Los niños perdidos

viernes, 13 de junio de 2014

Y luego había el niño de nueve años que mató a sus padres y le pidió al juez clemencia porque era huérfano. Carlos Monsiváis.

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Cuando se escucha la frase “niño perdido”, la primera imagen que viene a la mente es la del extravío físico. Sin embargo, hay otras formas, acaso más lamentables de “perder” a un infante, aquellas que cotidianamente perpetramos como sociedad a través del abandono, el maltrato infantil y la violencia intrafamiliar. De esto nos habla Los niños perdidos, monólogo basado en el cuento de Francisco Hinojosa A los pinches chamacos, interpretado y dirigido por Esteban Castellanos, en un trabajo de la compañía El Fénix Producciones. La obra nos narra la historia de tres niños que deciden escapar de sus casas debido a la incomprensión y los golpes que sufren, sin saber que en las calle también enfrentarán agresiones, abusos y violencia. La solución más inmediata que encuentran a sus problemas es responder con la misma violencia, al grado de convertirse en asesinos, pero siempre con la “inocencia propia de la infancia”. La frase repetida constantemente a lo largo de la historia: “pinches chamacos”, es el estigma que los marca y margina prácticamente desde su nacimiento, hasta sumarlos al tropel de parias urbanos que sobreviven en las calles entre el robo, el abuso, la drogadicción y la muerte prematura. En un escenario prácticamente vacío, apoyado exclusivamente con la escenofonía de Rodolfo Sánchez Alvarado y la iluminación de Gabriel Pascal, Esteban Catellanos ofrece una auténtica clase de actuación, aderezada con un extraordinario humor negro, que por momentos, en medio de la hilaridad, nos hace olvidar que estamos viendo en escena a personajes sin ningún futuro. Castellanos interpreta a más de 10 diez personajes con gran calidad histriónica, entre adultos y niños, siempre poniendo el énfasis en el maltrato físico, psicológico, sexual, la falta de valores afectivos, la poca o nula educación, la explotación marginación, que ejercen permanentemente los mayores sobre los pequeños quuienes, ante estas circunstancias, tarde o temprano terminarán en las calles. Uno de los principales valores de esta puesta en escena es su sencillez. Sin ninguna parafernalia escenográfica Esteban Castellanos logra evocar todas las atmósferas necesarias y despertar la imaginación de los espectadores, manteniendo un contacto íntimo y directo con el público, que incluso en algunos momentos es interpelado por el actor. Quizá la parte más débil de la puesta sea el texto, que por momentos se queda en lo anecdótico y en lo humorístico, dejando poco explícita la violencia original que es causa y efecto del lamentable futuro de estos niños y sin la suficiente fuerza dramática. Sin embargo esta carencia es subsanada por el extraordinario trabajo de Castellanos, en el que también se vislumbra su preparación física y sus conocimientos de las artes circenses, todo ello en favor de una puesta en escena que busca despertar un poco de conciencia acerca de la necesidad de amparo, educación, amor y solidaridad que tienen todos los niños. Esteban Castellanos estudio la carrera de Literatura Dramática y Teatro en la UNAM con profesores como Héctor Mendoza, Germán Castillo y Rodolfo Valencia. Fue asistente de dirección y lo dirigió Germán Castillo y Rodolfo Valencia. Incursionó en el cine como actor en la multipremiada cinta El Violín, del director Francisco Vargas. Es fundador de la compañía de teatro El Fénix Producciones. Los niños perdidos se presenta en el Teatro la Capilla, los sábados a las 13:00 horas.