El Plan Frontera Sur, gran garrote antimigratorio

sábado, 26 de diciembre de 2015
La miseria sigue empujando a hombres y mujeres centroamericanos a tratar de llegar a suelo estadunidense atravesando el mexicano, donde son víctimas de asaltos, golpizas y violaciones sexuales. No hay mujer que salga ilesa de semejantes agresiones, a tal grado que las farmacias de Centroamérica venden la “inyección anti-México”, un anticonceptivo de larga duración. Este año el gobierno mexicano deportó a más de 118 mil centroamericanos cuyo viaje a Estados Unidos fue interrumpido en Chiapas o en Oaxaca. Es resultado del Programa Frontera Sur, mediante el cual Washington –según afirma The New York Times– le endosó a su vecino del sur la tarea de frenar el flujo migratorio MÉXICO, DF (Proceso).- Primera parada: Arriaga, Chiapas. El coyote pagó 50 pesos por los 15 minutos del servicio sexual, pero necesitó más tiempo para desahogarse. Y en la cama Raquel escuchó la historia que ahora también la ahoga: “En su grupo llevaba a una mujer con su hijo de un añito que lloraba tanto, seguro desesperado de caminar por el monte, hasta que él (el coyote) le dijo a la mamá que ya no los iba a llevar. Y ahí la dejaron. Al rato ella los alcanzó, sola. Él le preguntó: ‘¿Y el niño?’ ‘Ya se murió’. Nada más dijo eso. No supieron si lo abandonó en el monte y se lo comieron los animales o lo mató porque tenía que seguir. Imagínese cuánto dolor”. Esta nicaragüense de maneras aniñadas y belleza exuberante (cabellera afro entintada de rubio, grandes ojos delineados, curvas tapadas con un bikini negro bajo encaje rojo) toma en la cama el pulso sobre las nuevas dificultades migratorias. Eso la hace afirmar con tristeza: “Ahora que quitaron el movimiento del tren, los migrantes más peligran”. La vecindad donde Raquel se dedica al negocio del placer está a pocos metros de las vías donde otrora pasaba el tren cargado de migrantes; hoy se ve como un abandonado set de película: hoteles y pensiones en ruinas, vagones oxidados, pocas almas en la calle. La crisis generada por el Programa Frontera Sur (anunciado en julio de 2014 para detener la migración a Estados Unidos junto con la prohibición a los migrantes de subir a los trenes) les pega a todos en carambola, incluso a ella y a sus colegas. “Antes había más dinero, más movimiento. Venían y yo, cabalito, cabalito, sacaba unos mil 500 al día; ahora, 500 si me va bien, si no 300 –dice y pone como muestra el árbol navideño de plástico que compró para sus hijas e instalará sin regalos porque no le alcanza para comprarlos–. Aquí era la parada del tren y se iban derechitos a la frontera. Ahora que ya no los dejan subir, qué les puede pasar por los montes”. (Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2043, ya en circulación)

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