Desbordante homenaje a Federico Campbell en Bellas Artes

domingo, 15 de febrero de 2015
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Hubo que habilitar la pantalla de la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes para que nadie se quedara fuera del homenaje al escritor tijuanense Federico Campbell -a un año de su partida-, anunciado al mediodía en la Manuel M. Ponce con la participación de los narradores Margo Glantz y Juan Villoro y el neurofisiólogo Romualdo Romo, quienes conformaron, con la moderación de Vicente Alonso, una mesa inolvidable. Más de 300 personas, aproximadamente, quizá un total más cercano a las 400, desbordó los espacios y la emoción para celebrar la obra de este narrador cuyo lugar en las letras mexicanas fue siempre puesto en duda por él mismo, pero que hoy ratificaron para siempre sus colegas. Todo comenzó con el disfrute de la comunidad congregada ante el documental de 14 minutos preparado por Carmen Gaytán (la “compañera solar de Federico”, como la nombró Villoro) y Jaime Kuri, en base a la serie de TV-UNAM y fotografías del escritor y su familia, muchas de ellas proporcionadas por su sobrino Eduardo Flores Campbell. Margo Glantz hizo un extenso (y por ello mismo preciso) repaso del quehacer literario del bajacaliforniano para situarlo en su fin último como telegrafista, ya que al igual que Gabriel García Márquez, ese fue el oficio de los padres de ambos escritores. La narradora se disculpó por tan amplio trabajo, que el público disfrutó paso a paso, un ensayo que sin duda condensa como ninguno el panorama narrativo de Campbell. Presencia inusitada en una mesa literaria como la del doctor Ranulfo Romo, se debió al interés de Campbell por la búsqueda neurofisiológica de la libertad y de la creación (sin olvidar que durante muchos años el tijuanense dirigió la revista Mundo Médico). El destacado investigador de la UNAM invirtió los papeles y leyó, con tintes de humor en ocasiones, una entrevista imaginaria que le hizo al escritor, convertido éste ahora en el especialista en conexiones neuronales. Por su parte, Villoro conmovió al público con su entrañable recuerdo de cómo conoció al escritor “en medio de una nube de vapor” al ser citado en su casa, donde Campbell había olvidado apagar el agua hirviendo para el café. Para cerrar con la misma imagen, al señalar que “como la literatura es una preparación para la muerte, me gustaría ver a Federico detrás de una nube de vapor”. Y en el ínterin mientras valoraba las aportaciones centrales de la escritura de Federico Campbell, puso el acento en una particularidad: la gente, los demás, como parámetro del escritor. Y en su “evocación memoriosa”, resumió su “persistente y muy vasta obra” a una permanente indagación de su creador. Estaban ahí Carmen Gaytán, Federico Campbell Jr., las hermanas del escritor Sarina y Silvia, y su sobrino Eduardo. Éste, quien hace un año iba a entregar al semanario Proceso un texto y no lo hizo, ahora salda la deuda al autorizar a Proceso.com publicar “este fragmento de lo que he podido escribir a lo largo de este año”. Es el siguiente: “Federico Campbell fue admirado y respetado por muchos de sus colegas, él también fue un gran admirador del trabajo de muchos de ellos. En sus andanzas por la condesa en Ciudad de México, por la Cacho en Tijuana o en Trastévere en Roma se podía encontrar con cualquiera, y todo podía suceder. Federico era un gran conversador. Recuerdo en mi niñez haberle acompañado mientras charlaba con el profesor Rubén Vizcaíno en la cafetería del hotel Nelson de Tijuana, en los años ochenta saludando al corresponsal de Le Monde en El Parnaso de Coyoacán, o en el 94, encontrármelo tomando café con Jorge Castañeda en la escuela de humanidades de la UNAM. “A mediados de mayo de 2013, en la cafetería de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles nos encontramos a Carlos García de Alba, buen amigo de Federico y embajador de México en Irlanda. De allí, la plática, tornó sobre un próximo viaje de Federico a Europa agendado para julio del mismo año. Tenía todo listo para pasar un mes en Roma y lo hizo, bueno, por lo menos parcialmente aunque al final el resultado fue mejor. Meses después, entre pancakes y café, me comentó cuánto disfrutó Irlanda, algunos detalles, y que su estancia en Roma coincidió con una conferencia del autor de Gomorra, el periodista y también escritor Roberto Saviano. El autor italiano es raro que salga en público, al igual que el escritor Salman Rushdie, su cabeza tiene un precio. Gran parte de lo yo que sé de Saviano, la camorra y otros temas es gracias a Federico. “Tío, ¿hablaste con él? Me hubiera gustado que me hubiera dicho sí, pero no lo hizo. Creo que pasó lo contrario; me imagino que después de la conferencia salió solo a la calle, se ajustó el saco de lino, se acomodó el sombrero Panamá y siguió su camino”.  

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