"Lo que nos dejó", homenaje a Julio Scherer en la Feria del Zócalo

lunes, 12 de octubre de 2015
MÉXICO, D.F, (proceso.com.mx).- En el foro Hugo Gutiérrez Vega en la recién inaugurada Feria del Libro en el Zócalo se recordó la prolífica e influyente obra del periodista y escritor Julio Scherer García. Quien fuera director del periódico Excélsior desde 1968 y hasta el 8 de julio de 1976, y a partir del siguiente noviembre fundara el semanario Proceso, fue objeto de un homenaje por tres colegas: Blanche Petrich, reportera del diario La Jornada, Columba Vértiz y Armando Ponce, ambos de la sección cultural del semanario, con la participación de Eduardo Vázquez Martín, poeta y actual secretario de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, quien moderó el acto. Los reporteros, de larga trayectoria, ofrecieron en la mesa titulada “Lo que nos dejó”, un panorama revelador de la actividad de Scherer, quien escribió alrededor de 18 libros --desde que iniciara con La piel y la entraña en 1965--, entre entrevistas, reportajes, crónicas, recuentos y memorias. Petrich, quien se inició en el periodismo en el periódico Unomásuno a finales de los setenta –diario también fundado por egresados de Excélsior que acompañaron a Scherer tras el llamado “golpe” a ese medio por el gobierno de Luis Echeverría, fundado paralelamente a Proceso--, trazó un perfil puntual de la trayectoria de Scherer y su impronta en la prensa nacional desde entonces, momento al que llamó “parteaguas del periodismo en México”. Apoyada en múltiples notas sueltas, repasó admirablemente épocas sustanciales de la independencia crítica de Scherer y de la lucha de la prensa –básicamente La Jornada y el semanario-- ante el autoritarismo del poder en los años setenta, ochenta, noventa, hasta el nuevo siglo y la actualidad. Para terminar, recordó la célebre entrevista de Scherer con el dictador Augusto Pinochet en Santiago de Chile, tras la caída de Salvador Allende, que pinta su determinación periodística a prueba de todo. En su turno, el editor de la sección cultural de la revista Proceso, Armando Ponce, habló de la vocación cultural de Julio Scherer --inicialmente con su La piel y la entraña, conversaciones con David Alfaro Siqueiros en la cárcel (ahora editado por el FCE)--, ejemplificó con sus entrevistas como reportero de Excélsior a personalidades del medio artístico nacional de la talla de Frida Kahlo (1952), José Clemente Orozco (1953), Diego Rivera y Alfonso Reyes 1956), Carlos Chávez (1959), Francisco Goitia (1960),e internacional como los rusos Dimitri Sostacovich (1959) e Igor Stravinski (1960) o Pablo Neruda (1961). Y de las transformaciones esenciales en esa línea cultural que logró realizar al frente de Excélsior --“que hoy, a la distancia y en conjunto no dejan de asombrarnos”-- enlistó la incorporación a sus páginas editoriales a lo más renombrado de artistas e intelectuales del país como Daniel Cosío Villegas, Octavio Paz, Rosario Castellanos, José Emilio Pacheco, Ricardo Garibay, Jorge Ibargüengoitia, Gastón García Cantú, Vicente Leñero, entre otros. A éste último le encargó la conducción de Revista de Revistas, y a Paz –terció Vázquez Martín--, la revista Plural. Además, Scherer modificó las “clasistas” páginas de Sociales, abrió el “Olimpo de México” como la primera sección diaria de cultura en un diario, impulsó el suplemento Diorama de la Cultura –que puso en manos de Ignacio Solares--, atrajo a caricaturistas de primera línea como Abel Quezada, fundó la editorial PEPSA donde se publicó el cómic de Juio Cortázar Fantomas y los vampiros trasnacionales… “Esa vocación de Scherer es una herencia trasmitida hasta Proceso”, dijo, y remitió al número Especial 49 de la revista Julio Scherer García. Entrevistas para la historia, donde se recogen las realizadas a líderes políticos, entre ellos Chou En-Lai, Fidel Castro, Salvador Allende, Marcos y Willy Brandt, a intelectuales como Octavio Paz, Anduve Malraux, Pablo Neruda y a la actriz estelar de las películas de Ingmar Bergman, Bibi Anderson. A su vez, la periodista Columba Vértiz sintetizó conversaciones con Scherer en los últimos años, en las que dejó testimonio de la importancia del mundo cultural en el periodismo y del cine como imprescindible expresión humana, y Vázquez Martín cerrara con un “adiós y hasta siempre, Julio Scherer” (fallecido a principios de este año) . Luego de narrar una anécdota para mostrar la sensibilidad del periodista al coincidir con él en una visita a la cárcel de Santa Martha Acatitla para el cumpleaños de Sara Aldrete, “injustamente presa”. Único texto escrito para la ocasión, el de Columba Vértiz se reproduce a continuación: La preocupación por el cine mexicano “'El cine es la memoria y el retrato de un país, por eso debe incitar a la reflexión y no quedar sólo en el entretenimiento, ¡es el séptimo arte!’, me recalcó don Julio varias veces en la sede de Proceso. “En noviembre de 1999, la película de Luis Estrada, La ley de Herodes, donde se cuentan las andanzas de un presidente municipal corrupto del PRI y se observan las siglas del partido, fue censurada en el IV Festival de Cine Francés en Acapulco. En el guión participó Vicente Leñero y por eso don Julio conocía muy bien el proyecto y a su realizador. ‘Es una película que denuncia la situación actual, incomoda a los del PRI, y debe ser vista por el público, así deben ser las historias cinematográficas: un espejo de la realidad’. “Le comenté que si como Los olvidados, de Luis Buñuel, Canoa, de Felipe Cazals, y Los albañiles, de Jorge Fons, esta última basada en la novela y pieza teatral de Leñero. Enseguida resaltó Los olvidados: ‘Es una película que me gusta mucho, puede ser vista como denuncia de la miseria, tuvo en su momento muchas críticas: se le reprochó lo denigrante. El crítico e historiador de cine Emilio García Riera (quién por cierto también escribió para Proceso) registró toda la polémica que causó en los cincuenta, sin embargo ganó en Cannes el premio a la mejor dirección, entonces la elogió el poeta Octavio Paz. Es en un filme muy actual. Parece que en el país nada ha cambiado. ‘Canoa cuenta un hecho real de 1968 en Puebla, un sacerdote incita a un pueblo a asesinar a unos jóvenes por considerarlos comunistas, y Los albañiles habla de diferente manera sobre la pobreza en México. Todas son muy actuales. ¡Ve!: El cine si puede ser denuncia y arte al mismo tiempo. Y a este tipo de cine es el que hay que difundir, hay que escribir de él. El que hace Hollywood ya cuenta con muchos espacios, acapara los diarios y la televisión’. “Y volvió a La ley de Herodes: ‘Luis Estrada es muy valiente’. “Cuando el primer largometraje de Alejandro González Iñárritu, Amores perros (del año 2000), fue nominado al Óscar como Mejor Película Extranjera, no se entusiasmó mucho. Dijo tajante: ‘Un Óscar no lo necesita el cine mexicano, son otros los premios de más prestigio y están en Europa. Hay que recordar que es el séptimo arte.”. Y mencionó a Riccioto Canudo (nombre que yo jamás había escuchado) pues coincidía con él. Era escritor, poeta y crítico de cine. Fue el primero en etiquetar al cine como ‘séptimo arte’ en 1911, porque lo veía como un arte plástico en movimiento. “Más tarde, cuando Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y González Iñárritu empezaron a tener fama en Estados Unidos, don Julio cuestionó: ‘Ya no están haciendo cine mexicano, eso me preocupa’. Sin embargo, le entusiasmaba que la violencia desatada en México por los cárteles y la narcopolítica fuera abordada por los jóvenes realizadores, como denuncia, claro. Miss bala, de Gerardo Naranjo, le gustó, y Heli, de Amat Escalante. ‘Sólo me inquieta que vayan a realizar películas que aplauden a los narcos, como pasa en la televisión’, subrayó. “Celebró que en los último años se filmaran más películas mexicanas, y consideraba a Leñero como el mejor adaptador de obras literarias para la pantalla grande, y ensalzó que todos los jóvenes cineastas del país lo cunsultaran para escribir sus guiones, ‘¡pero todos, de toda la República, y me atrevo a decir que de América Latina! Eso me sorprende’, añadió. “Don Julio también tuvo contacto directo con un sinnúmero de realizadores cinematográficos. Le gustaba que el actor Pedro Armendáriz hijo reuniera a Felipe Cazals, Jorge Fons, Leñero y a él en su casa o en algún restaurante, donde no sólo hablaban de cine, también de literatura, teatro y política, en fin, de todo. Varias veces estuvo presente Luis Estrada en esas tertulias. Muchos de ellos me han comentado que desde el cine se podía charlar con don Julio de política. “Tuvo contacto con Del Toro y Luis Mandoki. “Cazals y Fons han compartido con esta reportera sus experiencias. Por ejemplo, Cazals rememoró: ‘Entre los afortunados que compartimos la mesa y el whisky de la casa de Armendáriz Jr. queda el vivo y afectuoso recuerdo de don Julio Scherer, vaso en ristre, agudo, atento y certero como ninguno de los presentes al tema en turno; sin pretensiones de ser considerado como un árbitro pero siempre dispuesto a ejercitar su derecho irremediable a no anticipar concesiones ni conclusiones. “Don Julio Scherer, siempre alerta, con el fino paladar de un experto cazador de erratas históricas convertidas en noticias de falso cuño, enseñado, por su propia voluntad, a conservar la mirada serena de aquel que mucho ha oído y visto antes de decidirse a ser escuchado, sin ceder, sin alardear, y con los pelos de la burra en la mano. “Así. Muy afortunados comensales fuimos con la presencia de don Julio entre nosotros, y más todavía, cuando afirmaba que: ‘Las verdades pueden ser muchas pero la conciencia sólo es una’. ¡Salud don Julio!” “La mayoría de los cineastas que convivió con él, han coincidido en que siempre les obsequiaba un libro. “Bueno, ahora sólo me queda recordar otro de sus comentarios: “Sabe, me gusta la literatura, el teatro, la buena música, la pintura, el cine, en fin. El reportero, aunque no se encargue de la fuente cultural, no debe estar ajeno a las artes: lo fortalece, lo humaniza y lo sensibiliza. Ve todo con otros ojos. “Todo es cultura, ¿comprende?, la política, lo social, la economía; como también la política, lo social, etcétera, es cultura. Me preocupa que ya no haya suficientes espacios para el periodismo cultural, para incitar al debate.”

Comentarios