Leñero: Treinta y cinco años alrededor de Julio

sábado, 10 de enero de 2015

En 2007, el consejo rector de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) otorgó un reconocimiento al mexicano Julio Scherer García, el colombiano José Salgar, el brasileño Clóvis Rossi y el uruguayo Hermenegildo Sábat, quienes a su juicio “encarnan los más altos valores del oficio”. Con ese motivo la fundación y el Fondo de Cultura Económica editaron un libro en homenaje a los premiados, en el que se incluyó un perfil de Scherer escrito por su amigo y compañero de trayectoria, el también añorado maestro Vicente Leñero. Aquí recuperamos los fragmentos esenciales.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- A retazos, con páginas arrancadas a mis propios recuerdos, en un obsesivo collage de viejos textos o de pequeños añadidos y rápidas anécdotas que dicta la memoria, intento esta semblanza en borrador de Julio Scherer García que la miopía de la amistad –ese verlo y verlo durante años tan de cerca– impide convertirla en un perfil más fiel, más apartado de una visión estrictamente personal. Es un intento, un breve testimonio de hermandad.

1972

Julio no regresaba aún a la mesa.

–¿Y de veras es muy honrado el director?

–No sabes –exclamó Froylán, Froylán López Narváez–. A mí me tocó presenciar una escena inolvidable. Estaba yo en su oficina cuando llegó el mensajero de un secretario de gobierno y le entregó un sobre. Tomó el sobre, lo dejó en el escritorio y siguió con la cháchara. Hasta muy al rato cayó en la cuenta, abrió el sobre y encontró un cheque de muchos ceros. Furioso salió disparado de la oficina y en mangas de camisa, como estaba, alcanzó al mensajero a media cuadra de Reforma. “Aquí está el cheque, amigo, y dígale por favor al señor Fulano de Tal que muchas gracias, pero que el director de Excélsior no”.

1968

El bajo volumen en que a veces declina su fraseo impide captar completamente todos los parlamentos. Algo dice Julio Scherer de sus dos hermanos, Hugo y Paz; de su padre Pablo Scherer, hombre de acomodada posición económica merced a un trabajo en relación con la bolsa de valores que le permitió vivir con su familia en una gran casona colonial ubicada en Plaza San Jacinto número 11, San Ángel, precisamente donde ahora se encuentra el Bazar Sábado, hasta el momento en que un abuso de confianza –explica Julio Scherer sin detallar– hundió a su padre en la ruina.

–Lo perdimos todo, todo todo todo –se oye exclamar al de la voz–. Todo, jefe –remata dirigiéndose a Miguel López Azuara... Adelanto del texto del escritor Vicente Leñero que se publica en la edición 1993 de la revista Proceso, ya en circulación.

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