Amar a Dios en tierra de narcos

sábado, 24 de enero de 2015
CIUDAD ALTAMIRANO, Gro. (Proceso).- Triste por los recientes asesinatos de cuatro sacerdotes de su diócesis, Maximino Martínez, obispo de Ciudad Altamirano, comenta: “Esos crímenes me duelen profundamente. Son golpes muy duros, durísimos, pues mis sacerdotes son como mis hijos o mis hermanos. Pero debo hacerme fuerte y reponerme. Ni modo, me tocó desempeñar mi ministerio en esta violenta zona de Guerrero”. –Los informes señalan que a escala mundial su diócesis es la más peligrosa para ejercer el sacerdocio. ¿Es cierto? –Al menos en los últimos meses no conozco otra donde se haya dado tanto crimen y tanta violencia contra el clero. ¡No la conozco! Quizá en algunos lugares convulsos del oriente islámico exista una violencia parecida, pero no en el mundo católico. En su reporte de 2014, El riesgo de ser sacerdote en México, el Centro Católico Multimedial asegura que por lo menos en América, el país más peligroso para la Iglesia Católica es México, donde “la tendencia de atentados contra sacerdotes sigue al alza”. Sólo en los dos primeros años del sexenio de Enrique Peña Nieto, ejemplifica, los ataques aumentaron 100% respecto del mismo periodo del sexenio anterior. El informe ubica a Guerrero como la entidad más violenta de México; y entre las cuatro diócesis guerrerenses, a Ciudad Altamirano como la más peligrosa. Acababa de salir ese documento cuando un nuevo crimen en Ciudad Altamirano sacudió a la opinión pública internacional: el del joven sacerdote Gregorio López Gorostieta, levantado el pasado 22 de diciembre y tres días después localizado muerto, con un balazo en la cabeza. Este es un adelanto del número 1995 de Proceso, ya en circulación.

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