El hospital de la muerte

domingo, 10 de agosto de 2014
GUANAJUATO, Gto. (apro).- Una tras otra se acumulan las denuncias por presunta negligencia médica en el Hospital Comunitario de Villagrán, cuyo expediente negro acumula seis casos de recién nacidos fallecidos, dos más en estado delicado de salud y otro de una mujer con secuelas tras dar a luz. A la fecha, las madres de los recién nacidos y sus familiares han presentado cuatro denuncias ante el Ministerio Público en contra de personal médico y administrativo, por la presunta negligencia en la atención obstétrica brindada en ese nosocomio. Además, hay otras cinco denuncias públicas y quejas ante la Procuraduría Estatal de Derechos Humanos (PEDH) contra el Hospital y su personal, encabezado por Luis Antonio Chimal. A cuatro meses de dar curso a las quejas formales ante el propio hospital, Secretaría de Salud y PEDH, las afectadas y sus familias aguardan la intervención del gobierno estatal para corregir las anomalías y que se investigue y sancione al cuerpo médico y administrativo que pudiese tener responsabilidad en las muertes de los recién nacidos. “Tantos médicos y valió madres todo”, deplora en entrevista Marilú Zamora, la primera mamá del grupo de denunciantes que acudió ante las autoridades e hizo público su caso después de que su hija recién nacida falleció el lunes 3 de marzo. En los cinco días previos y posteriores al parto, Marilú fue atendida por cuatro distintos médicos que la regresaron en diversos momentos a su casa con el argumento de que no tenía la dilatación suficiente, aunque posteriormente ninguno pudo evitar que su hija ingiriera líquido amniótico y falleciera dos horas después de nacer a consecuencia del llamado “síndrome de aspiración de meconio”. “Me regresaron tres veces. Me presenté el jueves 27 de febrero, pues ese día cumplía 9 meses y tenía vómito y me dolía la cabeza, y poco antes me había hecho un ultrasonido. Llegué a urgencias y me dejaron unas horas con suero. La doctora Cristina me dijo que todavía me faltaba y me programó para el 6 de marzo para una cesárea, tuviera o no contracciones. Pero regresé el 28 de febrero porque me sentía mal. Me pusieron otra vez suero y la misma doctora me dijo que todo estaba bien, que no me preocupara y me mandó de nuevo a mi casa”, narra Marilú. Un día después presentó un sangrado que hizo a la mujer volver a urgencias del hospital comunitario. “Era un sangrado muy leve; mi esposo y yo creímos que ahora sí ya era momento del parto y nos pusimos muy contentos, lo estábamos esperando desde hace bien harto”. Pero otro médico, de apellido Chacón, determinó enviarla de vuelta a su casa luego de revisarla, ya que “llevaba muy poca dilatación, y me dijo que me pusiera a caminar”. Al día siguiente, 2 de marzo, se presentó y fue un médico distinto a los anteriores, de nombre Óscar, quien esta vez atendió a Marilú en urgencias. Una vez más indicó a la entonces embarazada que caminara. Marilú ya no se fue a su casa, y mejor se puso a dar vueltas en una cancha aledaña al hospital y, horas más tarde, volvió porque el médico le dijo que ya la iba a ingresar. No obstante, la enfermera que la recibió comenzó a interrogarla insistentemente sobre las contracciones. “¿No me estás echando mentiras?”, le dijo. “Ah, sí, es que yo quiero que me meta para que me tenga ahí esperando”, respondió la parturienta, ya molesta. Desde la cama, escuchó al médico dar instrucciones a las enfermeras, puesto que le iban a inducir el parto. “Yo no tenía contracciones, no sentía nada”, recuerda Marilú. Transcurrió más tiempo y la pasaron a otra cama. Dos médicos más, uno de nombre Felipe y posteriormente la doctora Rosa Linares, la sometieron a revisión. “Para la noche del día 2 yo ya tenía fuertes contracciones, ya no aguantaba. En la madrugada la doctora Linares me dijo que ya había roto la fuente, pero que no pujara porque la sala de expulsión estaba sucia y la iban a limpiar. Ya cuando me llevaron, ahí me di cuenta de que la fuente no se había roto. Mi hija nació y no la escuché llorar”. Más tarde, la doctora dijo a Marilú que su hija, nacida a las 3:35 horas, había ingerido sus heces y estaba grave… luego me informó que ya habían llamado a una ambulancia para llevarla a Celaya, porque ahí no tenían las cosas para atenderla. Le llevaron un tanque de oxígeno y no sirvió, ¿usted cree?”, rememora en medio de lágrimas. La ambulancia llegó hora y media después –cuando la distancia entre hospitales no consume ni 30 minutos--. A las 5:20 la bebé sufrió un paro respiratorio cuando estaba ya en el vehículo y murió. Debido a que Marilú se sentía mal después de dar a luz, le pusieron una inyección y se quedó dormida en la misma sala de expulsión. A las 5:30, cuando despertó, dejaron entrar a su esposo, quien le dijo que su hija había fallecido. La abuela de la niña se presentó con el director Luis Antonio Chimal y le exigió investigar lo sucedido con su nieta. Ese mismo lunes en la mañana entregaron el cuerpo a la abuela, sin ningún documento de por medio, otra irregularidad que se sumó a la pesadilla vivida por Marilú y su familia durante esas horas. “Ya hasta que yo estaba en piso me llevaron los papeles, el certificado de nacimiento y el de defunción. Una trabajadora social me dijo que había sido un delito haber sacado el cuerpo de la recién nacida sin el acta de defunción. ‘Qué bueno que el MP no se dio cuenta, porque eso es un delito grave; tu bebé no pudo haber salido sin esos papeles’, dijo”. La mamá de Marilú advirtió al director que presentaría una queja. Entonces Brenda Jeannette, jefa de calidad del hospital, se acercó a la abuela y la mujer formalizó la queja. La funcionaria prometió darle seguimiento al expediente. Encima de todo, Marilú continuaba presentando vómito y dolor de cabeza. Personal del hospital informó a la mujer que había sufrido una infección por el meconio, a pesar de lo cual la dieron de alta el martes, sin reportar esa infección en su hoja de salida. El 1 de abril, Marilú acudió a revisión médica y dejó una nueva queja por escrito en el buzón del director Luis Antonio Chimal. En mayo volvió y depositó una nueva carta pidiendo al funcionario investigar y deslindar responsabilidades. Y a fines de ese mes llamó a un número de atención de la Secretaría de Salud, donde grabaron su reporte y le dieron un número de folio “para el seguimiento”. Nadie la llamó ni la citó, ni nada. “Fue hasta que salió una nota en el periódico (a principios de junio) cuando todos los doctores y funcionarios a los que había buscado me empezaron a llamar. Incluso me llamaron del Seguro Popular, me dieron los teléfonos de Derechos Humanos y de la Secretaría de la Transparencia. Brenda Jeanette me vino a buscar a mi casa; me dijo que el director me mandaba saludar, me trajo un informe y me dijo que ella había estado al pendiente de mi caso. Pero ya habían pasado cuatro meses”, aclara la mujer. Según el informe, los médicos del hospital habían hecho bien su trabajo, pero resaltaban la tardanza con que la ambulancia de Celaya había llegado para trasladar a la bebé. “Pero nunca me dijeron por qué, si yo duré viniendo aquí cinco días, no me atendieron a tiempo”. Entonces interpuso su denuncia ante la PGJE, que quedó registrada con el expediente 10255/14 en la agencia 1 de Villagrán. Después de encabezar el viernes 25 de julio una marcha hasta el hospital, Marilú y otras mujeres que vivieron situaciones similares se reunieron con un funcionario de la Secretaría de Salud, quien pidió un mes “para tomar medidas y corregir las anomalías”. “Estamos pidiendo que destituyan al director, Luis Antonio Chimal Cisneros; a Eduardo Sánchez colín y a la jefa de calidad Brenda Jeanette, porque como encargados del hospital permitieron que pasaran estas cosas; han pasado por alto todas las quejas y denuncias. Como que no les importa. También queremos que sean presentados ante las autoridades los médicos responsables; que nos otorguen los tratamientos y medicamentos que necesitemos, nos den una atención digna y amplíen el hospital con mejor equipo, porque ya no es suficiente para toda la gente que lo requiere”. Negligencia sin freno Marilú se ha unido y ha acompañado a otras mujeres a presentar su denuncia ante el MP y el ombudsman estatal. El viernes pasado acompañó a dos mujeres más a la agencia de Villagrán, Beatriz y Montserrat. Beatriz Karina Rodríguez, de 18 años, acudió el 18 de julio al Centro de Atención Integral y de Servicios Esenciales de Salud (CAISES) de Villagrán, debido a contracciones por el término de su embarazo. La regresaron a su casa y volvió al hospital por la noche, donde pasó el tiempo hasta que un ginecólogo le dijo que su bebé “venía muy grande”. La joven pidió que la sometieran a una cesárea, pero una enfermera le dijo que no era necesario y la regresó a su casa. Cuando volvió al hospital, con cinco centímetros de dilatación, la ingresaron, pero pasaron varias horas sin que fuera revisada. El ginecólogo comentó a la joven que el bebé “venía muy grande”, pero otra enfermera le dijo que “para qué quería que la rajaran”. A las 22:00 horas, Beatriz fue llevada a la sala de expulsión y se le indicó que pujara, pero cuando médicos y enfermeras vieron que el producto no salía, sólo insistieron en que continuara pujando, por lo que ella pidió que llamaran a su familia para que la trasladaran a otro hospital. Luego de un fallido intento por hospitalizarla en Celaya, llegó al nosocomio de Salvatierra, donde de inmediato fue pasada al quirófano. Su hijo pesó 3.685 kilogramos, pero nació con una hemorragia cerebral, según narró Beatriz al portal www.zonafranca.mx Los médicos que practicaron la cesárea a Beatriz informaron que la hemorragia pudo producirse en el hospital de Villagrán, cuando se pretendió que ella diera a luz en un parto normal. Una de las más recientes denunciantes narró que en 2012, en un embarazo anterior, su hijo también sufrió el síndrome de aspiración de meconio durante el parto… en el mismo hospital comunitario de Villagrán. El recién nacido sólo vivió tres días. La denuncia de Beatriz quedó asentada con el folio 12774/14, después de un extenso interrogatorio por parte del personal del MP y el médico legista. “Nos trataron bien mal, yo iba acompañando a Beatriz y a la otra mujer que denunció por un caso similar, Montserrat, y las del Ministerio Público me preguntaban que yo a qué iba, me ordenaban que me saliera, que yo qué traía”, describió Marilú. Después de presentar estas nuevas denuncias, las mujeres, acompañadas por el regidor Emmanuel Reyes Contreras –presidente de la comisión de salud del ayuntamiento de Villagrán--, se reunieron con el coordinador de asesores de la Secretaría de Gobierno, Héctor García Cerrillo, quien ofreció tenerles resultados en 15 días, por encomienda del gobernador Miguel Márquez, según informaron a las quejosas. “Ya les dije que si no hacen nada, vamos a bloquear la carretera federal 45. Cuando fui yo a denunciar al Ministerio Público me acompañaron enviados de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y me trataron muy bien. El viernes que acompañé a Brenda y a Montserrat, todo lo contrario, pésimo”. “Si todas dijéramos nuestra inconformidad o la hiciéramos saber, nos harían más caso. Ya no tenemos que decir, ‘hoy fui al hospital y me tocó suerte de que me atendieran bien’”, señala Marilú. “No debe ser cuestión de suerte, sino de que hagan bien su trabajo y nos atiendan bien a todas. Al menos deberían cuidar su trabajo, porque ellos también tienen familia”, aconseja.

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