Caso Ayotzinapa: Policías detenidos, chivos expiatorios

sábado, 24 de enero de 2015
IGUALA, Gro. (Proceso).- En su afán por acallar las protestas de los padres de familia de los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, desaparecidos desde el 26 de septiembre, la Procuraduría General de la República (PGR) “fabrica culpables”: Responsabilizó de homicidio, intento de homicidio, secuestro y delincuencia organizada a policías municipales que estaban de vacaciones, tenían descanso o que el día y a la hora de los hechos desempeñaban comisiones lejos del lugar del ataque. Así lo denuncian las esposas de Osvaldo Arturo Vázquez Castillo, Jorge García Castillo, Ubaldo Toral Vences y Gerardo Delgado Mota, agentes asignados a la patrulla municipal 017, quienes se desempeñaban como escoltas del exalcalde de Iguala José Luis Abarca y de su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa. También habla el abogado de los policías, quien señala las irregularidades jurídicas que mantienen presos a sus clientes. El inicio de las dudas Zaira Lucero Estrada Rodríguez, esposa de Osvaldo Arturo Vázquez Castillo, da su versión: “El viernes 26 él entró a trabajar a las siete de la mañana, se fue junto con su primo Jorge García Castillo” en la vieja camioneta de este último. “Se reportaron a la comandancia a recoger las llaves de la patrulla 017 y sus armas, de allí se fueron a la casa del alcalde, donde esperaron al matrimonio. Al salir, Abarca les indicó que irían a la alcaldía”. A las seis de la tarde de ese día su esposa dio su informe de actividades como presidenta del DIF local en la explanada municipal, a un lado del ayuntamiento. Los policías escoltaron a la pareja a la alcaldía entre las ocho y nueve de la mañana porque los Abarca querían supervisar personalmente los preparativos. Ya por la noche, al empezar el informe, los escoltas se plantaron a un lado de la tarima en donde la señora hablaba. “Al terminar, como a las nueve de la noche, el alcalde, su esposa y algunos familiares se vinieron a cenar a los Tacos Lili, a sólo una cuadra de mi casa. La patrulla 017 la estacionaron frente a la taquería y los agentes se bajaron para vigilar. Siempre que el matrimonio cenaba aquí les invitaban alambre a sus escoltas. Mi esposo me habló para que el mayor de mis niños fuera por el alambre y lo cenara con nosotros. Este es un adelanto del número 1995 de Proceso, ya en circulación.

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