Cada año 15 mil niños son desplazados por la violencia en México: WOLA

jueves, 22 de enero de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Al igual que sus pares de origen centroamericano, cerca de 60% de los más de 15 mil niños mexicanos no acompañados, quienes deciden cruzar la frontera hacia Estados Unidos, cada año huyen de una situación intolerable de violencia causada tanto por maltratos intrafamiliares como por grupos criminales. La mayoría de los más de 50 mil niños centroamericanos detenidos por la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) el año pasado aún se encuentran en Estados Unidos, cerca de 90% de ellos en casa de un familiar o de un patrocinador, en espera de que su caso sea presentado ante una Corte de inmigración. Pero si bien la ley estadunidense garantiza la protección a los menores migrantes en situación de peligro, también establece medidas de excepción para los niños mexicanos y canadienses. Por la única razón de ser de un país vecino, la Patrulla Fronteriza los somete a un cuestionario exprés, en inglés, el cual deriva casi siempre en su deportación inmediata. En 2013, cerca de 95.5% de los 17 mil niños mexicanos detenidos por la “migra” fueron retornados a México. Una vez de este lado de la frontera, el consulado entrega a los niños a albergues estatales, de donde las autoridades mexicanas los redirigen en la gran mayoría de los casos hacia sus puntos de partida y donde una vez más se enfrentan a graves amenazas. Ese es parte del diagnóstico que dio a conocer hoy la Oficina de Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés), a través de un video publicado en Internet y que comenta el actor mexicano Diego Luna. La ONG urgió a través de un informe a las autoridades, tanto mexicanas como estadunidenses, a cesar el trato diferenciado a los niños mexicanos y a considerar los riesgos que ellos enfrentan al volver a sus hogares. “Todos conocemos la historia de los niños centroamericanos que van a Estados Unidos y que huyen de la violencia, pero la historia es muy diferente para los niños mexicanos que hacen lo propio”, narra Luna en el video, al recordar que “varias regiones de México parecen zonas de guerra”. WOLA subraya en el informe que algunas entidades “básicamente están bajo el control de grupos del crimen organizado” donde, para muchos niños, el reclutamiento criminal “parece inevitable”. Luego de citar un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), recordó que la tasa de homicidios de varones mexicanos menores de edad se duplicó entre 2007 y 2011. Desde 2008, la Ley William Wilberforce de Reautorización para la Protección de Víctimas de Trata de Personas (TVPRA, por sus siglas en inglés) obliga a la Patrulla Fronteriza a transferir a los niños migrantes no acompañados a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados. Ahí, las autoridades les asignan un lugar de estancia durante el tiempo que el tribunal de inmigración prepare su audiencia y determine si corren un riesgo al volver a sus países de origen. Lo anterior casi nunca se aplica en el caso de los niños mexicanos.   “Cara no amable”   La TVPRA obliga a la Patrulla Fronteriza a determinar, en menos de 48 horas, si los niños mexicanos que acaba de detener –generalmente después de una caminata de varios días en el desierto— son o no víctimas de trata, si tienen o no un temor creíble de regresar y si están o no dispuestos a retornar voluntariamente a México. “La teoría es buena, pero la realidad es que en muchos casos (los agentes fronterizos) no les hacen las entrevistas (a los niños)”, plantea la voz de Diego Luna en el video. El problema, advierte WOLA en su informe, reside en que el principal objetivo de la Patrulla Fronteriza “es impedir el ingreso ilícito de bienes y personas al país”. Por lo tanto, “rara vez los agentes son una cara amable para los niños que detienen”, añade. Además, según un informe que publicó en junio pasado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), los agentes de la Patrulla Fronteriza tienden a no reconocer la necesidad de protección de los niños mexicanos. Peor: WOLA afirmó que “muchos agentes de la Patrulla Fronteriza incluso pensaban que los niños mexicanos debían ser automáticamente deportados”, y observó que la corporación estadunidense no preguntó a ninguno de los siete niños deportados que la ONG entrevistó si podían correr peligros al regresar a su país. Por el contrario, les hicieron firmar un papel, redactado en inglés, en el que se planteaba su “retorno voluntario”.   La voz de Diego Luna   Una vez en México, sigue WOLA, el Instituto Nacional de Migración recibe a los jóvenes deportados. La organización describe al INM como “otro organismo gubernamental que habitualmente ignora a potenciales víctimas”. El INM los redirige a albergues del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) ubicados a la orilla de la frontera. “El objetivo de estos albergues es reunificar a los niños con sus familias tan pronto como sea posible, bajo la suposición de que es el lugar más seguro para ellos”, explica WOLA en el informe. Isabel Arvizu, directora de un albergue de menores en Nogales, Sonora, reconoció en el video que “la misión es atenderlos en sus necesidades básicas, y el fin es regresarles con sus familias porque no podemos con todos aquí en la frontera”. Y la voz de Diego Luna insiste: “Ese es el último lugar donde los niños pueden decir si tienen miedo de volver a casa, sea por el crimen organizado o por violencia doméstica. Pero a muy pocos se les pregunta eso. Y ellos casi nunca dicen algo”.   “Niños de circuito”   En el video y el informe que lo acompaña, WOLA explica que 30% de los casos de niños repatriados es muy conocido por la Patrulla Fronteriza, ya que estos jóvenes cruzan la frontera de manera frecuente: son los “niños de circuito”. Aquellos adolescentes no cruzan la frontera con el fin de empezar una nueva vida en Estados Unidos, sino que son utilizados –“forzosamente” o “por dinero”-- por los grupos criminales para guiar a migrantes a través del desierto o transportar drogas. Para los criminales, los menores de edad representan excelentes reclutas, ya que “saben que serán enviados de vuelta cada vez”, mientras los adultos detenidos terminan procesados como traficantes. Si bien este fenómeno ya existe desde hace más de una década, sigue siendo un problema grave, pues “una vez reclutados, a los niños no se les permite fácilmente dejar de realizar tareas de tráfico, y se ven atrapados en una red de actividad criminal y amenazas contra su seguridad y bienestar”.    

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