Adiós a Ana Ekberg, la musa de Fellini

lunes, 12 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Un 12 de diciembre hace dos décadas, la televisora holandesa TROS transmitió una entrevista a la belleza sueca Anita Ekberg, primera actriz y símbolo sexual de las cintas de Federico Fellini La Dolce Vita y Bocaccio’70, quien falleciera el domingo pasado a la edad de los 83 años cerca de Roma, Italia. “Cuando filmé mi papel (de Silvia Rank en La Dolce Vita ) con Marcelo Mastroianni, él no era nadie. ¿A qué sabe un puré de papas? Pues no sabe a nada. Usted puede ponerle algo de sal y así es como lo mejora.” --Supongo que usted puso algo de sal en Mastroianni, entonces. Pero se trata de un gran actor, ¿verdad? --Apenas iba camino a convertirse en un gran actor, pero en aquella época cuando hice La Dolce Vita no era absolutamente nadie. --¿Probablemente llegó a llevarse bien con la actriz Giulietta Masina? --Giulietta Masina era otra historia, ella no me toleraba porque estaba convencida de que yo había tenido un affaire con Federico Fellini (su esposo). --¿Y sí tuvieron ustedes un romance? --No, yo lo paré en seco. ‘¡Bájale!, le dije, ‘porque todos ustedes o son maricones o son impotentes’. Anita en la Fuente de Trevi Bebiendo vino blanco con hielo, Anita Ekberg (nacida en Malmö el 29 de septiembre de 1931) obligó al entrevistador de TROS a quitarse los zapatos para entrar a la mansión italiana que poseía en 1994, para efectuar esta entrevista en la sala de aquella impecable casa. “Como ve usted, tengo alfombras blancas. Creo que resulta decente pedirle a mis visitantes que se quiten los zapatos, pues afuera tengo árboles de aceitunas cuyas hojas y frutos caen y se pegan en las suelas, y las manchas no son fáciles de quitar. “Pero por decir algo, en Suecia la gente siempre se quita los zapatos en la puerta y los deja a la entrada de las casas, y los anfitriones se los cambian por unas sandalias. En Japón sucede lo mismo.” --¿Qué tan importante ha sido Fellini en su vida? --Creo que Fellini ha sido el mejor director cinematográfico que he tenido porque él me dejaba en libertad para que hiciera mi actuación. No era como muchos otros cineastas que te mueven como si fueras una pieza de ajedrez, diciéndote: ‘Caminas de aquí para allá y de allá para acá”, nada de eso. “Fellini era una persona que antes que nada discutía contigo lo que él quería hacer, y enseguida quería saber tu opinión. Así que te daba lo que él quería y tú le dabas lo que tú querías. Y por eso trabajar con Fellini era algo maravilloso.” --Usted nada más hizo cuatro películas con él (La Dolce Vita, de 1960; Bocaccio’70, 1962; Payasos, 1970 y Entrevista, 1987)… --¡Nada más…! (Anita ríe irónica) --¿Por qué no hicieron más cintas juntos? --Bueno, tú sabes, Fellini hizo muchas películas más de diverso tipo que probablemente no eran aptas para mí. --Pero siendo honesta, ¿le hubiese gustado filmar más con él? --Soy honesta al respecto y seamos francos: a él también le habría agradado hacerlo. “Obviamente lo más maravilloso de trabajar con Fellini era que existía un sentimiento mutuo entre ambos.” La escena de Anita Ekberg como Silvia en la romana Fuente de Trevi para La Dolce Vita es una de las más célebres del cine europeo de todos los tiempos. Ella contó a la televisión holandesa cómo se le ocurrió: “Fue una escena que realmente me nació a mí. Yo estaba realizando una sesión fotográfica mientras iba con los pies descalzos y mi gato por el mes de agosto en Roma, cuando de pronto surgió ante mis ojos la Fuente de Trevi. Dije ‘¡Oh, sensacional! creo que debo darle un baño a mi gatito y a mis pies!’ “Así que me metí a la fuente para limpiar a mi gatito, el agua estaba tan fresca y tan agradable que entré a la fuente, así, levantándome la falda. En ese momento, mi fotógrafo Pier Luigi estaba dormitando en la escalinata y lo llamé: ‘¡Pier Luigi, Pier Luigi, ven conmigo!’ “El agua estaba tan maravillosa y fresca, pues estábamos en el mes agosto y hacía mucho calor en Roma. Fue algo divino. Se levantó y comenzó a tomarme fotos que salieron en todas las revistas, los periódicos, etcétera. Y así fue que Fellini copió aquel ejemplo para filmarlo en La Dolce Vita…” --La única diferencia es que la filmaron en febrero, cuando en Roma hace mucho frío. --Estaba helando. No sé a cuántos grados estábamos, sólo sé que estaba helando. --¿Y cómo le hicieron para mantenerla a usted caliente? --Me calentaron porque teníamos a un masajista allí. Y como llevaba la falda entre las piernas, el masajista me masajeaba las piernas con alcohol y cosas así. Anita Eckberg continúa narrando aquella escena de la Fuente de Trevi en la segunda parte y final de dicha entrevista realizada hace 20 años. “Y de pronto, me sirvieron un coñac ¡y yo odio el coñac! Pero ellos simplemente me lo arrojaron en mi garganta para que lo tragara. Quizás eso fue lo que me salvó de agarrar un feo catarro.” --Probablemente Mastroianni también bebió coñac… --Oh sí, también él se puso borracho… Sólo que con vodka. “Cuando tomaba mucho y todos lo rodeaban, se ponía a tirar golpes, discutían y cosas así, porque él no estaba de acuerdo con lo que los demás le decían. Y por lo tanto, en mi papel de esposa yo era la que normalmente me hallaba más cercana a él.” Paparazzi y la bomba sueca Aquel año de 1960 vio a Anita Ekberg en las primeras páginas de los diarios cuando golpeó al paparazzo Felice Quinto, armada de un arco y una flecha. En La Dolce Vita se utilizó por primera vez el término paparazzi para designar a los fotógrafos de las estrellas cinematográficas. --¿Le disgustó alguna vez ser considerada como un símbolo sexual? --Nunca me consideré como un símbolo sexual, fueron otras personas quienes me tomaron como un símbolo sexual, lo cual es distinto. Yo solía burlarme de eso pues pensaba que era algo muy estúpido. “Lo que absolutamente no acepto es que estando en mi casa y me hallo en mi propiedad privada, quieran penetrarme con fotos de sus lentes telescópicos que no sólo te distorsionan, sino te hacen lucir horrorosa. Eso no lo tolero. Porque estando en tu intimidad tienes el derecho a gozar de privacía.” --Pero ahora estamos aquí nosotros… --Sí, y he sido fotografiada por los paparazzis por doquier. --Usted se ve formidable en La Dolce Vita, aunque sólo pesaba 60 kilos. --60, 61. Me veía con más kilos de los que en verdad poseía. Y así me mantuve en los 60 kilos hasta hace 15 años (en los años ochenta). “Fellini tenía una suerte de fanatismo hacia las mujeres voluptuosas y aun si no lo eras, pero te quería así, él se las arreglaba con su cámara mágica para hacerte ver mucho más exuberante de lo que verdaderamente eras.” --¿Fue La Dolce Vita la mejor película que protagonizó? --No, yo realmente rodé otras películas bastante buenas. E hice muchas verdaderamente malas. Pero filmé muy buenas, sí… --¿Algo de lo que se arrepienta? --Quizás de algunas películas. Y de mis dos matrimonios, me casé con gente equivocada, seguramente… Sus esposos fueron Rik Van Nutter, de 1963 a 1975, y Anthony Steel, entre 1956 y 1959. Al final, Anita Ekberg mostró al reportero holandés Ivo Niehe algunas de las pinturas y dibujos colgando de las paredes en aquella hermosa mansión. “Siempre tuve montones de pintores que deseaban hacer un retrato mío. Sólo acepté a un artista plástico…” --Aquí en este cuadro se ve que usted no era tan exuberante como aparecía en las películas de Fellini. De hecho, usted era bastante delgada… --Tú sabes, la edad nos cambia a todos. A ti también va a cambiarte. Pero nosotras las mujeres tenemos el problema de ser mujeres y con la menopausia, etcétera, esto nos afecta mucho más que a ustedes los hombres. Parte de la entrevista sucede al aire libre, en el vasto jardín de aguacates de esa propiedad italiana de Anita Ekberg, acompañada de sus dos sabuesos, bajo una temperatura de 23° centígrados. De nuevo en su áurea sala, ella confiesa: “Soy una persona muy feliz. Puedes preguntarle a mis amigos cercanos, soy una persona muy feliz.” --¿Ha cumplido todas sus ambiciones? --No, lo cierto es que me hubiese gustado hacer muchas más películas… La causa de su muerte se debió a “complicaciones de una larga enfermedad”, según declaró su abogada Patrizia Ubaldi. Anita Ekberg se había retirado a la vuelta del siglo; una de sus últimas apariciones fue en 2010 durante un festival fílmico en Roma, donde se estrenó una versión restaurada de La Dolce Vita. Pese a haber filmado medio centenar de películas y ganar buen dinero en su carrera, para diciembre de 2011 se publicó que había perdido casi todo y sin familia que la ayudara, andaba en pos de apoyos económicos de la Fundación Fellini, al tiempo que vivía en un asilo en Italia, su país adoptivo.

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