Un remedo llamado División de Gendarmería

viernes, 22 de agosto de 2014
El fracasado proyecto peñanietista de constituir una Gendarmería Nacional es reflejo de las serias inconsistencias imperantes en el aparato de seguridad interna del Estado, las cuales tuvieron su expresión más clara en la pugna desatada entre civiles y militares por el control de la nueva corporación. De plano, la Comisión Nacional de Seguridad no consiguió echar a andar el proyecto en el primer año y medio del gobierno de Peña Nieto, de manera que esa fuerza policiaca militarizada que se pretendía instituir al margen de la Policía Federal acabó gestándose como un remedo del muy ambicioso plan original. MÉXICO, D.F. (Proceso).- La propuesta de Enrique Peña Nieto de crear una Gendarmería Nacional para replegar a los militares a sus cuarteles acabó en mera intención. Pospuesta una y otra vez por indefiniciones y discrepancias al interior del gabinete de seguridad, la idea de crear una gran corporación inspirada en experiencias internacionales terminó reducida a un apéndice de la cuestionada Policía Federal (PF). La disputa entre civiles y militares por el control del que sería un nuevo cuerpo nacional de policía y la inoperancia de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) para echarlo a andar en el primer año y medio del gobierno de Peña Nieto trabaron la de por sí difícil creación de una corporación que a la larga se erigiría al margen de la PF como un cuerpo de policía militarizada encargado de lidiar con la inseguridad interna, como ocurre en Colombia, Chile, Francia e Italia, entre otros países. El plan original de Peña Nieto de crear una Gendarmería Nacional se frustró ante la negativa del Ejército y la Marina de ceder el mando de sus hombres a un civil, aseguran allegados a las negociaciones. Cuando los militares se apartaron del proyecto original, el gobierno federal se vio obligado a crear una división de Gendarmería dentro la PF. Pero enfrentó otro problema, la falta de policías federales dispuestos a convertirse en gendarmes. En diciembre de 2012, cuando Peña Nieto hizo el anuncio formal de la Gendarmería Nacional, aseguró que “no habría improvisaciones”. Pero el cambio de planes ha sido la constante en la CNS, el organismo de la Secretaría de Gobernación responsable desde el principio de crear la nueva corporación. Hasta su propio titular ha cambiado. Sin las precisiones sobre la estructura y funcionamiento de lo que harán los gendarmes de la Policía Federal, la CNS ha informado a cuentagotas lo que hará esa nueva fuerza y ha cambiado una y otra vez el inicio de su operación. El plazo más reciente fijado por la propia CNS se venció en los días finales de julio, sin que antes se haya anunciado el marco legal específico para su actuación, en una repetición de lo ocurrido el gobierno pasado, cuando Felipe Calderón decidió que los militares salieran a las calles a cumplir funciones de seguridad pública y a combatir el narcotráfico. Sin más respaldo que tesis jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Ejército y la Marina dispusieron entonces que más de 40 mil de sus efectivos salieran a las calles en la llamada “guerra al narcotráfico”. El anuncio de mayo de 2012 Aunque nunca fue expresa su intención de desaparecer a la PF, Peña Nieto anunció en mayo de 2012, cuando era candidato presidencial, la creación de una Gendarmería Nacional integrada por más de 40 mil efectivos militares que ya tenían experiencia en labores contra el narcotráfico, pero adelantó que estarían bajo un mando civil. Desde entonces, buscó el apoyo del gobierno de Francia y de su Gendarmerie National, institución policial de formación militar que depende del Ministerio del Interior (el equivalente de la Secretaría de Gobernación). De esa manera, al menos formalmente, Peña Nieto sacaría al Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina de las funciones de seguridad pública y, sobre todo, pondría a salvo a las Fuerzas Armadas de las acusaciones de violaciones a los derechos humanos con el pretexto del combate al narcotráfico, toda vez que durante el gobierno de Calderón tan sólo la Comisión Nacional de los Derechos Humanos abrió 9 mil expedientes en contra de militares por violaciones a la dignidad humana (Proceso 1882). Pero ante la negativa de los militares de renunciar a su antigüedad y prestaciones en sus institutos armados para convertirse en policías civiles con formación militar, Peña Nieto tuvo que modificar su propuesta inicial en cuanto llegó a la Presidencia y redujo a 10 mil el número de efectivos castrenses de lo que entonces todavía se concebía como Gendarmería Nacional. El cambio de planes lo anunció en la que fue su primera reunión con el Consejo Nacional de Seguridad Pública, el 17 de diciembre de 2012. Precisó que esa policía militar sería la responsable de “fortalecer el control territorial en los municipios con mayor debilidad institucional, así como instalaciones estratégicas, como puertos, aeropuertos y fronteras”. La PF, en tanto, aportaría 15 unidades enfocadas a combatir el secuestro y la extorsión. A partir de entonces, el responsable de crear el nuevo cuerpo policial fue el primer comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb, cargo al que había llegado desde la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. En febrero siguiente, luego de negociar con el Ejército y la Marina Armada de México, Mondragón anunció en una comparecencia ante comisiones de Gobernación y Seguridad Pública del Senado que la Gendarmería Nacional se integraría por 8 mil 500 soldados y mil 500 marinos. Por gestiones de la embajada de Francia en México, los secretarios de la Defensa Nacional, el general de división Salvador Cienfuegos, y el de la Marina, Armada de México, el almirante Francisco Soberón, viajaron a ese país para conocer la operación de la Gendarmerie National. El Ejército y la Marina dispusieron de la formación policial para los elementos comprometidos por cada fuerza, a los que había convocado en las regiones y zonas militares y navales de todo el país. El Ejército, incluso, a través de la Sección Quinta del Estado Mayor de la Defensa Nacional, responsable de los planes estratégicos de la Secretaría de la Defensa Nacional, proyectó la creación de bases regionales en todo el territorio. La Marina, a su vez, estaba concentrada en capacitación de labores de inteligencia para sus elementos que se sumarían a la Gendarmería Nacional. Las primeras fricciones Los problemas comenzaron cuando la Sedena y la Marina pretendieron el mando del nuevo cuerpo, la utilización de infraestructura de la PF y la gestión directa de la información de Plataforma México y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen). La oposición fue absoluta por parte de Miguel Ángel Osorio Chong, de quien dependen la Comisión Nacional de Seguridad, la Policía Federal, la Plataforma México y el Cisen. “Si nosotros vamos a poner los hombres, el mando debe estar en manos de militares”, era el argumento de los jefes castrenses en las reuniones del gabinete de seguridad, cuentan allegados a las reuniones consultados por Proceso. Otra molestia de la jefatura militar era que Mondragón no había gestionado recursos suficientes para la operación de la policía. De acuerdo con la propia CNS, en 2013 el presupuesto fue de mil 442 millones de pesos. Los militares estaban dispuestos a que la Gendarmería Nacional dependiera de un civil, como en Francia, pero querían el control de su gente; es decir, el mando operativo. Otro de sus argumentos era que la policía mexicana carece de una doctrina, por lo que un mando operativo civil no se entendería con los militares como subordinados. Osorio insistió en que el mando operativo tendría que ser civil. Los secretarios de la Defensa y Marina entonces se replegaron y retiraron a sus hombres. “Quieren un mando civil, entonces que se integre por civiles”, dijeron. Infranqueables las diferencias cívico militares, en junio del año pasado Osorio anunció un cambio radical en la idea inicial de Peña Nieto. De los 10 mil elementos que había anunciado, la cifra bajó a 5 mil, y de Gendarmería Nacional pasó a una división más de la PF sólo con el nombre de Gendarmería. Atrás había quedado el plan de presentar al nuevo cuerpo en el desfile militar del 16 de septiembre de 2013, según había anunciado el inspector general de la Comisión Nacional de Seguridad, Carlos Humberto Toledo Moreno. En mayo de 2013, durante el Quinto Foro sobre Seguridad y Justicia, Toledo aseguró que los elementos de la primera fuerza estaban “readaptando” su mentalidad militar al perfil policial y que el propósito era que al final del sexenio la Gendarmería Nacional tuviera una fuerza de entre 40 y 50 mil hombres, unos 15 mil elementos más que la PF. La realidad fue muy distinta. Alejados los militares de la propuesta de campaña de Peña Nieto y decididos sólo a dar entrenamiento militar a policías civiles, la CNS comenzó a improvisar. Primero, intentó transferir elementos de las distintas divisiones de la PF. Lanzó una amplia convocatoria, ofreciendo un grado inmediato superior a los mandos que aceptaran. A los comandantes que se animaran, además del grado ofreció mayores prestaciones. La respuesta fue pobre ante la falta de certeza sobre el funcionamiento de la nueva división y, sobre todo, por las dudas en cuanto al cumplimiento de las ofertas. Los suboficiales de la PF tampoco se animaron ante la posibilidad de perder algunos de sus ingresos y la movilidad constante que tendrían como gendarmes itinerantes. Sin respuesta de sus propios hombres, Mondragón entonces se vio obligado a proponer que gran parte de los elementos de la nueva división, excepto los mandos, fueran cadetes de la policía; es decir, jóvenes de nuevo ingreso a los que se les ha dado sólo medio año de capacitación policial y militar. Según informó la CNS al Congreso a principios de julio, se crearán 3 mil 928 plazas para la División de Gendarmería, mientras que la PF aportará mil 72 plazas de Policía Tercero que estaban vacantes, lo que da un total de 5 mil elementos. En su formación de policías militares de medio año, los cadetes han estado los primeros tres meses en la Academia Superior de la Policía Federal en San Luis Potosí, en el centro de mando de la PF en Ciudad Juárez y en instalaciones de Sonora, Veracruz y Sinaloa. Luego, han recibido entrenamiento castrense en el Campo Militar del Ejército en San Miguel de los Jagüeyes, en Huehuetoca, Estado de México, donde quedan concentrados en espera de la orden de iniciar operaciones. En el caso de los mandos, 360 en total, han sido entrenados por los gobiernos de Francia, Colombia e Israel, según la información entregada por Gobernación a los legisladores. El anuncio oficial Fue durante la 34 Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, realizada en agosto del año pasado, cuando Mondragón anunció que la división de Gendarmería entraría en operación en julio de 2014 con 5 mil elementos civiles bajo mando y operación civil. Ante la falta de un proyecto acabado, dio apenas una pista. Dijo que la Gendarmería “intervendrá para garantizar la seguridad de la población en rutas de tránsito de insumos y mercancías, de paso de migrantes, de producción agrícola, pesquera y forestal, y otras que pueden encontrarse vulneradas por la delincuencia”. Presionado por la Presidencia de la República ante la falta de concreción, durante las vacaciones de diciembre pasado Mondragón sacó a la calle a algunos cadetes de la Gendarmería. Desarmados y con un chaleco anaranjado como distintivo, fueron desplegados para auxiliar en la vigilancia del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y algunas casetas de peaje, además de realizar algunos operativos en carreteras. En una ceremonia de premiación a elementos de la PF, en ese diciembre, reiteró ante Peña Nieto que “los primeros 5 mil” elementos ya estarían operando en julio de 2014. “La Gendarmería no le va a fallar”, le dijo a Peña Nieto. Mondragón no aclaró si la nueva división seguiría creciendo. Manuel Mondragón salió de la CNS en marzo de este año, sin haber echado a andar la Gendarmería. Lo sustituyó Monte Alejandro Rubido García, un posgraduado en Francia que ha sido hombre del aparato de seguridad del Estado mexicano desde los años ochenta, aun antes de la creación del Cisen. Rubido no ha sido ajeno a los aplazamientos de la Gendarmería y en informar a cuentagotas sobre la nueva fuerza. En abril último, luego de comparecer ante ­diputados de la Comisión de Seguridad Pública, aseguró que de 90 mil aspirantes, sólo 5 mil fueron aceptados para ser cadetes. Reiteró lo que había dicho días antes en Silao, Guanajuato: que la Gendarmería sería una división de la PF y arrancaría el 13 de julio –el mes que acaba de terminar– con 5 mil 53 elementos, divididos en 357 cuadrantes en todo el país. Tres mil de los elementos cumplirán funciones de proximidad y 2 mil de reacción. Los gendarmes de proximidad se encargarán de la disuasión del delito en donde las policías Estatal o Municipal estén rebasadas, pero sus misiones serán temporales, por lo que operarán como unidades móviles, mientras que los de reacción por su naturaleza también serán itinerantes. En distintas declaraciones públicas, el comisionado ha identificado a Michoacán, Guerrero, Morelos, Estado de México, la región de La Laguna y el noroeste como zonas prioritarias. En Silao ya había dicho que los casi 360 mandos habían recibido capacitación extranjera; pero, sobre todo, aclaró que se trata sólo de una división más de la PF, la séptima, sin que tenga el propósito de sustituir a ninguna corporación. Su tarea será la de trasladarse a “donde la circunstancia de la presencia de fenómenos naturales o incidencia delictiva lo requiera”, dijo. Cuando Osorio anunció el cambio de nombre de Gendarmería Nacional a División de Gendarmería, dijo que la nueva fuerza reemplazará de forma paulatina algunas actividades de las Fuerzas Armadas. Aunque no precisó cuáles, la CNS ha informado posteriormente que los gendarmes cuidarán además de caminos rurales, instalaciones estratégicas del país, función ahora en manos del Ejército y la Marina. La idea de la policía de proximidad y de reacción surgió de un esquema similar al que opera en parte la Gendarmerie National de Francia, mientras que la vigilancia de los caminos y zonas rurales está inspirada en una de las divisiones de la Policía Nacional de Colombia, que a diferencia de Francia sí depende del Ministerio de la Defensa Nacional. De acuerdo con el informe de Gobernación a la Cámara de Diputados, la Gendarmería dispone de 4 mil 500 millones de pesos para este 2014: mil 279.7 para gastos de inversión, de los cuales 329.7 serán adquisición de vehículos, semovientes, 10 mil armas, cuarteles móviles y su equipamiento, y 950 para la instalación de cinco academias regionales. Otros mil 125 serán para la creación de las 5 mil plazas; 818.8 para la adquisición de materiales, suministros y acondicionamiento de las instalaciones de capacitación; 739 para el pago de becas a los cadetes y 537.5 para el pago de la capacitación y viáticos. Con la Gendarmería, a Peña Nieto le ha pasado lo que a Calderón, dice Victoria Unzueta, asesora en seguridad del grupo parlamentario del PRD en la Cámara de Diputados. Calderón pretendió el mando directo del combate al narcotráfico con un decreto por el que creó el Cuerpo de Fuerzas de Apoyo Federal, pero además de los riesgos políticos y legales de ser el primer responsable, no logró reformar la Ley Orgánica del Ejército y se vio obligado a dar marcha atrás. Tampoco, como Peña Nieto, logró que el Ejército y la Marina concretaran el traslado de 10 mil militares a la PF. “En su pretensión de crear un nuevo estado de fuerza en México, han dividido al gabinete de seguridad y terminan por improvisar disponiendo de grandes recursos, sin resolver el problema de la inseguridad”, asegura. Este reportaje se publicó en la revista Proceso 1970, el 2 de agosto de 2014.

Comentarios