Persiste mortandad de mujeres con VIH/Sida por diagnóstico tardío

martes, 1 de diciembre de 2015
MÉXICO, DF (apro-cimac).- A tres décadas del primer caso de Sida reportado en una mujer en México, se ha logrado reducir el índice de nuevas infecciones por VIH entre las mexicanas. Sin embargo, la muerte por VIH/Sida entre la población femenina no ha disminuido debido a los diagnósticos tardíos, a que no acuden por sus medicamentos y por la falta de servicios integrales para esta población, factores en los que las diferencias de género también están presentes señalan especialistas. En el Día Mundial del Sida que se conmemora este martes, la Mesa de Mujeres del Comité de Prevención del Consejo Nacional para la Prevención y el Control del Sida (Conasida) presentó a los medios la “Agenda política en materia de VIH y Sida” que busca ser una guía para los tomadores de decisiones en la materia. Lo anterior al detectar que la epidemia se ha modificado a lo largo de tres décadas afectando en mayor medida a las mexicanas de escasos recursos o que se encuentran en edades tempranas sin que sean miradas como una población que requiera de políticas especiales de atención. Según datos oficiales en México la proporción de mujeres y hombres que viven con VIH/Sida ha crecido de manera sostenida en los últimos años. En el año 2000 ellas representaban el 16% de las infecciones y para 2014, mil 600 mujeres adquirieron el virus, lo que representa el 21% de las nuevas infecciones. A ello se suma que las edades en las que las mujeres contraen el VIH se están reduciendo: el 5% de las nuevas infecciones ocurrieron en mujeres menores de 15 años; 37.1% en jóvenes de 15 a 29 años y 57.5% en mujeres de 30años y más. Durante la presentación del documento, Ana Güezmes, representante en México de ONU-Mujeres; César Núñez, representante regional de ONUSIDA, y Eugenia López Uribe, directora de la organización Balance, coincidieron en que las condiciones estructurales de desigualdad social propician una mayor vulnerabilidad en las mujeres para contraer el VIH, determinan su acceso al tratamiento y por tanto la posibilidad de perder la vida a causa del Sida. Prevención ineficaz Patricia Uribe Zúñiga, directora del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/Sida (Censida), destacó que pese a los avances que el país ha tenido en materia de prevención, no se han logrado reducir los niveles de mortandad de personas con VIH o Sida. Uribe recordó que en 1983 se reportó el primer caso de Sida en México. Desde esa fecha y hasta el 13 de noviembre de 2015 existe un registro acumulado de 235 mil 953 personas que se han infectado por el VIH o desarrollado el Sida. Para diciembre de 2014 en el país vivían 190 mil personas con VIH, se estima que sólo 62.7% de quienes viven con el virus conocen su diagnóstico y 103 mil 726 personas tenían acceso al tratamiento antirretroviral. Del total de personas con VIH, entre 18 y 21% son mujeres, es decir, una de cada cinco personas con el virus y la mayoría de ellas tienen entre 15 y 49 años. Uribe destacó que las nuevas infecciones por VIH han disminuido en 46% desde el año 2000 cuando se reportaron 14 mil nuevos casos, a siete mil 500 nuevas infecciones en 2014. No obstante la reducción en la tasa de mortalidad a diferencia de las nuevas infecciones no ha sido la esperada, ya que la tasa de mortalidad es de 4.2 por cada 100 mil habitantes, siendo de 1.4 en mujeres y 7.1 en hombres. La funcionaria explicó a Apro que la epidemia en el caso de las mujeres se ha modificado con el paso del tiempo toda vez que los primeros casos de infección (1985) se debieron a transfusiones sanguíneas, vía de transmisión que se ha logrado erradicar al regular la venta de sangre para transfusiones y controlar las donaciones. Ahora 90% de los casos de infecciones corresponden a contagios por relaciones sexuales heterosexuales que las mujeres sostienen con sus propias parejas estables, a diferencia de los varones que contraen el VIH, generalmente en relaciones con personas distintas a sus parejas. A decir de la especialista, esto se debe a que aún persisten relaciones de poder desiguales en las cuales se dificulta la negociación del uso del condón con la pareja. Uribe Zúñiga explicó que el perfil de los hombres y de las mujeres que contraen el virus es distinto, pues mientras la epidemia ataca con mayor frecuencia a varones con preparación académica y un nivel socioeconómico medio, la epidemia en mujeres se concentra en aquellas que están más desprotegidas y que ya sufren algún tipo de discriminación. Las entidades federativas con mayor proporción de casos de VIH/Sida en mujeres son: Chiapas, Guerrero, Veracruz y Oaxaca, con al menos una cuarta parte de los casos reportados en mujeres. Las entidades con menor proporción de casos son el DF, Nuevo León y Yucatán. Finalmente dijo que la tendencia de mortandad no ha iniciado su descenso en las mujeres y lo más preocupante es que, en el caso de las mexicanas, su tasa de mortalidad se ha venido incrementando durante toda la epidemia, permaneciendo estable incluso después del acceso universal a antirretrovirales. Al respecto, la representante de Balance, Eugenia López, señaló que es urgente incluir en las políticas públicas la perspectiva de género, pues es evidente que el contexto de discriminación y desigualdad que enfrentan las mujeres está mermando su acceso a la detección temprana del virus, su acceso a los medicamentos antirretrovirales y sobre todo su retención en los servicios. En ese sentido, llamó al Estado a replantear las acciones destinadas a la prevención del VIH y Sida para incorporar las necesidades de las mujeres, así como a incluir en todas las políticas indicadores reales que permitan medir el cumplimiento de las acciones, y exhortó a contemplar los planteamientos de la Agenda en el diseño de estas políticas. La Agenda presentada ayer plantea entre sus líneas de acción: mejorar la información sobre VIH con el enfoque de género, incluyendo una metodología para el seguimiento de la prevención en mujeres embarazadas; mejorar la calidad de la atención con un enfoque de Derechos Humanos; mejorar las estrategias de prevención y atención en adolescentes y jóvenes, e incluyendo a quienes viven con el virus. Asimismo promover redes regionales en todo el país para atender integralmente la violencia de género; garantizar que exista suficiente presupuesto etiquetado, y se ejerza en los programas de prevención y atención; al igual que el fortalecimiento de los liderazgos de las mujeres con el virus.

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