De Gabo a Scherer: "¡Me jodiste"!

jueves, 15 de enero de 2015
MONTERREY, N.L. (apro).- Gabriel García Márquez y Julio Scherer García, dos de los periodistas más reconocidos en Latinoamérica, tuvieron un feliz encuentro el 3 de abril del 2002, en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO), de esta capital. Era proverbial la cercanía de los dos comunicadores ya fallecidos. Se sabía que Gabo era íntimo de don Julio y que llevaban una amistad intelectual y personal, que los acercó desde hacía muchos años. Aquella tarde, el colombiano fue el encargado de entregar al mexicano el primer reconocimiento en el rubro de trayectoria de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoaméricano (FNPI) que, con respaldo de Cementos Mexicanos (Cemex), buscaba impulsar el oficio reporteril en el hemisferio. En el momento culminante de la noche, Scherer fue llamado al estrado. Lo acompañó la salva de aplausos. Gabriel abrazó a Julio y se dieron un beso en la mejilla. Fue el Gabo quien habló, en voz muy baja: “No sabes cuánto te quiero. Me jodiste”. Fue ese el más emotivo encuentro público que tuvieron los dos personajes. Scherer García ya estaba, para entonces, en los anales del periodismo americano. Había ganado el premio María Moors Cabot, en 1971. En 1977 fue distinguido como el periodista del año por el Atlas World Press Review, de Estados Unidos. García Márquez, a su vez, se aprestaba a lanzar su único libro autobiográfico, Vivir para contarla, que fue presentado en octubre de ese año. La expectativa internacional por su regreso era inmensa. Ya se sabía que eran amigos, pero no habían sido vistos compartiendo un momento tan íntimo en público. En esa ocasión, García Márquez vestía todo de blanco, como uno de sus personajes elegantes del Caribe. Era acompañado de su esposa, Mercedes Barcha. Fue esa una de tantas visitas a Monterrey, en las que se dejaba querer por los seguidores que le demandaban autógrafos. Su presencia en la ciudad siempre fue un acontecimiento. El homenajeado, a su vez, portaba un traje oscuro y sobrio. Los encomios fueron, por entero, para don Julio quien, al recibir el Premio Nuevo Periodismo Cemex-FNPI, recibió pleitesía de Carlos Monsiváis, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez. El legendario Riszard Kapuscinsky no acudió a la gala, pero mandó por fax su consentimiento para que Scherer García fuera premiado. Gabo no tomó el micrófono. Las esperadas palabras para el amigo no llegaron. Su lenguaje florido le hubiera dado para dar la mejor parrafada del evento. La prosa de un Nobel es irresistible, y más de quien la ha ganado por haberse consagrado a través del realismo mágico. Pero terminó el evento y el escritor de Cien Años de Soledad siguió apegado a sus rituales. Se negó a dar una entrevista banquetera, como la que le demandaban los reporteros. Los medios que siguieron a García Márquez hasta el coctel que le ofreció el comité organizador, le quisieron sacar algunas palabras. El colombiano, siempre de buen humor, aguantó y no soltó nada: “Por todos lados se me aparecen con cámaras y todo, y yo les digo que no. Es que, ¿tú te imaginas el rollo que me metería yo diciendo cosas que no son?”. Y tenía razón, porque esas palabras, que dijo para explicar porqué no daba nota, fueron parte de la nota. De acuerdo a crónicas del día, le preguntaron al de Aracataca qué le había dicho a Scherer, al entregarle el premio en forma de diploma enmarcado. “Te dije te quiero mucho”, respondió, dirigiéndose al patriarca de Proceso. Luego ocurrió la otra ceremonia, la de los autógrafos que siempre acompañó a García Márquez. Del amarillismo y las mujeres Al día siguiente del encuentro con Gabo, Scherer generó, sin proponérselo, polémica por un desliz lingüístico. El periodista había acudido a las instalaciones del campus central del Tecnológico de Monterrey, para participar en un panel con otros galardonados del premio FNPI, como Claudio Cerri, de Brasil; y Diego Levy y Daniel Santoro, de Argentina. Al hablar del oficio, Scherer hizo un apunte sobre la exageración de algunas notas. “El lenguaje de los periódicos es áspero, los temas del periodismo son en ocasiones espinosos y el amarillismo es en ocasiones inevitable. Hay notas que sin amarillismo no sirven, como hay mujeres que si no se maquillan, no sirven. El amarillismo es tan inevitable como una bella mujer”. En esa ocasión se refirió también a uno de sus temas recurrentes: la libertad de expresión y los límites de la privacidad. Ahí mencionó que las figuras públicas deben cuidarse de no exhibirse, para no hacerse vulnerables. Recordó la anécdota de un presidente mexicano, de nombre no revelado, que demandó respetar su investidura. “Yo le dije: Mira, si el presidente se orina en la calle y yo tengo con qué fotografiarlo, le voy a sacar una fotografía. El presidente debe saber dónde se orina”. La charla era transmitida vía satélite desde la Universidad Virtual del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey hacia todos los campus en México, y en once países de América Latina, con más de mil 400 sedes receptoras. El símil entre el amarillismo y las mujeres generó incomodidad, por su matiz misógino. Scherer no negó sus dichos. Envió una carta al diario La Jornada para aclarar la nota que había publicado, sobre la frase, el reportero David Carrizales. Explicó que la alusión fue pronunciada con ánimo jocoso y de buen humor que prevaleció durante el panel. Explicó: “El periodismo es áspero y en esa virtud es muy difícil mantenerse sin un resbalón. El maquillaje, en el contexto del encuentro, se refería a la necesidad de embellecer el texto periodístico”. Remató, don Julio: “Durante el día se trató el tema hasta en este nivel: cómo interesar a un mayor número de lectores en los asuntos financieros, que son apasionantes pero no entretenidos. Ofender a las mujeres, jamás. Si di esa impresión, la borro y ofrezco todas las disculpas posibles. Suelo decir que no hay palabra más hermosa que la palabra señora, que implica majestad”. Gabo falleció el 17 de abril del 2014; don Julio, el 7 de enero del 2015.

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