"Me quiero despedir bailando": Gloria Contreras

sábado, 5 de diciembre de 2015
A los 81 años, la noche del miércoles 25 de noviembre, la bailarina, coreógrafa y maestra Gloria Contreras dejó de existir, pero su obra continúa, y este domingo 29, en la Sala Miguel Covarrubias, se estrena una de sus últimas piezas, La sonámbula. Así lo informó su hijo Gregorio Luke, quien habló con Proceso sobre la trayectoria y el legado de la fundadora de una compañía emblemática del país, que fundó hace 45 años, el Taller Coreográfico de la UNAM. MÉXICO, DF (Proceso).- Gregorio Luke, hijo de la bailarina, coreógrafa y académica mexicana Gloria Contreras, exterioriza, con mucho esfuerzo, a unas horas de la muerte de la creadora del Taller Coreográfico de la UNAM (TCUNAM), cómo ella trabajó hasta el último día, pues le dijo: “Yo me quiero despedir bailando y crear algo nuevo”. En entrevista, reflexiona: “A los ochenta años la veías rompiendo esquemas, creando cosas nuevas y sorprendiendo.” E informa a Proceso que en honor a ella se estrenará una de sus últimas obras, La sonámbula, con música de Chopin: “Así que el Taller no suspenderá sus funciones.” La función será a las 12:30 de este domingo 29 en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario, donde tres días antes autoridades de la UNAM, como el rector Enrique Luis Graue, y Teresa Uriarte, titular de Difusión Cultural, así como amigos y alumnos de la creadora de 81 años (entre muchos otros los pintores Rina Lazo y Arturo García Bustos), la despidieron de cuerpo presente. Ahí, Luke, acompañado de su hermana Lorena, pidió que para dirigir el Taller Coreográfico “no se traiga a una persona de afuera”, y “ojalá que se consoliden las personas que ya están en la cabeza, y que logremos por primera vez en la historia de México la continuidad de un proyecto cultural”. Activista cultural, conferencista incansable y ameno, recalca para Proceso que Contreras no paró nunca: “Ella elabora La sonámbula porque quería descocer toda su vida íntima. Por muchos años escondimos, pero no por cobardía ni por vergüenza, que fue epiléptica. Sufría varios ataques en un día. Entonces era imposible que alguien contratara a una bailarina epiléptica porque hay siempre el riesgo de que le dé un ataque en escena, lo cual es una situación terrible de ver. Así que todo ese ambiente de epilepsia estaba en su memoria infantil. También un tiempo fue sonámbula. De chica iba al rancho de su familia en Chiapas y como ahí hace mucho calor, los techos son muy altos. Ella, con una linterna, contaba todas las noches cuatro tarántulas, pero un día contó sólo tres, y al voltear vio que la tarántula estaba a su lado, y eso la impresionó, y por muchos años anduvo sonámbula.” –Es entonces una obra autobiográfica… –Sí. Cuando empezó a crear La sonámbula, con el concierto número 2 para piano y orquesta de Chopin, se metió tanto en su creación que empezaba a caminar en las noches. Esa música del compositor polaco tiene toda una dimensión fantasmal, como que hay un momento en el que entras al sueño profundo. Esta obra la creó mi mamá un poco antes de su fractura de cadera en septiembre pasado. Revela que Contreras ya no daba entrevistas porque su memoria inmediata le fallaba, “pero en esta etapa sus obras eran ya muy vivenciales, se metía y profundizaba mucho en la pieza, eran invenciones totales, algo muy conmovedor”. La artista decía que con el Taller Coreográfico de la UNAM había logrado dos metas, según asentó con estas palabras: “Construir un repertorio propio y crear un público, además de lograr respeto social para la carrera de bailarín, honorarios equivalentes a los de un académico, interés profesional por la danza, alumnado, bailarines mexicanos, coreógrafos, lenguaje artístico vigente y presentación de un mínimo de dos temporadas anuales durante nueve meses en dos recintos: el Teatro Arquitecto Carlos Lazo y la Sala Miguel Covarrubias, donde se ofrecen funciones ininterrumpidas con cambio de programa cada semana.” –¿Cuántas obras recientes dejó Gloria Contreras? –Todas son obras terminadas, pero hay una que me conmueve mucho, es una especie como de nuevo apocalipsis. En algún momento se enteró del calentamiento global, y se le ocurrió bailar cómo muere un valiente, un místico, una madre, una amante, en fin. Se dedicó a esta obra alrededor de dos años. En esta pieza, ella misma hizo nueve papeles distintos y es muy impresionante, y esa obra si está muy bien terminada. Dejó otras en distintas etapas de desarrollo. “Existen obras que cuentan con mucho potencial, como la llamada serie de los anti-tangos. Ella decía que el tango tiene una coreografía muy específica, los pasos, los tiempos, pero que también es una gran música, y se preguntaba por qué no se podía bailar libremente, e hizo muchos experimentos de bailar el tango como si fuera Chopin… en fin.” Antes de crear el TCUNAM, viajó muchos, y conoció Argentina; Contreras recordaba: “En esa nación viví el tango y la poesía, que también tendrá influencia en mi repertorio”. En Chile se enteró de la militancia política de los bailarines, “cosa impensada en Nueva York”, y escribió en la página de internet de la compañía universitaria: “Comprendo que la razón de la danza es ofrecerla a todos, no sólo a los que pueden pagar un boleto y que hay temas sociales que deben ser tratados en coreografía. Debido a esto surgió Opus 32, Integrales, Guantanamera y Fanfarria, y otras, en donde el mensaje es político”. A su hijo se le menciona que la maestra siempre señaló que la danza debía ser para el pueblo. “Sí, siempre… Era sensacional su visión de la danza social, quería promover sus ejercicios dancísticos en el pueblo, no le gustaba la idea de asistir a un gimnasio, que cuesta una fortuna. Ella deseaba darle esperanza a los epilépticos y a toda la gente que tiene problemas físicos y se les margina, desde luego con la insistencia en la gratuidad. “Mi madre era vasconcelista, una mujer convencida de que el Estado tiene la obligación de apoyar el arte y la cultura, igual la salud. Pensaba que la privatización de la cultura es un modelo equivocado. Para ella el arte debe ser accesible a todos y no sólo para el que puede pagar un boleto costoso.” Manifiesta enternecido: “¡Mi mama estaba en pie de guerra!, y me duele mucho su partida porque sentía que estaba lo mejor por venir. Estaba desatada, con muchos ánimos de hacer obra. Otro de sus deseos era organizar una escuela donde se combinara el ballet clásico, la condrología y la danza social, de esta última como el mambo y el cha cha chá.” –Ella insistía en que no quería que la encasillaran… –Quiso ser una creadora vigente hasta el final, no una creadora con sólo dos o tres obras maestras y que esas piezas se montaran un sinnúmero de veces, ¡no! Por ejemplo, en este año insistió en estrenar Alas a Malala y bailarla, una obra que casi le cuesta la vida porque ya no tenía la fuerza para interpretar algo así. –Con la danza llevaba la contraria a todos, ¿qué la hacía llegar a ese punto? –Ella fue una mujer muy combativa. Hasta en sus escritos de educación dancística hay una rebeldía. Por ejemplo, opinaba que todas esas políticas de seleccionar a bailarines por tipo en las escuelas de ballet, era como una forma de racismo, porque se busca el tipo europeo. A ella le interesaba la belleza que se construye, no la que se hereda, aquella que es producto de la inteligencia y el trabajo. Rememora y sonríe: “Mi mamá quería realizar una obra con música de la banda de El Tri, sobre todo con la melodía ‘El perro negro y callejero’. Pero le iba a costar mucho trabajo, implicaba mucho dinamismo. También le gustaba ‘Triste canción de amor’. Hubiera querido estrenar con Alex Lora el año que entra. “Es muy interesante el final de la vida de mi madre, normalmente uno no ve cómo piensa un octogenario, y es que en una conversación normal te platicaba cosas del pasado remoto, es decir, la memoria inmediata de mi madre era mala, pero podía recrear muy bien situaciones que le habían pasado hace cuarenta o cincuenta años. Su lenguaje no eran las palabras, sino la danza. Así que podía, en términos de movimiento, reconstruir con perfección ensayos que había tenido con Georges Balanchine o con Nelsy Dambré.” Profesor y creador independiente, y exdirector del Museo de Arte Latinoamericano, Luke informa que en la última etapa Gloria Contreras creó su versión de El lago de los cisnes, que se presentó a principios de este mes en el cuarto Festival ¡En Contacto Contigo!: “Esa versión es muy interesante en términos de su lucidez y de combinar lo más instantáneo con la memoria arcaica. Mi mamá tenía bajo su cuarto un alpistero, y todo el tiempo veía volar pájaros. Entonces, cuando ella se lanza a crear su Lago de los cisnes podía combinar la memoria inmediata de haber visto un pájaro en la mañana y cotejarla con toda la memoria antigua. Como la memoria le duraba poco, había una urgencia de realizar las cosas de manera inmediata. El lago de los cisnes primero es un triángulo amoroso, dos hombres con una muchacha, y luego un triángulo amoroso de dos mujeres con un hombre.” Recuerda que Contreras, sin embargo, se resistía a trabajar obras de tipo clásico romántico: “Le platiqué de una situación de un amigo mío, un doctor. En Estados Unidos el protocolo médico prohíbe atender a los familiares inmediatos, es decir, no puedes operar a una hija o a tu madre o esposa. Pero vi a este gran médico con la esposa a punto de morir, con una probabilidad de muerte de un 90%, estaba embarazada, y la operó, y la salvó. Se jugó ahí toda su vida. Mi mamá me dijo: ‘¿Sabes que esa es La bella durmiente?’ La cocinera la hizo de bella durmiente y mi mamá fue el príncipe, y así creó esa danza. Tengo todo filmado, porque todo se lo grababa con la cámara. –Tenía momentos de memoria perfecta, ¿verdad? –Sí, en esos momentos realizó una obra que se llama Primer amor, sobre su vida de joven. En la primera escena está ella en la barra y en la segunda danza aparece el amor, y después ella debe escoger entre el amor y la barra de ballet, y escoge la barra y se queda sin amor.

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