Madre clama justicia: un expolicía mató a su hija de seis años

martes, 31 de marzo de 2015
LEÓN, Gto. (apro).- Lucía Elizabeth murió en los brazos de su madre hace una semana, pero Paula Patricia no ha podido vivir el duelo por la muerte de la pequeña. Desde el día de la tragedia no ha descansado para exigir justicia. Y tampoco ha dado tregua para denunciar la complicidad de agentes policiacos que ayudaron a escapar al responsable del crimen de la niña de seis años. A Lucía Elizabeth Muñoz Lemus la mató Gustavo Hernández Escareño. Hasta diciembre pasado, el asesino fungió como agente de la Policía Municipal de esta ciudad. Hoy se encuentra prófugo. Desde el pasado domingo 22, Miguel Ángel Muñoz –padre de la pequeña víctima– se encuentra hospitalizado por una herida de bala en el brazo que le causó otro de los disparos que hizo Gustavo Hernández ese día. Las hijas de ambos solían jugar en las calles de Circuito Fragua de Radio –donde se ubica el domicilio del segundo– y Fragua de Litio, donde viven los Muñoz Lemus. Paula Patricia trabaja aseando casas y Miguel Ángel es despuntador, aunque dura poco en los empleos debido a que un golpe en la cabeza le provoca continuas convulsiones y tiene problemas de movilidad en un brazo. “No habíamos tenido problemas. Mi esposo y yo trabajamos y estamos todo el día fuera de casa. Ya conocíamos la mala fama del policía, porque otros vecinos nos comentaban que habían tenido conflictos por su carácter difícil y prepotente”, cuenta Paula Patricia. Lo veían llegar en una patrulla y con el uniforme, pero en diciembre pasado se enteraron de que lo habían dado de baja, aparentemente por sus presuntos vínculos con asaltantes de cuentahabientes en la ciudad. El conflicto entre los vecinos inició porque el perro de la familia Muñoz, un cachorro mestizo con rasgos de pitbull, de siete meses, atacó a la hija del policía. El pasado 20 de febrero, cuando la pequeña acudió a casa de la familia Muñoz para invitar a Lucía Elizabeth y a su hermana de 10 años para que jugaran con ella, el perro se salió y la atacó, causándole una herida y rasguños en un brazo. “Esa noche, al enterarnos de lo que pasó, mi esposo y yo fuimos a casa de Gustavo para ver qué podíamos hacer. Sabíamos que teníamos que pagar los gastos médicos por lo menos”. El exagente los recibió furioso y les dijo que el perro “había arrancado un pedazo” a su hija y le había mordido la cara, el pecho y las piernas. Les advirtió que interpondría una demanda. Más tarde, los Muñoz se dieron cuenta de que la hija de Hernández no había sufrido las heridas que éste aseguró. Sólo usaba una venda en uno de los brazos. No obstante, optaron por entregar al perro al Centro de Control Animal. “No queríamos más problemas, creímos que ahí había terminado todo”, señala Paula. Pero la relación entre las dos familias se complicó porque Lucía Elizabeth y su hermana eran molestadas cada que pasaban por la casa del expolicía, quien tiene una tienda de abarrotes. Tras una nueva amenaza, la noche del pasado domingo 22, Paula Patricia y Miguel Ángel decidieron ir a casa de Gustavo para dialogar con él y ponerle fin al conflicto. En el camino encontraron a Antonio –el hijo mayor del expolicía– y a sus hermanas. Luego de discutir un rato, Antonio tiró al suelo a Miguel Ángel y comenzó a golpearlo. “Yo me asusté porque a mi esposo le dan convulsiones. Mi hija mayor jalaba al muchacho, le gritaba que no le pegara a su papá. Lucy se me pegó a un costado del cuerpo”, recuerda Paula. Al escuchar los gritos, el expolicía salió de su casa con un arma en la mano y disparó en varias ocasiones hacia donde se encontraba el grupo. Una de las balas .9 milímetros entró directo al corazón de Lucita, como conocían a la menor en la colonia Paseos de la Fragua. Durante varios minutos, no sabe cuántos, Paula no se dio cuenta de que la niña estaba herida. Creyó que se había desmayado por el susto. “¡Ayúdenme! ¿Qué tienes, mi niña, qué tienes?”, gritaba Paula mientras sostenía a Lucy. En ese momento el expolicía se acercó, se inclinó sobre la niña, le levantó la blusa y vio la herida en medio de su pecho. “¡Le disparaste, tú le disparaste!”, le gritó Paula y le arrebató el arma de la mano. El hombre jaló a sus hijos y corrió hacia su camioneta, una Tahoe roja con placas de Michoacán. Tirado en el piso, sangrante, Miguel Ángel pidió al expreventivo que auxiliara a Lucía. “¡Ayúdame a llevarla al hospital, no te vayas!”, le alcanzó a gritar, pero el hombre no le hizo caso. Al darse cuenta de lo sucedido, los vigilantes de la colonia colocaron unos barriles en la salida para impedir que el expolicía huyera, pero su vehículo los derribó y éste escapó con su familia. La camioneta fue abandonada en una calle de Colinas de Santa Julia, al sur de la ciudad. Cuando los paramédicos llegaron al lugar de los hechos, informaron a Paula que la niña ya estaba muerta. “Me quedé toda bloqueada, les pedí que se llevaran a mi esposo porque estaba todo golpeado y también herido por los disparos. No me quise ir con ellos, no iba a dejar a mi hija ahí tirada, sola”. Complicidad criminal Al transcurrir los minutos salieron a flote las complicidades que facilitaron la huida del expolicía. Luego de varias horas de declarar ante el Ministerio Público y acompañar a su esposo al hospital, con el cuerpo de su hija en brazos, Paula Patricia volvió a su casa el lunes 23 para velarla. El caso quedó consignado en la averiguación previa 7185/2015, en la Unidad Especializada en Investigación de Homicidios. “En el Ministerio Público me dijeron que el gobierno pagaría el sepelio. No incluía lo del velorio, así que la velé (a Lucía) en la casa”. Entre las 8 y 9 de la noche del lunes, varios vecinos avisaron a Paula que cuatro patrullas de la Policía Municipal, entre ellas la número 456, llegaron al domicilio de Gustavo Hernández escoltando a la esposa, quien ingresó a la vivienda y sacó varias cosas. Indignados, los vecinos trataron de impedir la salida de los uniformados. Cuando las patrullas se retiraban con la esposa de Hernández, les lanzaron piedras y luego pintarrajearon la fachada de la casa abandonada. Los patrulleros acudieron al lugar “a atender un reporte de robo”, fue la versión que dio la Policía Municipal sobre el hecho. El martes 24 se supo que el expolicía preventivo escapó con la ayuda de al menos uno de sus excompañeros, quien atravesó su patrulla e impidió el paso de otra unidad de Tránsito municipal que perseguía a Gustavo. Lo anterior fue confirmado por el director de Seguridad Pública, Francisco Aguilera Candelas, quien dijo que recibió un parte informativo de elementos de Tránsito municipal en el que se consignó lo ocurrido, así como el altercado con los policías municipales cuando éstos bloquearon la persecución. No obstante, se negó a revelar el nombre del elemento implicado. Posteriormente el alcalde interino, Octavio Villasana, dijo que el policía fue dado de baja de la corporación y que fue puesto a disposición del Ministerio Público. No fue así. El viernes 27 el procurador Carlos Zamarripa aclaró que el municipio sólo entregó un oficio con el parte informativo de Tránsito en el que se precisaba el nombre del policía y el número de la patrulla que ayudó a escapar a Gustavo Hernández Escareño, pero el agente nunca fue presentado. El director de Averiguaciones Previas de la Subprocuraduría en León, Ignacio Pérez Ruiz, confirmó haber recibido un escrito de la Dirección de Seguridad Pública Municipal “donde nos hacen referencia de que una unidad de Policía Preventiva, por su forma de actuar, se aparenta que auxilió al homicida de la niña de seis años, ya que les tapó el paso a los elementos de Tránsito que lo iban siguiendo”. Con esos datos, agregó, se inició una averiguación distinta “para efectos de establecer si la conducta que realizaron los elementos de la Policía Preventiva se configura en una acción ilícita”. “Tengo miedo” En noviembre de 2013, preventivos denunciaron ante medios locales a Abel Hernández Escareño, hermano de Gustavo, quien permanece activo en la Policía Municipal, por los excesivos castigos que les imponía de manera discrecional. Meses antes de esa queja, en una ceremonia en la que la exalcaldesa Bárbara Botello entregó tarjetas de descuento comerciales como un incentivo para los preventivos, Abel habló en nombre de la corporación. En esa ocasión resaltó el compromiso de la Policía leonesa de recuperar la confianza de la ciudadanía, y aseguró que no se permitiría ningún acto que manchara la imagen de la misma. Pero Paula Patricia tiene miedo. No quiere vivir ya en la casa de Paseo de la Fragua que ella y su esposo siguen pagando. “Yo lo que quiero es que lo encuentren (a Gustavo). Tengo miedo de que se nos aparezca, aquí se le tiene miedo. De Dios no se va a escapar. Pero quiero que se haga justicia también en la tierra”, reclama la madre de “Lucita”.  

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