Lluvia musical de Ringo Starr en México

miércoles, 11 de marzo de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Ringo Starr atrajo una lluvia amorosa en la Ciudad de México, la noche del martes 10 de marzo, bajo el lema sesentero de “paz y amor”. Marcó el ritmo preciso, como en los viejos tiempos de Los Beatles; aglutinó las armonías amigables de los siete colegas All Starr Band, su grupo en escena, y fue el presentador líder de un espectáculo que animó a provocar suspiros y zapateos del público que casi llenó Auditorio Nacional capitalino. El exbaterista del Cuarteto de Liverpool cantó, bailó y movió su cabeza (otrora melenuda) como en los mejores momentos de la Beatlemanía, para al final agradecer los exultantes “¡Ringo, Ringo!”, con sus dedos abiertos de emblemático pacifismo… hasta que la lluvia apareció en el Distrito Federal. Dos horas de tocada y nadie pudo sustraerse a dicha empapada de un artista inmortal. El concierto comenzó poco después de las 8:30 con Matchbox (Caja de cerillos), Rockabilly confeccionado por Carl Perkins (indiscutible pionero del sonido que vio nacer a Elvis por los estudios Sun Records de Memphis en 1956), y en inglés solemne Ringo avisó: “Bienvenidos, Ciudad de México. ¡Vamos a pasarla bien!” (https://www.youtube.com/watch?v=dnr1R4ULRTY) Durante la segunda rola, coescrita por él a la ruptura del Cuarteto de Liverpool, It Don’t Come Easy (No viene fácil), entre el solo del saxofón y la chida golpeteada de su igual Warren Ham (Texas, 1957), un Ringo barbón soltó guiño verbal murmurando celeste “Hare Krishna”, mantra a su colega exBeatle, George Harrison, quien también produjo tal disco sencillo en 1971 para los refugiados en Bangladesh.
Olvida el pasado y todas tus tristezas. El futuro no perdura, se acabará mañana…
“Amo estar aquí en la Ciudad de México, paz y amor”, dijo Ringo cual rey del proscenio. Anunció Wings (Alas), medianez seductora que compuso con Vini Poncia en 1977 y evocación al epónimo conjunto de su aún compañero de viaje: Sir Paul McCartney. (https://www.youtube.com/watch?v=JKxryaxPfcE) Dos plataformas delante de un ciclorama cósmico azulado bastaron al juego escénico visual de este espectáculo, donde “el astro Starkey” estableció movimientos primaverales, enfundado de traje oscuro con lentejuelas. “Como saben, mi nombre es Ringo…” A la ruidosa respuesta, se refirió a su septeta musical que lo acompañó: “Y como saben, cada quien aquí es una estrella por mérito particular. Vamos a continuar el show con Todd...”. Sin que buena parte del público retornara a sus asientos, la energía descendió quizás en el recuerdo de que el aludido rocker. Todd Rundgren (Penssylvania, 1948) tuvo cierto altercado con el difunto John Lennon hace 41 años. Pero el noble guitarrista del grupo Nazz y Utopia, “se la sacó” unido a la banda estelar desde los años noventa, y en este recital retribuyó su homenaje a Ritchie (como apodaba George Harrison a Ringo) sentado ya, en la batería, atento. I Saw The Light (Yo vi la luz) comenzó el periplo de constelaciones, dando pauta al organista de la All Starr Band de Ringo, Gregg Rolie (Washington, 1947), quien sorprendió: “¡Este es el primer éxito de (Carlos) Santana ‘Evil Ways’ (“Caminos del mal”)!”. Todd subió a la parte alta del foro para susurrar algo gozoso al otro baterista del septeto, Gregg Bissonette (Michigan, 1959), pareja rubio percutiva que mantuvo la fiereza rocker (con aspavientos tipo Keith Moon, de The Who). El contraste resultó obvio y hasta hermanable, toda vez que la espectacularidad de Bissonette hizo lucir de Ringo la calidad en los tiempos: una clase perfecta, diríamos, acentuada por los tarolazos del grueso sax (cuando la rola ameritaba fulgor) y los coros anillo de la compañía. El requinto Steve Luckater (California, 1957), famosa “bestia musical” por su trabajo en Toto hizo de las suyas, vía rolas como Rosanne. Se hallaba en casa: “¡Viva México City! ¡Suave estar de vuelta acá con mis amigos porque me siento muy bien, y Ringo es mi gran camarada!...” Ringo apenas logró bromear sobre su momento bajo en el show: “Dame chance… se trata de mi número”. Entonces, el resto introdujo la prueba de que no todo sería palomitas de maíz para los musicófilos en México: el bajista y vocalista Richard Page Míster Mr  (Iowa, 1953) lanzó hondas vibras con la sacra Kyrie Eléison, primer himno de la velada con un Ringo sonriendo en pandereta. Una oportunidad a la paz Desde el cambio de siglo, Ringo Starr ha logrado el prodigio de invitar a figuras de primera línea en sus diferentes discos y agrupaciones a lo largo de espectáculos y esta vez, cumplidos sus 74 años de edad, no se equivocó. Boys (Muchachos) mostró por qué los otros Beatles nada hubieran sido sin él. Para opacar un “clásico” aburrido como Yellow submarine (El submarino amarillo), que suele sacar entre el público globos juguetones de la nada, su banda otorgó maravillosos tributos de improvisación y sabor tipo latino como Black Magic Woman (Mujer de magia negra), del jalisciense Carlos Santana; u Oye cómo va, del portorriqueño Tito Puente. Al filón final, Richard Page sublimiza amor universal en You are mine. “¿La están pasando bien?”, repetía el locuaz eléctrico Lukather, más allá de Hendrix con su Fender. Honey Don’t (No, cariño), otra memorable de Carl Perkins, y Don’t pass me by (No me hagas a un lado), con Ringo a la pianola sacaría fríos calambres del respetable. Todavía Ringo dejó espacio para lucimiento de su banda con “África”, pero el auditorio lo requierió a gritos (siempre constantes, amorosos), reverberando Ringo (o mejor dicho, Billy Shears) su sello “With A Little Help From My Friends” (“Con una pequeña ayuda de mis amigos”) y el tributo a Ono Lennon “Give Peace A Chance” (“Da una oportunidad a la paz”), para cerrar la noche triunfal de Richard Starkey (nombre verdadero) en México. Satisfechas, las respetables bandas se perdieron en la tormenta insólita de Chapultepec, rumbo a un nuevo día anunciado por Ringo, mascando los prodigios sonoros de la memoria beatle.

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