Derechos humanos: "arma de doble filo" para los gobiernos de México

miércoles, 24 de septiembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- Cuando en 2002 México votó en Ginebra una resolución sobre los derechos humanos en Cuba, este tema se convirtió en un “arma de doble filo” para los gobiernos del país, sobre todo a partir de la administración de Felipe Calderón, y “también lo será para la de Enrique Peña Nieto”, aseveró hoy la internacionalista Olga Pellicer. Explicó que ese voto –el cual provocó una crisis diplomática entre los gobiernos de Vicente Fox y Fidel Castro – reflejó un cambio de posición de México en materia de derechos humanos. Antes, México asumía una “postura defensiva” que provocaba su aislamiento o que terminaba acompañando a países como Irán o Corea del Norte. Al romper esta actitud, dijo, México adoptó acciones progresistas en el ámbito internacional: sus diplomáticos abogan a favor de los derechos humanos en los foros internacionales, y el país recibe relatores especiales de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la tortura, las cárceles o las mujeres. Sin embargo, señaló que este discurso internacional de avanzada “encubre la situación interna de los derechos humanos, sobre todo a partir de las graves violaciones que ocurrieron durante el sexenio de Calderón”. Pellicer –internacionalista con una larga carrera diplomática-- expuso lo anterior durante la presentación del libro La Conexión: México-La Habana-Washington, escrito por Homero Campa, coordinador de la sección Internacional de la revista Proceso. En dicho evento –realizado en la escuela de periodismo Carlos Septién García--, Marieclaire Acosta, presidenta de la oficina en México de la organización Freedom House, recordó que el gobierno de Calderón presumió la reforma constitucional en materia de derechos humanos de 2011. Sin embargo, señaló que ésta fue resultado de la presión de Naciones Unidas, de las organizaciones de la sociedad civil y de algunos legisladores. De hecho, sostuvo que en un principio Calderón se opuso a dicha reforma. “Me consta. Yo estuve ahí”, comentó Acosta. Anteriormente, en 2002, Acosta era subsecretaria de Derechos Humanos de México y como tal encabezó la delegación del país ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que sesionaba en Ginebra, Suiza. Si bien recordó que “el peso de Estados Unidos era enorme” para sancionar a Cuba, Acosta afirmó que el texto de la resolución sobre la isla fue producto de una iniciativa latinoamericana: “El embajador de Washington en Ginebra lo conoció apenas unas horas antes de su presentación”. Cuba y el PRI En enero pasado, el presidente Peña Nieto realizó una visita a Cuba para “relanzar” las relaciones con la isla. A pesar de ello, México no recuperará la “relación especial” que mantenía con el régimen de Fidel Castro en los tiempos de la Unión Soviética, planteó Pellicer. “Ya no existen las condiciones para volver a la época dorada”, dijo. Y enumeró las razones: Cuba sustituyó a México como interlocutor privilegiado en América Latina. Su lugar lo ocupan ahora Venezuela y Brasil. Luego, “a Estados Unidos ya no le interesa que México desarrolle una relación especial con Cuba”. Y dentro de México el PAN y otros poderes, como Televisa, obstaculizan un acercamiento entre ambos gobiernos. Por su parte, Homero Campa --quién desempeñó como corresponsal de Proceso en Cuba durante 7 años-- planteó que durante la Guerra Fría “se estableció una especie de relación triangular entre México, La Habana y Washington en la que, de algún modo, los tres países conocían las reglas del juego y los márgenes de maniobra, y de la que todos intentaron sacar provecho”. Como parte de ello, explicó Campa, Fidel Castro mantuvo una excelente relación con los gobiernos priístas. El periodista lo ilustró al comentar que, a diferencia de lo ocurrido en otros países de América Latina, el régimen cubano nunca apoyó a la izquierda mexicana, ya sea en su expresión armada o electoral. Por ejemplo, Castro tenía una deuda moral hacia el general Lázaro Cárdenas, quién intercedió en 1957 para que los hermanos Castro y Ernesto “Che” Guevara, entre otros, salieran de la cárcel y embarcaran en el yate “Granma” para iniciar la guerrilla en Cuba. Sin embargo, Fidel se abstuvo de apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas, cuando el candidato de izquierda denunció que hubo fraude en las elecciones de 1988. Y no sólo esto: el cubano asistió a la toma de posesión del rival de Cárdenas, el priísta Carlos Salinas de Gortari, avalando con ello el triunfo de éste ante una izquierda mexicana que impugnaba dichos comicios. El propio Salinas supo sacar provecho de su buena relación con Castro. Cuando salió de México en diciembre de 1994, tras chocar con el nuevo presidente Zedillo, “cobró” a Castro la mediación que realizó entre La Habana y Washington durante la “crisis de los balseros” en 1994. Fidel acogió Salinas en la isla, donde nació el hijo de su segunda esposa. No estar de espaldas Después de la caída del muro de Berlín en 1989 y la dislocación posterior de la Unión Soviética, Cuba entró en una grave crisis económica y perdió de su importancia estratégica para México aunque, según Pellicer, “se mantuvo una inercia en la muy buena relación con los dirigentes cubanos”. Por su parte, México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, con lo que entró en una relación casi exclusiva con Estados Unidos. Hoy en día, “la actuación de México se ve acotada por el inmovilismo de Estados Unidos y Cuba” observó Acosta, al precisar que Washington –y sobre todo la parte republicana del Congreso-- sigue cerrado a la apertura con el régimen castrista, mientras que la isla emprende cambios estructurales a un ritmo demasiado lento. “México no debe estar de espaldas a Cuba”, estimó Campa, al subrayar que tanto México como Cuba representan las fronteras de América Latina con Estados Unidos, y ambos lo han utilizado en la historia para equilibrar sus relaciones con Washington. Además, “Cuba es nuestra tercera frontera y, para bien o para mal, lo que ocurra en ella terminará por afectarnos”, sostuvo. Puso un ejemplo: después de que Raúl Castro eliminó el “permiso de salida” en enero de 2013, más de 14 mil cubanos arribaron a Estados Unidos a través del territorio mexicano entre enero y finales de julio de 2014 –una cifra superior en un 40% a la del año anterior--, planteó Campa, al añadir que ello ha propiciado el florecimiento de bandas del crimen organizado dedicadas al tráfico de ciudadanos de la isla. “El gobierno mexicano debe tener interlocución con el régimen de la isla y capacidad de influencia”, insistió, “ya sea para acompañar cualquier proceso interno o para lanzar una iniciativa regional que impida a otros países, en particular Estados Unidos, imponer un ‘cambio de régimen’ o un ‘gobierno a modo’ en la nación caribeña”.

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