Vuelven el Barrio Chino y el mercado de San Juan

domingo, 1 de febrero de 2015

Según un proyecto de rescate, este año comenzarán dos obras de urbanismo altamente significativas para la reconversión de espacios que han ido degradándose: el legendario Barrio Chino y el Mercado de Artesanías de San Juan. De acuerdo con el despacho Morodo Arquitectos, ambos sitios serán transformados para beneficio del turismo.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- La basura, la indigencia, el desorden visual y comercial y hasta la inseguridad que ahogan al Barrio Chino y a la Plaza de San Juan en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, están en vías de eliminación. Y es que, de acuerdo con el proyecto de rescate de espacio público del Gobierno del Distrito Federal y el despacho Morodo Arquitectos, serán convertidos en un gran punto de atracción para el turismo nacional e internacional.

Actualmente, el proyecto se encuentra en su etapa “conceptual” mientras se analiza su viabilidad, costo, esquemas de ejecución y capacidad de inversión. Se prevé que en este año comiencen los trabajos.

De una sola cuadra, el Barrio Chino del Distrito Federal es el más pequeño del mundo, según su propia página de información. En 1940, una familia de residentes orientales –llegada desde los años veinte a la Ciudad de México– fundó el restaurante Shan Ghai en el Callejón Las Damas de la calle Dolores. Poco a poco se establecieron más negocios de ese tipo hasta que se le conoció como el Barrio Chino.

El 23 de junio de 2006, el entonces jefe de gobierno, Alejandro Encinas, inauguró su primera etapa de rehabilitación. Ésta incluyó su transformación peatonal, además de cambios en los sistemas de drenaje, electricidad, agua potable, alumbrado público, piso, guarniciones y fachadas, así como la instalación de terrazas y jardineras.

Dos años después, en 2008, el mandatario local Marcelo Ebrard junto con el entonces embajador de China en México, Yin Hengmin, estrenaron el Arco Chino para dar entrada al barrio, aunque lo ubicaron a un lado, en la Plaza Santos Degollado, y el único lugar donde desemboca es a un estacionamiento público.

De entonces hasta hoy, en el Barrio Chino impera el desorden del mobiliario urbano y de las fachadas de los negocios, entre restaurantes y tiendas de artículos orientales, un consultorio de medicina tradicional china y acupuntura, un mini-súper, una papelería, así como negocios de venta de lámparas, equipo de refrigeración, y una cerrajería.

En esa misma cuadra existen locales abandonados víctimas del graffiti. Hay ambulantaje, indigencia –característica de la zona–, falta de poda en las jardineras, cuadros del piso sueltos, fetidez y hasta fauna nociva.

Ahora la administración de Miguel Ángel Mancera pretende darle una nueva cara y hacer un corredor turístico que abarque de Avenida Juárez al sur hasta la Plaza San Juan y la calle Ernesto Pugibet. Por ello participó en el patrocinio del Cuarto Concurso de Arquitectura: Intervención Urbana Plaza San Juan-Barrio Chino, Centro Histórico, Ciudad de México, convocado por la revista Enlace Arquitectura, a través de la plataforma Escuela Digital.

El proyecto ganador fue el del despacho Morodo Arquitectos, encabezado por Antonio Morodo Díaz, egresado de la Universidad Iberoamericana. En entrevista con Proceso, el joven explica que el proyecto pretende rescatar el espacio público para que el protagonista sea el peatón.

La iniciativa incluye la intervención en las calles Dolores, Independencia, Artículo 123, Victoria, Ayuntamiento, Buen Tono, Aranda y Pugibet. En esos puntos se pretende eliminar las banquetas y guarniciones –lo que generaría 100% de accesibilidad a personas con discapacidad–, reordenar el mobiliario urbano, colocar bancas y organizar las mesas de los restaurantes al aire libre, rediseñar los cruces peatonales y corregir la señalización vial.

Incluye la construcción de un bicicarril y estaciones del sistema Ecobici y Turibús, un espacio específico para carga y descarga de los locales comerciales y señalamiento de estacionamientos públicos concesionados.

El proyecto implica homologar las fachadas de los restaurantes y de los locales que ahí operan. Para su cubierta se proponen cortinas enrollables, cancelería abatible o corrediza y puertas biombo.

“Queremos que todos tengan una misma identidad e iluminación directa que sea ‘ecoamigable’ y ayude a combatir la inseguridad”, dice el arquitecto Morodo.

La idea, agrega, es que haya lámparas a nivel de piso y entre la vegetación, con las que se sustituirán los postes de luz actuales.

Además, se considera la instalación de depósitos subterráneos debajo de pisos “permeables” para captar el agua de lluvia. Éstos funcionarían con una planta bombeadora alimentada por energía solar, captada por paneles fotovoltaicos, para aprovechar esa agua en el riego y la limpieza de la zona. Todo ello como una característica de sustentabilidad del proyecto.

El Barrio Chino abarca la calle de Dolores, entre Independencia y Artículo 123. Le sigue la esquina con Victoria, un corredor de tiendas de luminarias donde “conviven” el comercio ambulante, banquetas estrechas, coches estacionados, coladeras pestilentes y casetas telefónicas descompuestas.

Más adelante, hacia la calle Ayuntamiento, se encuentra la Parroquia de San José, cuyos muros han sido presa de grafiteros. Enfrente funcionan un estacionamiento público y una zapatería, así como locales de venta de alimentos.

Según el proyecto de Morodo, en ambas calles se continuará con la tendencia de pisos e iluminación, así como la dinámica de calle semipeatonal con bolardos y semáforos para los andantes.

Plaza de San Juan

Al cruzar Ayuntamiento, por donde antes pasaba el tranvía y hoy corre la Línea 4 del Metrobús, comienza uno de los sitios históricos más importantes de la ciudad, pues ahí se inició la concentración para derrocar al entonces presidente Franscisco I. Madero, pero también de los más deteriorados: La Plaza de San Juan.

Flanqueada por el templo de Santa María de Guadalupe, antes el convento de San Juan de la Penitencia, y un edificio de Teléfonos de México donde estuvo la famosa fábrica de cigarros El Buen Tono –propiedad del empresario franco-mexicano Ernesto Pugibet–, hoy tiene un paisaje deprimente: Puestos de comercio ambulante, columpios oxidados, tableros de basquetbol rotos, botes desbordados de basura, indigentes, perros sin dueño, ropa y zapatos revolcados y botellas de licor entre los bustos de la Rotonda de los Locutores.

Al fondo, un joven parece muy concentrado en su rutina de ejercicio, pero en realidad sólo es “la pantalla” mientras espera a sus clientes que le compran droga, según acusan quienes se toman cinco minutos de descanso en una banca.

La plaza también resguarda el Mercado de Artesanías de San Juan. Diseñado por Enrique Griffon, se inauguró el 27 de enero de 1950. Veinte años después, fue ampliado, modernizado e inaugurado el 14 de noviembre de 1970 por el entonces regente Alfonso Corona del Rosal.

Actualmente cuenta con 176 locatarios activos que ofrecen artesanías de distintos estados de la República: Ropa tejida, figuras de barro, cerámica y vidrio soplado, artículos de piel, aluminio repujado, plata, guitarras, entre otros.

Sin embargo, los comerciantes reconocen que les falta apoyo de los guías de turismo que dan recorridos en la zona centro de la ciudad, así como publicidad por parte de las autoridades del gobierno capitalino. Y es cierto: sus pasillos lucen con poca gente y escasa iluminación, hay graffiti en las paredes, falta de mantenimiento en general, escasos señalamientos y espacios de exposición semiutilizados; incluso algunos locatarios han tenido que “desdoblarse” o sacar sus puestos a la calle para subsistir.

El rescate de la plaza y del mercado constituye la segunda parte del proyecto de intervención elaborado por el equipo de Antonio Morodo. En ella se propone que el espacio interior se abra a nivel de la calle para dar continuidad a toda la propuesta de espacio público que se inicia desde el Barrio Chino.

Incluye construir taludes de pasto que lleven a la planta baja del centro comercial, donde actualmente existen escalones y una barda. También se pretende remodelar la fachada del inmueble con un “exoesqueleto a base de un patrón artesanal, que va a crear una sensación de profundidad y claro-oscuro”, con el fin de dar una identidad a todo el conjunto.

Y aunque la remodelación del interior corresponde a la delegación Cuauhtémoc y al gobierno capitalino, el proyecto de Antonio Morodo propone reorganizarlo en tres niveles:

El primero es el sótano o estacionamiento, que conservará su ocupación para vehículos y también se adecuará en él una galería de arte subterránea iluminada por un patio de luces cenitales.

Para el segundo, se harán taludes de pasto a nivel de la plaza y la calle para incorporarse al mercado, y se adecuará el espacio donde actualmente existe una fuente –que no funciona— para realizar actividades culturales, como funciones de danza, teatro y conciertos, y otra zona donde se instalen restaurantes, cafés o librerías.

En un tercer nivel estarán los locales y se favorecerán aperturas en fachadas para crear miradores hacia la plaza.

“Creemos que el mercado de artesanías debe convertirse en un nuevo centro neurálgico de la zona, no sólo a nivel comercial y peatonal, sino también a nivel cultural”, dice el arquitecto Morodo.

Rafael Acosta, secretario general de la Unión de Comerciantes Mexicanos en Pequeño del Mercado de Curiosidades San Juan, recuerda que ésta no es la primera vez que se construye un proyecto para rescatar el mercado. Tiene en su poder documentos que hablan de iniciativas desde 1995 y una más en 2012, así como peticiones de ayuda a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF). Pero a la fecha poco se ha hecho.

Y aunque lamenta que nadie les ha mostrado el proyecto de Morodo ni les ha pedido su opinión al respecto –aun cuando desde febrero pasado solicitaron a la delegación Cuauhtémoc y al gobierno capitalino información al respecto, sin obtener respuesta–, los locatarios están dispuestos a dialogar para llegar a un acuerdo.

Lento pero seguro

La necesidad de rescatar este corredor es evidente, reconoce Alejandra Moreno Toscano, autoridad del Centro Histórico, participante del proyecto. Sin embargo, dice que en el proceso de intervención también participan varias dependencias, por lo que se llevará tiempo.

“Sobre la ciudad siempre tenemos ideas buenísimas, pero la intervención para mejorar el espacio común implica la coordinación de muchas dependencias para solucionar determinados problemas… Esperamos que en 2015 se empiece a trabajar en su ejecución.”

La Autoridad del Centro Histórico se creó en 2006 y desde entonces la dirige Moreno Toscano. Con apenas un año de operación y con el argumento de reordenar el comercio ambulante en el Perímetro A del centro de la ciudad, en 2007 Moreno Toscano autorizó la demolición de al menos 14 inmuebles construidos entre los siglos XVII y XIX y catalogados por el INAH. El proyecto fracasó pues los vendedores continúan hoy en las calles y sólo usan las plazas como bodegas.

Entonces, argumentó a Proceso (1623):

“Hay que entender que la recuperación de los centros históricos no solamente significa conservar por conservar las piedras. Lo que significa es aumentar la calidad de vida de las personas que viven en él y, como tú sabes, todos esos inmuebles fueron aplicados a la reordenación del comercio en vía pública, para que esa reordenación permitiera precisamente un rescate realmente profundo y consolidado del Centro Histórico.”

Las declaraciones de Moreno Toscano generaron no sólo polémica entre historiadores, arquitectos, restauradores y dipu­tados, sino denuncias penales ante el Ministerio Público, como lo difundió este semanario en sus ediciones 1623, 1624, 1625 y 1626.

Aún con este antecedente y otras polémicas en las que se ha visto envuelta –como la fallida restauración de la estatua de Carlos IV, conocida como “El Caballito”–, la funcionaria ahora participa en el rescate del Barrio Chino y del mercado de San Juan.

En entrevista, informa que el diseño del despacho Morodo Arquitectos es el “proyecto conceptual” de cómo se puede mejorar ese espacio público. Sin embargo, aclara que puede modificarse según los requerimientos de las dependencias involucradas.

“Estamos procurando que las soluciones no impliquen cambios en el enfoque original”, agrega.

Por lo pronto, la Autoridad del Espacio Público (AEP), el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y la Secretaría de Movilidad (Semovi) estudian las acciones a realizar en las calles que comprende el proyecto para tener una estimación del costo de las obras y solicitar el presupuesto para ejecutarlas.

Según la funcionaria, las autoridades aún no se han acercado a los dueños de los negocios del Barrio Chino ni del llamado mercado de artesanías de San Juan para exponerles el proyecto. No obstante, dice que en la zona existe la demanda de modernizar los servicios urbanos, como limpia y recolección de basura, sanitarios, seguridad e iluminación.

Y es que este corredor se ubica en un lugar privilegiado: A una calle de Avenida Juárez y la entrada a la calle Madero, cerca de la zona de grandes hoteles, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Torre Latinoamericana. También lo rodean el mercado de carnes exóticas y el de la Ciudadela, la XEW, la biblioteca José Vasconcelos, el Teatro Metropolitan, el Museo de Arte Popular, la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes y zonas de potencial crecimiento como la avenida Chapultepec.

Por todo ello, Alejandra Moreno Toscano concluye:

“Tenemos que aprovechar la lógica y el potencial de cada una de las calles que rodean este corredor.” Este texto se publicó en la edición 1995 de la revista Proceso.

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