Ante "Odile", imprevisión, catástrofe y actos de lucimiento presidencial

Si bien algunas autoridades anticipaban la catástrofe ante el inevitable golpe de Odile a Baja California Sur, el huracán tomó a la población desprevenida y, por consiguiente, desprotegida. Ahí donde la comitiva presidencial consiguió llegar en dos ocasiones sin problemas y de manera tardía, no llegó la ayuda más indispensable, como los equipos de salvamento y los víveres, lo que dio pie al saqueo y al pillaje. Ahí donde las fotos pudieron captar a un sonriente Peña Nieto “atendiendo” a los damnificados, ignoraron la verdadera tragedia: la de miles de familias que siguen incomunicadas, sin techo, sin agua, sin servicio médico, sin seguridad, en el más completo desamparo… He aquí el registro de estos hechos efectuado por reporteros del semanario tijuanense Zeta, compartido a los lectores de Proceso.

LOS CABOS, BCS.- Desde hacía 60 años Baja California Sur no recibía el impacto de un huracán categoría 3, como Odile, que golpeó la península el lunes 15. Aun cuando las autoridades federales y locales sabían que la llegada del fenómeno meteorológico era inminente, turistas mexicanos y extranjeros, así como habitantes de la entidad denuncian que no fueron prevenidos acerca de la gravedad de lo que se venía, lo que indica que el Sistema Nacional de Prevención de Desastres nuevamente fracasó.

Para muchos, lo que iba a ser una noche de fiesta patria con fuegos artificiales, comida, baile y bebidas se convirtió en infierno. Ese día rachas de viento de 275 kilómetros por hora provocaron ráfagas de lluvia horizontal que arrasaba con todo. Y cuando pensaban que después de la tormenta vendría la calma, lo que llegó fue la rapiña y el saqueo perpetrados por grupos de jóvenes embozados que robaron casas, comida, agua, electrodomésticos.

Mao Fabian, habitante de San Lucas en Los Cabos, describió el paisaje de esta manera en su cuenta de Facebook: “No hay palabras para describir la situación en Los Cabos. El huracán nos destruyó, pero lo peor ha sido la rapiña y saqueo a las tiendas. La Mega, Walmart, Soriana, Costco y demás ya no existen. Esto es una zona de guerra. No hay comida ni agua ni luz ni comunicación, tampoco gasolina ni medicinas. No hay dónde comprar víveres. El problema más grande es la inseguridad. Es una vorágine de saqueos. Las escenas son dantescas especialmente en San Lucas. No hay presencia policiaca, no está el ejército. Ya comenzaron los asaltos a las casas y a la gente. Los vecinos prenden fogatas y hacen guardias con palos y botellas para defenderse, ya que los delincuentes se agrupan y atacan para robar. Se escaparon los reos de la cárcel. Hoy es el tercer día y aun no se ve el ejército. URGE EL EJERCITO HOY!!!! La situación se deteriora hora con hora. Mi familia y yo fuimos evacuados, pero los que se quedaron no tienen qué comer”.

Aunque hace 38 años el huracán Liza impactó severamente la península californiana, Odile superó los destrozos, cuantificados en 12 mil millones de dólares por el director de Daños y Autos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), Luis Álvarez Marcén... Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1977 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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