Una gira deslucida, opacada

sábado, 7 de junio de 2014
Enrique Peña Nieto comenzó el jueves 5 una gira que concluirá el martes 10 luego de visitar Portugal, El Vaticano y España. Entre sus propósitos está recomponer los vínculos de negocios con los empresarios españoles y portugueses y promover las supuestas bondades de sus reformas estructurales. Pero el momento de su viaje no fue el mejor: Portugal se sacude por el anuncio del final del programa europeo de rescate a sus finanzas, España está más interesada en la abdicación de Juan Carlos, y en el Vaticano todavía se oyen los ecos de las quejas de los obispos nacionales, quienes le dibujaron al Papa el panorama de miseria y violencia que vive México. MADRID.- La gira del presidente Enrique Peña Nieto por Europa, que se inició el jueves 5 y se prolongará hasta el martes 10 no ha tenido el impacto que se esperaba, debido a la atribulada coyuntura política y económica de dos de los países incluidos en su visita de Estado: Portugal y España. A principios de mayo el gobierno portugués anunció el final del programa de rescate de la troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional), que ascendió a 78 mil millones de euros, el cual implicó la aplicación de draconianos recortes sociales para conseguir una estabilidad financiera, aún endeble. Antes de la llegada de Peña Nieto subió la tensión en Portugal luego de que el Tribunal Constitucional vetara algunas medidas de ahorro del gobierno del primer ministro Pedro Passos Coelho, cuya aprobación y aplicación eran condición para recibir los últimos 2 mil 600 millones de euros del rescate. En su comparecencia ante los medios en Lisboa, en compañía del presidente Aníbal Cavaco Silva, Peña Nieto destacó esos “ajustes estructurales” que Portugal puso en marcha, los cuales, dijo, “coinciden con las medidas que México está adoptando”. En España, donde tiene actividades programadas para el lunes 9 y el martes 10, la clase política y los ciudadanos están centrados en la abdicación de Juan Carlos de Borbón y la inminente proclamación de Felipe VI como rey, proceso que provoca una escalada de manifestaciones de partidos y ciudadanos que exigen una consulta sobre el modelo político: república o monarquía. También el resultado de las recientes elecciones europeas reflejó el descontento que provocan las medidas de choque que el gobierno de Mariano Rajoy sigue aplicando inútilmente para atajar la crisis, con una caída de 50% de la votación conjunta de los partidos tradicionales (Popular y Socialista Obrero Español), los cuales perdieron más de cinco millones de votos, muchos de los cuales se canalizaron a otras formaciones, algunas de reciente surgimiento como Podemos, que con cuatro meses de existencia logró cinco escaños. A eso se suma la reciente salida de Pemex del núcleo de Repsol, al vender un paquete de 7.86% de sus acciones en la petrolera hispana, en medio de un diferendo entre sus direcciones del que aún no se ve el fin. El único aspecto que parecer tener el interés de los españoles, al menos del gobierno y de las empresas, es el Programa Nacional de Infraestructura de Peña Nieto, que el gobierno mexicano viene a “vender”. (Fragmento del reportaje que se publica en Proceso 1962, ya en circulación)

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