Luis Miguel da más de lo mismo en el Auditorio Nacional

sábado, 28 de febrero de 2015
MÉXICO,  D.F. (proceso.com.mx).- Flojo, lento y con muchas pausas entre las canciones según sus seguidores, se desarrolló el antepenúltimo concierto de Luis Miguel en el Auditorio Nacional, que forma parte del Déjà Vu Tour. Anoche, a las 21:00 horas, el Auditorio Nacional lucía casi lleno, excepto la zona preferencial en la planta baja que quedó vacía. Se hizo la oscuridad y de repente una luz encendió el escenario y dejó ver a unos 10 músicos y una corista. [gallery type="rectangular" ids="397186"] En lo alto de una tarima salió el cantante vestido en su eterno traje, corbata negra y camisa blanca interpretando el tema Quien será, la primera de unas 25 canciones de su repertorio. Le siguieron otras piezas como Dame tu amor; Tú, sólo tú; Sol arena y mar, y Suave. Al inicio de la séptima canción Amor, amor, amor, el intérprete soltó un “¡Buenas noches México!” -una de las dos breves frases que se le oyó decir en toda la noche- a lo que el público respondió con un grito. Durante el desarrollo del concierto el ánimo del público fue muy estable. La mayor parte del tiempo la gente se quedó sentada, incluso los de gayola, sitio muy común donde todavía hace unos años se reunían las fanáticas de “hueso colorado” del llamado “Sol”. Todos sentados en sus butacas. Si acaso los más entretenidos fueron los de la zona frente al escenario, en donde la mayoría, siendo mujeres, optaron por pararse lo más cerca tratando de que el cantante las saludara con la mano, como suele pasar en todos sus conciertos en el Auditorio. “No está tan gordo como decían, o ya bajó de peso”, se escuchó decir a los asistentes entre los espacios en blanco entre pieza y pieza, o más bien espacios en negro pues por alguna razón, quizá técnica o simplemente de programación, entre tema y tema se apagaban las luces del escenario por alrededor de 40 segundos, hasta que a la mitad del concierto el público reaccionó y pidió a gritos que su artista cantara. Luis Miguel (nacido en San Juan, Puerto Rico) pareció disfrutar el concierto para sí mismo, viendo a sus músicos, el piso, saludando a su público más cercano, de repente balbuceando los temas y haciendo corear al público sus canciones. No hizo tantos brincos ni movimientos rápidos de un costado al otro del escenario. El repertorio incluyó a las clásicas Esa niña, Fría como el viento, O tú o ninguna, Tengo todo excepto a ti, La incondicional, Te necesito, Y sigo, entre otras baladas en popurrí. Justo al cumplirse una hora del concierto lo acompañó un mariachi y aprovechó para hacer su segundo cambio de ropa, en negro también: camisa, cinturón estilo charro y chaleco. Interpretó México, México; La bikina; Cielito lindo; Qué bonita es mi tierra, y Viva México, entre otras. Casi al final hizo un flashback en su carrera, quizá de ahí el nombre de su gira de este año de Déjà Vu, e interpretó un popurrí con temas de su juventud como Separados, 1+1= Dos enamorados y Directo al corazón, para esa última parte se cambió por tercera y última vez, usando el eterno color negro, esta vez playera de manga corta pegada, chaleco y pantalón, muy del estilo que usaba en los conciertos de la década de los noventa. Cristina Medina, un ama de casa de 44 años, dijo que era la primera vez que acudía a un concierto del cantante a quien vio acompañada de su familia: su esposo y sus dos hijas de 16 y 19 años. “Nunca antes me llamó la atención como para ir a verlo aunque sí me gustaban sus canciones porque somos de la edad, y venir a verlo ahora fue más por mis hijas que lo pidieron porque de un tiempo para acá escuchan sus canciones. Me gustó el concierto pero nada más porque le faltaron muchos temas importantes, temas más movidos, estuvo flojo”. Mientras que Verónica Ovando, una joven estudiante de la licenciatura de Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que el concierto del año pasado le pareció mucho mejor. “Vine el año pasado y creo que estuvo mejor, ahorita como que desafinó y le faltó un poco de repertorio, me hubiera gustado escuchar otras canciones, aunque definitivamente lo volvería a ver, la verdad es que me gusta mucho”. Víctor Correa, un ingeniero civil de 36 años comentó: “Sí, por supuesto que le faltó al concierto, me quedó a deber el cuate, no canta mal, sigue aguantando el ritmo y tiene voz todavía pero no sé por qué prefirió las baladas, le faltó más, yo lo vi hace unos años y aunque no te gustara te mantenía arriba todo el tiempo cantando y coreando, y ahora no, me quedó a deber, pagué mil quinientos pesos por persona porque además le pagué a mi esposa”, afirmó. Una vez concluido el concierto, la venta de artículos con el nombre de Luis Miguel afuera del recinto tuvo mayor auge. “Lo mero bueno es ahorita en la salida, saca como 500 en un rato”, dijo el comerciante Jorge Hernández. Por ejemplo las tazas se ofrecían en 20 y 50 pesos y las playeras a 100 pesos, mientras que adentro en la sección oficial lo más económico eran llaveros de 100 pesos, le seguían las tazas de 200 y luego playeras de 350 pesos. Y así Luis Miguel se presentó una vez más en el Auditorio Nacional dando de qué hablar. El cantante de 44 años que ha vendido más de 100 millones de discos, concluirá este domingo su doceava fecha en el Auditorio Nacional como parte de su Déjà Vu Tour, y con ello llegaría a 223 presentaciones en ese recinto, con lo que seguiría sosteniendo su récord en dicho lugar. Después seguirá su gira con un concierto en Zapopan, Jalisco el 5 de marzo, y posteriormente tres fechas en Monterrey, Nuevo León, el 12, 13 y 14 de este mes. Esto luego de la polémica cancelación del concierto del 7 de febrero en Mérida, Yucatán, donde versiones aseguraban que no salió a cantar porque se encontraba alcoholizado, y posteriormente se tuvieron que devolver siete mil entradas.