"John el Yihadista", rapero y decapitador

viernes, 12 de septiembre de 2014

Gran Bretaña asegura saber quién fue el musulmán que decapitó a los periodistas estadunidenses James Foley y Steven Sotloff: es el británico Abdel Majed Abdel Bary, cuya historia está marcada por la injusticia, el rechazo y el aislamiento. Hijo de un refugiado egipcio acusado de haber participado en atentados terroristas, su infancia transcurrió entre violentos cateos a su casa. Encontró una válvula de escape en el rap y con el nombre de L Jinny grabó algunas piezas que aún circulan en YouTube. Su segunda conversión fue al radicalismo musulmán.

LONDRES (Proceso).- La exclusiva Randolph Avenue es una de las calles más pintorescas del multimillonario barrio londinense de Maida Vale. Ahí hay mansiones de cuatro pisos, típicas fachadas blancas del reino de los Jorges, árboles frondosos y Ferraris estacionados en la calle.

En Randolph Avenue viven modelos, celebridades, actores, políticos, empresarios rusos, aristócratas y, hasta hace exactamente un año, el británico de 24 años Abdel Majed Abdel Bary, identificado por los servicios secretos británicos (MI6) como el decapitador de los periodistas estadunidenses James Foley y Steven Sotloff, y uno de los yihadistas más buscados por las agencias de seguridad de Estados Unidos y Gran Bretaña.

En el más reciente vídeo emitido por el Estado Islámico (EI), el martes 2, el británico vestido completamente de negro y con el rostro cubierto afirma ante las cámaras: “Tú, Obama, has asesinado a través de tus acciones a otro ciudadano estadunidense”. Luego y con destreza degüella a Sotloff con un cuchillo de caza.

John El Yihadista, como es conocido Bary entre sus compañeros milicianos, había publicado el pasado marzo una serie de imágenes repugnantes posando con una cabeza en su mano. Esas fotos que él mismo difundió fueron tomadas en Ragaa, un bastión de EI. La foto tenía la leyenda: “Pasando el rato con mi vecino… o lo que queda de él”.

Bary había partido a Siria en agosto de 2013, dejando atrás la casa londinense de 1 millón de libras (1.7 millones de dólares) donde había crecido y donde vivía junto con sus cinco hermanos y su madre, Ragaa: una enorme vivienda social de cuatro pisos provista por la alcaldía de Westminster para familias refugiadas.

En entrevista con Proceso, la madre del joven cuenta cómo el miedo al “mundo exterior” y las “influencias occidentales” la obligaron a educar en casa a todos sus hijos, “para que no se radicalizaran”.

Fue en esa enorme vivienda donde les enseñó ella misma, dándoles clases en la cocina para que aprobaran los exámenes de secundaria.

“Fueron años difíciles en los que tuve que criar sola a una familia numerosa y sin la ayuda de nuestra familia en Egipto”, cuenta la mujer, de 58 años.

Exilio londinense

Ragaa se había casado con Adel Abdul Bary, un egipcio que recibió asilo político en el Reino Unido en 1990, y que 16 años más tarde fue extraditado a Estados Unidos para ser juzgado por los atentados de 1998 contra las embajadas estadunidenses en Tanzania y Kenia, donde murieron más de 200 personas.

Los servicios secretos británicos consideran a Adel un colaborador de Al Qaeda en Londres y uno de los lugartenientes más cercanos a Osama bin Laden en los primeros años de esa organización.

Ragaa conoció a Adel en 1981 en El Cairo, donde ella estudiaba negocios y empresas en la universidad local. En aquellos días la joven vestía jeans y camisetas de manga corta, llevaba el pelo suelto hasta la cintura y quería ser empresaria. Fue en la universidad donde, aconsejada por algunas compañeras, decidió asistir a mezquitas y comenzar a llevar el velo completo.

“En las mezquitas sentía algo completamente diferente. Me sentía totalmente calmada y en paz allí dentro”, cuenta Ragaa desde su casa en Maida Vale.

Ella y su hermana menor decidieron seguir las enseñanzas del Islam de forma más estricta y en una clase de estudios religiosos con un imán de El Cairo conoció a Adel, con quien se casó poco después de una visita de éste a Yemen. “Nos enamoramos rápido, la familia arregló la unión”, explica la mujer.

Ragaa supuso entonces que la vida de familia que siempre había imaginado con su marido estaba por comenzar, cuando Adel fue arrestado junto a otros miles de opositores al régimen de Hosni Mubarak. Pasó seis meses recorriendo cada una de las prisiones en Egipto para tratar de encontrar a su esposo. Cuando dio con él, había sido torturado durante semanas con choques eléctricos y encerrado en aislamiento.

“Era una joven cabeza dura y por supuesto que resistí todo lo que pude. Fue el orgullo lo que me mantuvo viva. Adel era el primer hombre de mi vida y quería apoyarlo”, narra.

Los primeros años de matrimonio fueron muy difíciles para Ragaa, pues Adel “era arrestado y semanas o meses después puesto en libertad, para ser nuevamente detenido”. En prisión era sistemáticamente torturado. La situación para la familia cambió cuando Adel logró viajar a Estados Unidos en julio de 1987, y más tarde al Reino Unido, donde llegó ayudado por Amnistía Internacional (AI).

Adel había finalizado en prisión sus estudios de derecho y mantenía contactos con AI, principalmente gracias a las campañas de activismo de esa organización para liberar a los opositores al gobierno de Mubarak.

En 1990 Ragaa logró juntar el dinero necesario y viajó con sus hijos a Londres, donde logró vivir cinco años en relativa calma. Bary nacería ese mismo año en la capital británica.

“Hablaba casi nada de inglés y salíamos ocasionalmente con mi esposo y los amigos de éste y sus esposas a los parques. Adel hacía todo por mí y por nuestros hijos. Yo estaba feliz porque lo tenía, porque él jugaba con los niños, los llevaba al parque. Llevábamos una vida normal y tranquila, como al principio en Egipto”, recuerda Ragaa.

Sin embargo, en el verano de 1998 Al Qaeda atentó contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, mató a 220 personas e hirió a casi 5 mil. Desde ese momento la vida de Ragaa y su esposo cambiarían para siempre.

Poco después del atentado, en octubre de 1998 la casa de la familia en Londres fue blanco de una serie de brutales redadas policiales; tras la última, Adel quedó detenido. Las redadas fueron presenciadas por sus hijos, entre ellos Bary.

“Una decena de policías ingresaron a la propiedad, pateando puertas y gritando el nombre de mi marido, revisando prendas, tirando libros y destruyendo todo a su paso. No tenía idea en absoluto de qué hacer, él era el que siempre sabía todo”, dice la mujer.

Adel terminó siendo apresado por supuestas actividades terroristas y vínculos con los atentados en Kenia y Tanzania, y enviado a distintas cárceles de Gran Bretaña antes de ser deportado a Estados Unidos en 2006.

Ragaa pasó a ser de un día para el otro la única persona a cargo de una familia de seis hijos, sin trabajo y sólo mantenida gracias a los subsidios de vivienda y asistencia del gobierno.

“Durante las visitas a prisión, dejaba que mis hijos hablaran con él, jugaran con él, y yo sólo los miraba. Pensaba cuán injusto sería para ellos que sólo conocerían a su padre en prisión”, dice Ragaa, quien ahora culpa a esas experiencias y ese trauma por la radicalización de su hijo.

Para ella y los niños, los controles de seguridad a los que eran sometidos cuando visitaban al padre eran cada vez más traumáticos, con requisas y palpado de cuerpos, gritos racistas y hasta amenazas con perros olfateadores. Ragaa dijo sentir siempre mucha hostilidad de los guardias, no sólo por ser egipcia, sino por su fuerte acento y por el hecho de que su esposo fuera un prisionero “clase A”, la de mayor peligro.­

Con los años la familia terminó quedando más aislada en su vivienda de Londres, evitando visitas y todo contacto con el mundo exterior. Esas preocupaciones hicieron que Ragaa padeciera de problemas de salud, ansiedad, depresión e insomnio.

Mientras sus hijos le escribían cartas a su padre y le enviaban dibujos, ella debía soportar abusos racistas de empleados municipales cada vez que iba a cobrar sus subsidios de manutención y vivienda a la oficina de ayudas públicas cercana a su casa.

“Mi vida desde entonces ha ido cuesta abajo. Sólo me dedico a mis hijos, pero ahora lo que ha ocurrido con Bary nos ha destrozado a todos. Su partida a Siria fue un golpe terrible para la familia y dudo que volvamos a verlo”, señala.

El rapero radical

Ragaa evita hablar mucho de su hijo en Siria, quien para escapar a la realidad optaba por escuchar música y componer canciones. Luego de finalizar sus estudios secundarios en casa, Bary decidió convertirse en un rapero apodado L Jinny. Gracias a sus esfuerzos y a la ayuda de algunos amigos logró que Radio 1 de la BBC pasara varios de sus temas, algunos de ellos con mensajes políticos y críticas al gobierno británico. Incluso subió varios videos de sus canciones a YouTube.

“No puedo diferenciar los ángeles de los demonios/ que se desintegran en mi corazón/ No tengo sentimientos normales” cantaba, en 2012, L Jinny, quien usaba ropa de marcas deportivas y la típica vestimenta de un joven de familia adinerada londinense.

De adolescente Bary se había interesado en la política, principalmente tras escuchar las historias de su padre y vivir en Gran Bretaña durante las protestas multitudinarias en Londres contra la participación británica en la guerra de Irak (2003).

Su activismo político lo llevó a sumarse al grupo anticapitalista Anonymous. Junto a dos raperos de ese movimiento llegó a grabar una canción en apoyo de los activistas hacker o hacktivistas, con un video hecho frente a la catedral de San Pablo, en pleno centro de Londres. A través de Anonymous, Bary conoció al activista político y clérigo islámico Anjem Choudary, quien lo radicalizó.

“Dejo ahora todo por el bien de Alá”, publicó en octubre pasado en su cuenta de Twitter, con el nombre de ItsLJinny. Ya estaba en una Siria ensangrentada por la guerra civil.

Choudary, a quien los servicios secretos británicos calificaban como una de las personas más peligrosas de Gran Bretaña, había sido director de la Sociedad de Abogados Musulmanes y luego del grupo Islam for UK, grupo extremista prohibido por las leyes antiterroristas británicas el cual pedía que el país se convirtiera en un Estado islámico siguiendo los estrictos preceptos de la sharia (ley islámica).

Según Choudary, de 46 años, es “responsabilidad” de todos los musulmanes defender Irak y Siria y apoyar la creación de un califato islámico en la región. Sus enseñanzas influyeron además en Michael Adebolajo y Michael Adebowale, los musulmanes que decapitaron a plena luz del día el 22 de mayo de 2013 al soldado inglés Lee Rigby fuera de la base militar de Woolwich (sureste de Londres).

El clérigo fue filmado días después diciéndole a sus seguidores que el asesinado soldado de 25 años iba a ser torturado en el infierno “por no haber sido musulmán”. También alabó a los atacantes suicidas responsables de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y del 7 de julio de 2005 en Londres.

Bary fue uno de varios jóvenes musulmanes británicos que entraron en contacto con Choudary, atraídos a él por sus feroces críticas al gobierno del Reino Unido tras la participación militar en las guerras de Irak y Afganistán. Pese a los esfuerzos de Ragaa, Bary decidió ir a Siria “sin importarle en absoluto las consecuencias”.

“Cortó todo lazo con nosotros. Ya no era mi hijo. Esas personas con las que estuvo transformaron a un joven que podría haber sido una gran estrella de rap en un extremista lleno de odio y venganza”, explica la mujer.

Ahora los peritos especializados en fonética que trabajan para el MI6 lograron identificarlo como el responsable de la decapitación de Foley y Sotloff, utilizando equipos de alta sofisticación de reconocimiento de voz y comparando ambos videos de las decapitaciones de los reporteros.

Los agentes descubrieron que Bary también utilizaba como apodo Abu Kalashinov­ y Soldado de Alá, y que su cuenta de Twitter había sido suspendida varias veces por enviar mensajes extremistas, entre ellos uno en el que incluía una imagen de él junto a un gran arsenal.

Además determinaron que antes de la decapitación de Foley, Bary se comunicó por Skype desde Siria con la familia del reportero en Estados Unidos, para persuadirlos de pagar un rescate multimillonario, dinero que iría a las arcas del EI, pero que finalmente no se pagó.

Los agentes británicos habrían identificado además a los otros dos musulmanes británicos que actuaron con Bary para decapitar a Foley: Abu Hussain al-Britani, de 20 años, y Abu Abdullah al-Britani, de 23, también seguidores de Choudary.

Pero tanto John el Yihadista como sus dos supuestos cómplices, a quienes en conjunto sus compañeros milicianos llaman Los Beatles por su nacionalidad inglesa, son sólo algunos de al menos mil 500 musulmanes británicos que habrían partido de Gran Bretaña el último año para combatir en Siria e Irak, sumándose a las filas del EI, atraídos por la creación de un nuevo califato.

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