Escocia: divididos por la independencia

miércoles, 17 de septiembre de 2014

A unas horas de celebrarse el referéndum por la independencia de Escocia, el cual podría poner fin a más de tres siglos de adhesión al Reino Unido, un muro invisible parece haberse levantado entre los escoceses, divididos ahora en sus opiniones acerca del futuro del país en lo económico y lo político... mientras tanto, las alarmas se prendieron en Londres y el gobierno de David Cameron ha empezado a prometer algunas libertades para esa norteña nación.

EDIMBURGO (Proceso).- “¿Eres del sí o del no?”, es la pregunta que más se escucha en las calles de Edimburgo, Glasgow o Aberdeen, en los tradicionales pubs de las Highlands o en los suburbios obreros de Dundee, Inverness y Clyde.

Desde 2007, cuando el Partido Nacional Escocés (SNP) formó un gobierno encabezado por su jefe, Alex Salmond, Escocia quedó sumergida en un profundo debate acerca de su futuro dentro del Reino Unido, sus lazos con Europa, el manejo de sus reservas de crudo en el Mar del Norte y la viabilidad del programa de misiles nucleares en los submarinos fondeados en Glasgow.

Esos debates comenzaron en los programas televisivos de la BBC Scotland y en los diarios más leídos del país –The Scottish Sun y Daily Record–, y se trasladaron a las familias y a las mesas de bares y restaurantes, donde las conversaciones giran ahora sobre los temas del déficit fiscal o el gasto del sector público en caso de independencia.

En una serie de entrevistas hechas por este corresponsal, ciudadanos escoceses exponen sus diferencias en un tema cada vez más divisorio.

Temple Melville, de Glasgow y quien trabajó más de 35 años en la inmobiliaria Temelco, dice ser “del bando del no”, principalmente por la incertidumbre que generaría la independencia: “No creo que los nacionalistas escoceses hayan analizado esto en lo más mínimo o calcularan apropiadamente los costos. Una de mis mayores objeciones es que la campaña parece estar basada en la emoción, en lugar de la racionalidad”.

La campaña “Yes Scotland” –lanzada por el SNP el 25 de mayo de 2012– aboga por una Escocia independiente de todos sus lazos con el Reino Unido (económicos, financieros, fiscales y políticos), en tanto que “Better Together” (Mejor Juntos) –encabezada por el exministro laborista Alistair Darling y quien tiene el apoyo de los tres principales partidos políticos británicos: conservadores, laboristas y liberales democráticos– llama a los escoceses a votar contra una secesión que, sostiene, perjudicará las finanzas y la viabilidad económica del país.

“Mensaje emocional”

El jueves 18, los escoceses mayores de 16 años podrán responder en el referéndum a la pregunta: “¿Debería Escocia ser un país independiente, sí o no?”.

“Me sorprende que nos convoquen a votar sobre un tema tan importante cuando habrá tantos factores imponderables incluso si gana el ‘sí’. Ambas partes deberán negociar un año y medio después de un voto ganador a favor, lo cual significa que habrá todo tipo de tratos y concesiones. Esto es como poner la carreta antes que el caballo. Éste sería un voto mucho más transparente si las negociaciones se hubieran hecho antes del referéndum”, dice Melville.

Admite además sentirse “resentido” por ser acusado, como tantos otros, de “antipatriota” por oponerse a la independencia: “Muchos de quienes vamos a votar en el referéndum sentimos que tenemos responsabilidades a la hora de poner comida en la mesa para nuestras familias o pagar los servicios. A todos nos gustaría ser románticos sobre el tema, pero hay muchas realidades duras acerca de la separación y no creo que los nacionalistas hayan pensado en eso”.

Los políticos escoceses, sostiene, “utilizan un mensaje emocional acerca de que Escocia ha sido violada y saqueada por los ingleses”, algo que considera “una estupidez… Si no fuera por muchas familias inglesas que eligieron vivir aquí, nuestra economía no sería lo que es”, remata.

Pero su hija Caroline Wylie, de 38 años y empresaria al frente del grupo Virtual Assistants, se define como una “enérgica independentista”.

“Voy a votar por el ‘sí’ por muchas razones. Considero que los nacionalistas, desde su llegada al poder, han logrado muchas cosas que demuestran que pueden gobernar. Me gusta vivir en un país donde las medicinas son gratuitas, como la educación universitaria, y donde el gobierno ha cumplido sus promesas presupuestales”, explica Wylie en clara oposición a su padre. “Quiero que Escocia sea responsable de sus propios impuestos y su financiación. Creo que lograremos generar más dinero que todo el que gastamos”, sostiene la joven empresaria.

“La mayoría de los políticos son egoístas y sólo se importan ellos, Pero el SNP es diferente; le interesa el escocés común. Tenemos la oportunidad ahora de quitarnos toda la basura de Westminster (el gobierno británico), la enorme administración corrupta y burocrática que no nos representa”, concluye.

Orgullo y prejuicio

Los hermanos McKenna, oriundos de Edimburgo, también están divididos por el tema, al grado de haberse distanciado durante meses.

Brendan, de 48 años, es un asesor de mercadeo quien dice sentirse orgulloso “de ser británico y escocés”. “La independencia es algo bonito, es una idea romántica que tiene mucho peso emocional. Pero su justificación es muy débil para tomarla en serio. La campaña por el ‘sí’ ha sido creada casi enteramente sobre las bases de nuestras reservas de gas y petróleo, como también de las energías renovables, a partir de información que ahora parece incorrecta. Esto me lleva a pensar que otros temas han sido exagerados por los políticos para ganar votos. Estoy orgulloso de nuestra historia escocesa, pero también de la historia que compartimos con el Reino Unido”, subraya.

Brendan también considera que Salmond “no tiene el mandato” para convocar a un referéndum, pues en 2011 fue elegido con menos de 60% de los votos. “Así que un grupo pequeño y poco representativo de ardientes separatistas nos ha empujado a una campaña que no buscábamos. Han tomado ventaja de las medidas de austeridad (del gobierno británico) para subirse a la cresta de la ola”, manifiesta.

Por otro lado su hermana Clare, de 53 años y trabajadora social, piensa que los ajustes del gobierno británico han perjudicado a Escocia y por ello el país debe gobernarse independientemente.

“Comencé a estudiar temas económicos y sociales, y me di cuenta del enorme impacto negativo de las políticas de Londres en muchas personas muy pobres y vulnerables”, dice.

Agrega que suele enfrentarse diario con su hermano por el tema de la independencia. “Para mí es una oportunidad única de rechazar las políticas neoliberales que están en el centro del poder en Westminster. Esas políticas tratan de proteger los intereses de una pequeña élite política y a sus ricos simpatizantes”.

Explica que en su trabajo, en la fundación benéfica Mungo –la cual ayuda a ancianos, personas sin hogar y exadictos–, vio en directo los efectos de las políticas de austeridad del gobierno británico: “He visto el dolor y sufrimiento que el gobierno de Westminster provocó en las familias vulnerables de Escocia. Y ahora tenemos la oportunidad fantástica de rechazar la codicia, la corrupción y el interés personal del gobierno británico, para crear un nuevo tipo de política en Escocia”, indica.

Dice que votará por el “sí” porque si gana el “no”: “Escocia se convertirá en el hazmerreír del mundo (…) Dirán que teníamos la oportunidad de quedar al frente de nuestro propio destino y tomar nuestras propias decisiones, y que tuvimos miedo de dar el paso final. ¿Por qué deberían tomarnos en serio?”.

La pareja de pensionados Phil y Rosemary Brown, de 78 y 74 años y residentes de Aberdeen, tiene una larga historia de experiencias en común; sólo los separa un tema: el futuro de Escocia.

“Voy a votar por el ‘sí’ porque no veo por qué no podamos ser un país independiente como otras naciones de nuestro tamaño. Suelo escuchar a la gente hablar de las jubilaciones y si (en una Escocia independiente) estarán seguras. Por supuesto que sí. Definitivamente más seguras que bajo el gobierno británico.

“También quedé horrorizado cuando me enteré que el gobierno británico quiere gastar unos 21 mil millones de dólares en el programa (de misiles nucleares) Trident para los próximos 10 años. Escocia tendrá que pagar más de mil 700 millones de dólares sólo por mantener esos submarinos nucleares en nuestras aguas. Es algo inmoral”, indica Phil.

Rosemary sostiene que “hay demasiadas cuestiones sin resolver” en el debate por la independencia y por eso votará contra esa opción: “Hay muchas cuestiones poco claras, como el futuro de la libra esterlina o cómo costearemos muchos de nuestros gastos. De hecho, no creo que los nacionalistas tengan la respuesta”.

La jubilada se definió también como una “patriota escocesa”, pero considera que los riesgos de una Escocia independiente “no han sido considerados cuidadosamente por los nacionalistas. Esos errores afectarán a muchas personas de a pie, y tal vez a jóvenes que están comenzando una familia y no saben qué les deparará el futuro”.

Las divisiones políticas en las familias escocesas llevaron a que el moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, Alexander McCall Smith, convocara el mes pasado a un servicio de reconciliación en Edimburgo luego del próximo referéndum.

McCall también expresó tristeza al considerar que ahora y más allá del resultado del voto, “Escocia es un país dividido”.

De todos modos el historiador y profesor de la Universidad de Edimburgo Tom Devine, autor de más de 30 libros, incluidos los clásicos Escocia y el Imperio británico (Oxford University Press, 2011), La nación escocesa: 1700 a 2000 (Penguin, 2006) y El imperio de Escocia: 1600-1815 (Penguin Allen Lane, 2003) cuenta a Proceso que disiente de esa posición.

“Lo que he visto en las familias y en los pubs, en los debates públicos en los que he participado, es sobre todo que se están dando debates serios, feroces, muy fuertes y un interés renovado por la política y lo que ello conlleva”, explica.

“Pero no veo evidencia alguna de que la división política haya causado ese tipo de división social que ve McCall Smith”, advierte el experto, quien apoya la independencia.­

“El Parlamento escocés ha demostrado ser competente y representar al pueblo; está casado con una agenda social y democrática y con valores políticos que fueron creados en el Estado de bienestar de finales de los cuarenta y en los cincuenta”, continúa. Según él, la economía escocesa “ha mostrado una transformación silenciosa” de industria pesada a un modelo más diversificado.

“Tenemos un sistema económico resistente y reservas de uno de los factores más importantes para un Estado independiente: poder. Poder a través de los bienes de petróleo y también a través de la potencial energía eólica. En esto, Escocia es desproporcionadamente dotada, comparada con casi todos los países europeos”, concluye.

Lo cierto es que el domingo 7 el semanario británico The Sunday Times generó revuelo en Londres al publicar el primer sondeo que le dio al “sí” una ventaja sobre el “no” en pro del referéndum independentista.

Según esa encuesta realizada por la consultora YouGov entre mil 84 personas entre el martes 2 y el viernes 5, si se tienen en cuenta los votantes aún indecisos, 51% de los electores en Escocia votaría por el “sí”. En sólo un mes la campaña a favor de la independencia logró mejorar 22 puntos, que haría que el país se separe del Reino Unido por primera vez desde el 1 de mayo de 1707.

El sondeo del Sunday Times indica que el apoyo a la independencia entre los votantes laboristas subió 18% en las últimas cuatro semanas para llegar a 35%; el “sí” de los menores de 40 años pasó de 39 a 60%, y entre los obreros, de 41 a 56% en el mismo lapso. Las mujeres, las cuales habían mostrado niveles más bajo de apoyo a la independencia comparadas con los hombres, ahora subieron su porcentaje de 33 a 47.

Otra encuesta –elaborada por Pollsters Panelbase para el grupo proindependencia Sí Escocia– ubicó a los favorables a la independencia con 48%.

Un triunfo de los independentistas llevaría a intensas negociaciones con Londres acerca del futuro de la libra esterlina (moneda que el gobierno británico no acepta compartir), la deuda nacional de Escocia (de entre 161 mil y 210 mil millones de dólares), las reservas de gas y petróleo del Mar del Norte y la base de submarinos Trident en Clyde. Además si los escoceses votan por abandonar el Reino Unido deberán renegociar su inclusión en la Unión Europea (UE). La independencia sería oficialmente declarada el 24 de marzo de 2016.

Luego de conocerse los resultados del sondeo del Sunday Times, el ministro de Hacienda, el conservador George Osborne, prometió mayor autonomía para Escocia si ese país vota contra la independencia. El gobierno de Cameron se comprometió así a acordar una transferencia de competencias y poderes a la nación que prevería una “mucho mayor” autonomía para gestionar impuestos y servicios públicos.

Sin embargo para Salmond la oferta es “una medida de pánico” ante el avance del “sí”: “Intentan sobornarnos, pero no funcionará porque no tienen credibilidad alguna, dijo recientemente a los medios. Finalmente los votantes decidirán en las urnas si mantener el ‘status quo’ o romper las cadenas que nos ataron durante siglos a los británicos”, subrayó enérgico el promotor del plebiscito.

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