La Cumbre de los Presidentes en crisis

PANAMÁ (proceso.com.mx).- Los jefes de Estado y de gobierno, con mayor presencia internacional en la región, llegan a la Cumbre de las Américas precedidos por escándalos de corrupción o reveses a su popularidad en sus respectivos países. De México a Chile, los líderes de los países de mayor población y las economías más grandes de América Latina, con independencia de su orientación ideológica, registran acusaciones, descalificaciones y crisis especialmente relacionadas con los derechos humanos. El caso de México ha sido ampliamente documentado por la prensa nacional y extranjera, desde que en noviembre se reveló un presunto conflicto de intereses en el escándalo conocido como “la Casa Blanca”, que en la explicación oficial fue construida y financiada para la primera dama, Angélica Rivera, por Juan Armando Hinojosa Cantú, contratista gubernamental. En la misma situación, el secretario de Hacienda Luis Videgaray debió admitir el mismo esquema en la adquisición de su residencia. Desde entonces, la información no ha cesado, y el escrutinio a las actividades de servidores públicos y la familia presidencial aumentó, al grado de que apenas ayer, el titular de la Comisión Nacional del Agua, David Korenfeld, cercano a Peña Nieto, debió renunciar tras difundirse que junto con su familia, utilizó un helicóptero oficial. Esos asuntos abonaron a la inconformidad ciudadana tras la desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, a finales de septiembre. Apenas la semana pasada, el Estado Mexicano intentó descalificar un informe de la relatoría de Naciones Unidas sobre tortura, que calificó que México registra esa práctica de manera generalizada. En tanto, organizaciones civiles internacionales, han considerado que el país enfrenta una crisis de derechos humanos. En el otro extremo ideológico y geográfico, el cono sur tiene también sus crisis. En Chile, la presidenta Michelle Bachelet, canceló su asistencia. Enfrenta las acusaciones por tráfico de influencias de su hijo, Sebastián Dávalos Bachelet, agravadas tras descubrirse que su campaña habría sido financiada en parte por la empresa de un allegado al dictador Augusto Pinochet. En Argentina, las cosas no están mejor. Hace unos meses, el fiscal Alberto Nissman, llevaba un caso en el que intentaba probar que la presidenta Cristina Fernández y el canciller Héctor Marcos Timerman, habían encubierto a iraníes que perpetraron un ataque a las Asociación Mutual Israelíta de Argentina (AMIA), en 1994, con saldo de 85 personas muertas y unos 300 heridos. En febrero, a un mes de haber lanzado sus acusaciones, el fiscal Nissman fue asesinado y, naturalmente, impactó la imagen de la presidenta que está en la recta final de su mandato. Otro caso de corrupción es el de la centro izquierdista brasileña, Dilma Rousseff quien ha enfrentado en meses recientes el escándalo de corrupción de Petrobras, la petrolera de ese país sobre la que se documentaron sobornos a partidos, dádivas políticas y arreglo de precios de insumos, es decir, una serie de actos de corrupción sistémica. El escándalo provocó movilizaciones contra Rousseff, exigiendo su renuncia. En Perú, Ollanta Humala se encuentra en estos días en el centro de la polémica, por las acusaciones contra su esposa por lavado de dinero. Frente a las peticiones de investigación contra la primera dama, Nadine Heredia, el mandatario reaccionó calificando a sus opositores como una “jauría de cobardes”. Como en México, Humala enfrenta señalamientos por violaciones graves a derechos humanos, en el episodio más reciente, por la represión violenta a campesinos que se oponen a la instalación de una minera de Grupo México. En el caso del boliviano Evo Morales, una serie de disputas facciosas en su partido y acusaciones de corrupción, con consecuente disidencia, han provocado un debilitamiento en su popularidad que la semana pasada le generaron un severo revés electoral en las elecciones municipales, perdiendo inclusive la capital, La Paz. Con crisis de derechos humanos, aunque más dimensionada internacionalmente por la importancia política, el gobierno del venezolano Nicolás Maduro también está en crisis. Dentro y fuera del país, se le acusa de violar derechos humanos de opositores políticos. Así, durante la Cumbre de las Américas, más allá de las agendas oficiales, estos presidentes latinoamericanos tienen en común que enfrentan problemáticas similares por los escándalos que han dañado su imagen en sus respectivas naciones.

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