Francia: el breve sueño mundialista

viernes, 4 de julio de 2014
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Al iniciar el Mundial de Brasil, el público francés no pedía a su selección nacional ir más allá de los cuartos de finales. La nueva generación de Los Azules carecía de experiencia y de cohesión. Pero ante los buenos partidos contra Honduras y Suiza, confirmados con la victoria sobre Nigeria en octavos de final, los franceses empezaron a soñar con una posible victoria sobre Alemania –que se deshizo con dificultad de Argelia-- y, ¿por qué no?, con ganar el Mundial. El realismo de la Nationalmannschaft y el muro infranqueable del portero Manuel Neuer, aniquilaron las esperanzas francesas. Tras abrir el marcador con un cabezazo certero de Hummels en el minuto 12, Alemania cerró sus filas. A pesar de que tuvo diez ocasiones francas para empatar, la selección gala, que había acostumbrado a su público a momentos de audacia, se frenó en esta ocasión y exhibió una desesperante cautela. El director técnico francés, Didier Deschamps, decidió cambiar de esquema táctico a partir del minuto 70 al sustituir en la defensa a Mahmadou Sakho por Laurent Koscielny, y en la media cancha a Yohan Cabaye por el delantero Loïc Remy; y, más sorprendente, cambió a Mathieu Valbuena --el de mejor desempeño en la cancha-- por Olivier Giroud. Deschamps, que había reconciliado al público francés con su selección a través de un esquema de 4-3-3 agresivo y rápido, regresó a su viejo sistema de 4-2-3-1, lo que redujo la presión que ejercía el equipo galo sobre el alemán durante el segundo tiempo. Después de los cambios, el juego francés se volvió borroso e incierto y --a pesar de que Karim Benzema tuvo una oportunidad de gol que el portero Neuer desvió--, perdió su peligrosidad. “Hicimos lo que se debía para empatar, y estuvimos muy cerca de hacerlo”, analizó Deschamps tras finalizar el partido. Pero concedió: “Nos enfrentemos a un adversario de mayor nivel”. Frustrados El público francés mantiene una relación complicada de amor y odio con su selección nacional. En octubre pasado, una encuesta de popularidad reveló que los franceses consideraban a los jugadores como “demasiado bien pagados”, “individualistas” y “groseros”. En ese momento, el equipo galo había terminado segundo de su grupo de eliminatorias, detrás de España, por lo que debía enfrentarse a Ucrania para calificar para el Mundial de Brasil 54% de los franceses estimó entonces que su selección no lograría calificar. Desde su derrota en las instancias de penales en la final del Mundial de 2006 en Alemania, los franceses se sentían desesperados por el hecho de que su selección nacional no se recuperara del retiro de su jugador estrella, Zinedine Zidane. Pero lo más conflictivo en su relación con la selección se concentró en la actitud de varios de sus jugadores. Desarrollando un juego pésimo, Los Azules (Les Bleus) terminaron en el último lugar de su grupo en la fase de calificación de la Eurocopa en 2008. Año y medio después, consiguieron calificarse al Mundial de Sudáfrica de 2010 contra Irlanda con un gol anotado gracias a una mano de Thierry Henry. En Sudáfrica, el divorcio con el público francés fue total: tras la expulsión de Nicolas Anelka de la competencia por haber insultado al director técnico durante el medio tiempo del partido contra México, los jugadores rechazaron entrenar en el campo de la ciudad de Knysna. La selección salió del torneo después de una derrota contra Sudáfrica 2-1. Última del grupo A con sólo un punto. De ese mundial los fanáticos franceses recuerdan la primera plana del diario L’Équipe que transcribió el insulto de Anelka, “vete a la mierda ¡hijo de puta!”, así como el famoso “fiasco de Knysna” que generó un escándalo en Francia, el cual fue abordado en un debate político de la Asamblea Nacional. Durante la Eurocopa 2012, la selección francesa, en vez de encontrar el perdón de sus fanáticos al fracasar en cuartos de finales, volvió a caer en sus errores: divisiones en el vestuario, la sensación de que no daban todo en la batalla y un comportamiento “inadmisible” de varios jugadores, como Harem Ben Arfa, quien desafió abiertamente el director técnico, Laurent Blanc. Entre 2006 y 2014, cuando la selección francesa jugaba en casa, recibía chiflidos de su público. Reconquista Pero el pasado 29 de junio, en vísperas del partido contra Nigeria (2-0), una encuesta ilustró un giro radical en la relación. En la mirada de los franceses, sus seleccionados estaban “motivados” (75%), eran “talentosos” (75%) y “simpáticos” (68%) y jugaban “con amor por su playera” (56%), mientras que 13% confiaban en que Los Azules saldrían campeones del Mundial de Brasil. El director técnico, Didier Deschamps, recibió por su parte 78% de opinión positiva, y casi la mitad de los entrevistados lo consideraron como el mejor director técnico de Francia de las dos últimas décadas. Deschamps encabezó la selección francesa a partir del 8 de julio de 2012, con el objetivo del mundial de Brasil en la mirada. El público recibió con entusiasmo su designación. Tenía experiencia. Participó como jugador en 103 partidos, en 52 de ellos como capitán del equipo, el record hasta la fecha; y contribuyó a que Francia ganara la Copa del Mundo en 1998 y la de Europa en 2000. Como entrenador, multiplicó los títulos con Mónaco y Marsella y permitió a la Juventus de Turín volver a la primera división de liga italiana. A pesar de las grandes expectativas que despertó en los franceses, Deschamps adoptó una estrategia defensiva y aburrida, por lo cual sus primeros resultados con la selección francesa decepcionaron: los jugadores mostraron el mismo rostro exasperante, sobre todo en la gira que realizó por Sudamérica en 2013, la cual concluyó con derrotas ante Brasil y Uruguay. De regreso al continente europeo, Deschamps regañó severamente a la selección. El delantero Karim Benzema llevaba entonces más de mil 222 minutos sin anotar gol. Gracias a una victoria de 3-0 contra Finlandia en el último partido de la fase de calificaciones, Francia logró llegar al repechaje contra Ucrania para calificar al Mundial de Brasil. El primer partido en Kiev resultó un desastre: la selección ucraniana, superior, derrotó 2-0 a sus oponentes, inconsistentes. Partido clave Cinco días después, con la espalda contra la pared, Deschamps apostó por cambios radicales: rompió con el esquema tradicional de la selección francesa (4-2-3-1, con un solo delantero en la punta del ataque), y sacó definitivamente del grupo a Samir Nasri, cuya actitud despertaba animosidad en el vestuario. Deschamps adoptó entonces un sistema 4-3-3 que modificó radicalmente la composición del equipo, incorporando jugadores más jóvenes para acelerar el juego. Así, cambió el eje central de la defensa: Raphael Varane (21 años) sustituyó a Eric Abidal (34 años) y Mahmadou Sakho (24 años) a Laurent Koscielny (29 años). En la media cancha sustituyó a Samir Nasri por Yohan Cabaye. Y en en el ataque cambió a Loïc Remy por Mathieu Valbuena, también conocido con el apodo de Pequeña Bicicleta. Al pasar el tiempo, este jugador chaparrito –mide 1.66 metros— se convirtió en un elemento clave en el esquema táctico de Deschamps, aportando velocidad y espontaneidad en el juego francés. En el segundo partido de repechaje, Francia derrotó a Ucrania 3-0, lo que le otorgó la calificación para el Mundial. El rostro del equipo cambió del todo entre la ida y la vuelta. La selección “mojó la playera” y los cambios de Deschamps dieron dividendos: Mahmadou Sakho anotó dos goles. Bajo la jefatura de Deschamps, quién impuso una mayor disciplina en las filas de Los Azules, Karim Benzema, Hugo Lloris, Franck Ribery y Patrice Evra asumieron el papel de los líderes del equipo de jóvenes, a raíz de lo cual modificaron su comportamiento ante el público y la prensa. Los franceses les perdonaron el papel protagónico que tuvieron durante la “huelga de Knysna”, ya que Evra fue el que leyó el comunicado de prensa escrito en el autobús, y Franck Ribery acudió a un canal de televisión para explicar las reivindicaciones de los jugadores. Asimismo, quedó en el olvido el “asunto Zahia”, en referencia al escándalo que sacudió la federación de futbol, al enterarse que una prostituta menor de edad prestó sus servicios a Benzema y Ribery, entre otros. Privado de Ribery debido a que se encontraba lastimado, Deschamps llevó al mundial un equipo de jóvenes –sólo Evra supera los 30 años— e inexpertos: 14 de los 23 jugadores seleccionados participaron por primera vez a una competencia internacional. La prensa francesa ya está pensando en Eurocopa 2016, que se llevará a cabo en Francia. El público observa con simpatía y esperanzas la evolución de los jóvenes hacia jugadores más maduros, y tiene grandes expectativas para la próxima competencia. Al salir del partido contra Alemania, el mediocampista Yohan Cabaye declaró a la prensa: “Con el grupo que estamos formando podemos realizar cosas muy bellas. Pero ahora volvemos a casa. Es más cruel que otra cosa”.

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