A un año de las revelaciones de Snowden: el mundo sin privacidad ni libertad

lunes, 9 de junio de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Hace un año, el domingo 9 de junio de 2013, una nota difundida por el periódico británico The Guardian, y un video subido a YouTube mostraron el rostro de un joven de 29 años, con escasa barba crecida, Edward Snowden, el artífice de la mayor y más impactante filtración sobre los vericuetos de un sistema de vigilancia, espionaje y violación a la privacidad de millones de ciudadanos en todo el mundo. Este complejo sistema, de múltiples variables –una de ellas fue el programa PRISM–, fue ideado y encabezado por la estadunidense Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), con la anuencia o no de grandes compañías de telecomunicaciones, como Verizon, o los gigantes globales de Internet y de las redes sociales como Google, Apple, Microsoft, YouTube, Facebook y Skype. La ventana que abrió Snowden fue “apenas la punta del iceberg”, como él mismo advirtió al periodista estadunidense Glenn Greenwald, copartícipe de esta aventura y autor del libro Snowden, sin lugar dónde esconderse, que relata con minuciosidad de relojero los 10 días en Hong Kong que marcaron el inicio del caso. Ese 9 de junio la conmoción fue mayor que la información filtrada cuatro días antes con perfecta sincronía. El video alcanzó 3 millones de visitas en YouTube y muchas más en el sitio online de The Guardian. Snowden pasó a ocupar el sitio más delicado de la escala de los “reveladores de secretos más importantes de Estados Unidos, junto con Daniel Ellsberg y Bradley Manning”, hoy, Chelsea Manning. A un año de distancia, el escándalo sepultó la poca o nula credibilidad que le quedaba al gobierno de Barack Obama, otrora premio Nobel de la Paz, pero colocó el foco de atención no sólo en el espionaje sino en la extrema vulnerabilidad del sistema-Internet, la plataforma de tecnología y de comunicación que perdió su inocencia desde entonces. El verdadero móvil que orilló a Snowden a sacrificar su privilegiada condición de contratista de Defensa Booz, de exasistente técnico de la CIA, es la proclama de una generación que se educó, se relacionó y se concibió en el mundo de la web creyendo que era un “hogar libre”. Él, como miles, se conmocionó al darse cuenta de que ese “hogar” estaba intervenido, como en las peores ficciones del Estado policiaco. Estos párrafos, del libro de Greenwald sobre Snowden, describen una de las motivaciones más impactantes para quienes aún no concebíamos las dimensiones de esta ruptura generacional: “Más que nada, Internet me permitió experimentar libertad e investigar mi capacidad plena como ser humano…. “Para muchos niños, Internet es un medio de autorrealización. Les permite explorar quiénes son y qué quieren ser, pero esto sólo funciona si son capaces de conservar la privacidad y el anonimato, de cometer errores sin que nos vigilen. Me preocupa que mi generación sea la última en disfrutar de esa libertad. “No quiero vivir en un mundo sin privacidad ni libertad, donde se suprima el extraordinario valor de Internet”, sentenció. Fue un móvil libertario, tan idealista como real en un intrincado mundo donde el valor de la libertad se suprime frente al del poder, el control, la vigilancia, la información privilegiada y la sumisión de los ciudadanos. Snowden y las revelaciones imparables alcanzaron un grado de exactitud que impactaron hasta que los propios gobernantes de estos países se vieron expuestos al vulgar sistema de espionaje estadunidense. Destacadamente, los casos de la canciller alemana Angela Merkel; de la presidenta brasileña Dilma Roussef, o del entonces candidato presidencial mexicano Enrique Peña Nieto, de quien se tienen intercepciones telefónicas suyas y de nueve colaboradores más en uno de los archivos que divulgó Snowden vía Greenwald. “La verdadera indignación estalló de golpe sólo cuando esos mismos líderes se enteraron que también ellos, no sólo sus ciudadanos, habían sido sometidos a vigilancia”, subraya Greenwald en su extraordinario relato Sin un lugar dónde esconderse. En realidad, el sistema develado por Snowden y relatado por Greenwald es compartido por el grupo de los llamados “Cinco Ojos”, la alianza de espionaje mutuo, integrada desde 1946 por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. No obstante, aún faltan por conocer piezas fundamentales de este delirio orwelliano que Snowden documentó con una precisión gélida. A un año de detonado el escándalo, las reverberaciones aún llegan hasta México, donde los políticos no tienen ni idea de las implicaciones de esta nueva era que les tocó vivir.

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