Drogas en México: largo debate y una historia de desatinos

martes, 10 de noviembre de 2015
El periodista sinaloense Froylán Enciso reúne una treintena de escritos en el volumen Nuestra historia narcótica. Pasajes para (re)legalizar las drogas en México, publicado por Penguin Random House Grupo editorial en su sello Debate. En él muestra los desatinos de los gobiernos con respecto a los usos y abusos de las drogas en México y de las políticas prohibicionistas a partir del siglo XIX, pero también incluye el interludio que va del 17 de febrero al 7 de junio de 1940, cuando México legalizó las drogas, lo que desató la ira de quienes traficaban con los estupefacientes en el país. Proceso incluye dos fragmentos de esa historia poco difundida. MÉXICO, D.F. (Proceso).- La raíz carrancista de la prohibición de las drogas es clara desde las discusiones del Congreso de Querétaro en 1917. La noche del 18 de enero, el doctor José María C. Rodríguez, médico de Venustiano Carranza, hizo uso de la palabra frente a los cansados diputados del Congreso Constituyente para pedir atribuciones “despóticas” para emprender un programa de saneamiento social que erradicara la suciedad, el alcohol y las drogas de México. En ese orden. El general Rodríguez leyó un largo discurso para convencer a los diputados de que la salubridad de la nueva nación mexicana dependiera de un Departamento de Salubridad General de la República. Este departamento sólo respondería al presidente y a nadie más, lo que le daba poder despótico frente a los estados. Su argumento se fundamentaba en la idea de que se necesitaba mejorar la higiene de la nación a estándares estadunidenses y europeos. Las enfermedades causadas por la falta de higiene, el alcoholismo, las drogas heroicas y la pobreza habían debilitado a la nación: “Por eso es una necesidad nacional que el gobierno de hoy en adelante intervenga, aun despóticamente, sobre la higiene del individuo, particular y colectivamente”. Sus ideas déspotas –habrá quien les agregue el adjetivo de ilustradas– mostraban racismo contra los indios y estaban movidas por la preocupación por los altos índices de mortalidad y criminalidad que ellos provocaban. “Nuestra raza primitiva está degenerada ya y la mestiza en sus alcances”, arengó el dipu­tado Rodríguez. Basado en cuestionables estadísticas, dijo que la Ciudad de México era la más mortífera del mundo, incluso más que París, Viena y Berlín juntas, por los crímenes que bajo el influjo del pulque cometían “nuestros ebrios consuetudinarios y nuestro pueblo bajo”... Fragmento de la investigación Nuestra historia narcótica que se publica en la edición 2036 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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