparecido. Durante un año sus familiares y amigos han promovido todo tipo de denuncias a su alcance, sin éxito. A finales de marzo de 2013 Teodulfo testificaría por la agresión que sufrió Kuykendall. El fin de semana previo comentó que iría a un concierto de rock en Nezahualcóyotl, y dos días después llamó para avisar que iba en camino a reunirse con sus compañeros de proyectos autogestivos en Xochimilco. Desde entonces no se volvió a saber más de él. Las primeras semanas, después de que se denunció la desaparición, las procuradurías capitalina y mexiquense se disputaron la recusación. La primera asentó que Teodulfo desapareció en Neza y la segunda que en el Distrito Federal. La Procuraduría General de la República (PGR) también intentó evadir su competencia, y a final de cuentas el caso se mantiene en el limbo. Al cumplirse un año de su desaparición, el pasado 24 de marzo, familiares, amigos y compañeros del joven emitieron un comunicado y acusaron a la Presidencia de la República y a las instancias de procuración e impartición de justicia de obstaculizar la documentación, esclarecimiento y presentación con vida de Teodulfo, cuya familia ni siquiera ha sido reconocida como víctima. Se trata, expusieron, de “un mecanismo de represión política para infundir el terror, garantizar la impunidad, acallar el descontento y la organización” de los grupos que defienden los derechos humanos. Vandalismo guiñol No son estrellas de televisión, ni se les persigue por el chismorreo de sus vidas privadas. Si acaso, encuentran el aplauso en barrios o comunidades, y cuando los medios se ocupan de ellos es para calificarlos de vándalos y alborotadores. El 1 de diciembre de 2012 Uriel Sandoval salió a protestar contra el retorno del PRI. Iba enojado por la razzia que semanas antes había detenido a cientos de estudiantes de normales rurales en Michoacán. No había avanzado mucho cuando una bala de goma lo impactó en el rostro. Uriel perdió el ojo. [gallery type="rectangular" ids="327142"] Aún convaleciente en el Hospital General, la visita que le hizo la Policía Federal no fue para recabar datos sobre la agresión que sufrió el estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), sino para saber qué militancia tenía, a qué colectivo pertenecía, qué ideología profesaba. Tiempo atrás Uriel asistió como oyente a la Facultad de Filosofía de la UNAM. De ahí surgió la idea entre varios jóvenes por llevar teatro guiñol para niños al Cerro del Judío, un empobrecido sector localizado al sur de la Ciudad de México. Armado con calcetines convertidos en marionetas, el proyecto de filosofía infantil fue bien acogido. Hoy Uriel está tuerto. Y desde el día de la agresión, en diferentes publicaciones lo han calificado de vándalo, pese a que jamás ha enfrentado acusación ni proceso penal alguno. Fue él quien acusó al gobierno por la agresión del 1 de diciembre de 2012, en una causa sin actuaciones ni avances. Poesía criminalizada La Casa del Lago, en el Bosque de Chapultepec, fue el escenario de un poetry slam convocado por el colectivo Editorial Circo Literario. Esa vez Carlos Esteban Jiménez no apareció en los diarios por haber sido detenido en una protesta, ni por formar parte de la lista de los 10 anarquistas más peligrosos del país publicada por el diario Reforma, que atribuyó la información al gobierno de Miguel Ángel Mancera. La nota del 12 de enero sobre el slam se acompañó de la fotografía de Carlos Esteban en la reseña publicada por La Jornada. “El cuerpo, la voz, objetos, instrumentos o disfraces, son las armas para la batalla”, decía la nota del encuentro de poesía donde el militante del Frente Oriente resultó finalista. En los últimos años Carlos Esteban ha acumulado diversos premios literarios, desde que en 2006 inició sus andanzas en ese género. En junio de 2012 ganó el concurso poético convocado por la UACM y la Cooperativa Pascual, y en septiembre se hizo acreedor al “Rojo Slam”, convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en la Estela de Luz. Hasta entonces su canal de youtube, Carlos Esteba Poeta, se dedicaba sólo a reproducir videos relacionados con literatura, pero ahora documenta represiones. [gallery type="rectangular" ids="369101"] Sobre la poesía como expresión rebelde, en concursos y convocatorias oficiales hay varios logros, pero Carlos Esteban se entusiasma con las lecturas callejeras, en el Metro, y sobre todo con “Acción Poeta DF Clandestino”, dedicada a colocar poesía en espacios públicos sin permiso; con los colectivos y propuestas culturales de barrio, con las serenatas a las madres proletarias, y las lecturas con megáfono frente al penal de Santa Marta Acatitla, para que las escuche Luna Flores, presa en ese lugar. A ella y a la madre de Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, el estudiante de la UNAM asesinado en 2011, les ha escrito diversos poemas. Él, Diego Jacob (también militante del Frente Oriente) y Román Borrego, poetas los tres, han sido golpeados y encarcelados por leer poesía en vía pública. Actualmente enfrentan una sentencia de cuatro años y siete meses, acusados –junto con el pintor Alejandro Picasso– de ataques a la paz pública durante la conmemoración del “Halconazo”, el 10 de junio de 2013. De la sátira política al reclusorio La escena es cómica: Adalberto Martínez Resortes intenta hablar de un amor del pasado, mientras tres callejeros se burlan, lo alburean y trivializan su perorata. Resortes se pone serio y los rudos callejeros, entre ellos Alejandro Bautista, terminan llorando conmovidos. La película se llama “Las delicias del poder” y es protagonizada por María Elena Velazco, La india María. En varias películas donde participó como asistente de producción, Alejandro aparece con pequeños papeles de películas de la India María, así como en Huapango, de Iván Lipkies. Es comediante de stand up, es decir, el monólogo que el actor presenta a su audiencia en vivo. En el legendario bar Guau, de Coyoacán, Bautista fue comediante fijo durante años. Como actor viajó por diferentes ciudades del mundo, participó en el Festival Internacional Cervantino y trabajó en diversas producciones teatrales. Un día sus vecinos de San Andrés Totoltepec, pueblo originario de Tlalpan, le pidieron ayuda. Enfrentaban despojos de las mafias de la construcción coludidas con autoridades capitalinas. Su facilidad de palabra y mejor educación lo convirtieron en representante comunitario. Hoy está preso en el Reclusorio Norte, acusado de ataques a la paz pública en pandilla y ultrajes a la autoridad. Fue sentenciado a cinco años y siete meses de prisión, sin que le probaran ningún delito. Alejandro se encuentra en espera de que un amparo lo deje en libertad. Los artistas del 2 de octubre Si no estuviera preso, José Daniel Palacios habría participado en el festival Vive Latino el pasado 27 de marzo. Su grupo, The Cavernarios, se presentó ese día en el festival roquero anual al que aspiran las bandas nacionales y de América Latina. Después de años de navegar por la escena roquera capitalina, José Daniel Palacios, ejecutante frecuente del legendario Multiforo Cultural Alicia, no toca con su grupo desde hace ya varios meses. Está preso desde el 2 de octubre, después de haber sido encapsulado y acusado de protagonizar disturbios. Ni siquiera se trata de un anarquista punk o un hardcorero. Él toca rock clásico, indie y blues, y no reivindica ideología alguna. Su pecado fue repudiar ese 2 de octubre la masacre estudiantil de 1968, hecho que no vivió, pero lo ve como una abominación histórica. Junto con él, pero sin relación entre sí, fueron detenidos Iribar Ibinarriaga, estudiante de diseño industrial de la UAM, quien en los últimos años ha desplegado su formación en mantas multicolor. [gallery type="rectangular" ids="369100"] “Fui aprehendido en un encapsulamiento en el que junto con más de 80 personas quedé aislado de la marcha en la que reitero participaba de forma pacífica, fui conducido a un autobús donde de más de 40 personas fui segregado con siete personas más para ser presentado ante un Ministerio Público donde se me integró una averiguación falsa y tendenciosa para imputarme hechos de los que me declaro inocente. En mi conciencia estoy tranquilo, pero en mi persona me siento violentado, pues me encuentro recluido en el R.P.V.N donde se me ha dictado un auto de formal prisión por los delitos de ‘ultrajes a la autoridad, ataques a la paz pública en pandilla, y daño a la propiedad doloso en pandilla’”, escribió Ibinarriaga 10 días después de haber sido aprehendido. Ese 2 de octubre de 2013 también fue detenido Abraham Cortez, que hace tiempo arribó al Distrito Federal de su natal Oaxaca, con la idea de hacer sus malabares y vender sus artesanías en el Centro Histórico. En su caso, un video editado sirvió para acusarlo de lanzar una bomba molotov e incendiar a un policía. [gallery type="rectangular" ids="369102"] Todos esos artistas, juntos, constituyen mayoría entre los agraviados durante las manifestaciones del 1 de diciembre de 2012 a la fecha, y han tenido que enfrentar cárcel o, como en el caso de Kuykendall y Teodulfo, la muerte y desaparición en el contexto de las cargadas policiales contra la protesta social.

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