Evocan a un Leñero polifacético en la Fiesta del Libro y de la Rosa

viernes, 24 de abril de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Dentro de la Fiesta del Libro y de la Rosa 2015, organizada anualmente por la Coordinación Nacional de Difusión de la UNAM, se llevó a cabo esta tarde una charla entre el director escénico Luis de Tavira, el actor Jesús Ochoa y el escritor Ignacio Solares para rendir homenaje al escritor, periodista y dramaturgo Vicente Leñero (1933-2014), también fundador de la revista Proceso. Moderado por Solares, director de la Revista de la Universidad, el encuentro se realizó en el Foro Fuente, en la explanada del Centro Cultural Universitario, ante unas 150 personas, entre ellas Isabel y Eugenia Leñero, hijas del escritor fallecido el 3 de diciembre pasado en la Ciudad de México. Vía telefónica Isabel Leñero expresó que fue un homenaje breve, de una hora aproximadamente, pero muy emotivo. Se rifaron durante el acto una serie de obras de Leñero editadas por Planeta, y una nueva publicación de las obras El garabato, Los periodistas y Los albañiles, editados por Six Barral en lo que será la Biblioteca de Vicente Leñero. Cada uno de los ponentes habló de alguna de las diversas facetas que caracterizaron la obra del narrador: Solares de la literatura, Tavira del teatro y Ochoa del guionista de cine y televisión. El actor, quien además fue yerno del homenajeado por estar casado con Eugenia Leñero, lo consideró como el guionista de cine más importante del siglo pasado y lo que va de éste, el mejor cotizado --remarcó--, pues hizo guiones para películas inolvidables. Recordó sus visitas a las salas cinematográficas con él y destacó que lo mismo los llevaba a ver películas como Santo El Enmascarado de Plata que cintas consideradas grandes obras de la cinematografía. Compartió también su gusto por el teatro. Confesó entonces su obsesión por montar algún día la considerada una de las grandes obras de Leñero, Los albañiles. Y evocó la recepción del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2001 al citar fragmentos de su discurso de recepción en la ceremonia realizada en Los Pinos: “Habría que encontrar el modo de convertir la cultura en necesidad –dijo Leñero ante Vicente Fox--. Se ha querido situar a la cultura como un peldaño en la escala de la educación, pero la cultura tiene en realidad los propios peldaños de su propia escalera. A veces cultura y educación suben en paralelo, se entrecruzan y se encuentran pero nunca se confunden; la cultura pertenece al lenguaje de la identidad, a la gramática de la exaltación de la vida, es tan básica y tan alimenticia como nuestra tortilla y nuestros frijoles, tan indispensable como el agua y la vivienda, tan gratificante como el amor.” Y jugando con el poema Tiempo, de Renato Leduc, donde habla de “la dicha inicua de perder el tiempo”, dijo también que la cultura no es para el tiempo “que te quede libre”, sino requiere de tiempo y de pasión, “debería preñar el régimen personal y social de nuestras vidas, como punta lanza, como sustento, como contrapunto para una sociedad empeñada en regirse por exigencias económicas”. Y no se trata, precisó Jesús Ochoa, de una exigencia de los creadores, pues cuando no se le atiende es la sociedad toda la que se priva de la cultura. En su papel de moderador, Solares intervino para ironizar: “Qué ganas de ver a un político perdiendo el tiempo leyendo un libro.” Al inicio del homenaje, el escritor nacido en Chihuahua evocó a Leñero como un autor diverso que “quería tragarse al mundo”, lo mismo en una nota periodística que en una obra de teatro o una novela. “Creo que el único género que no tocó fue la poesía, pero reporteó la literatura, el periodismo y el teatro de manera muy exhaustiva.” En su intervención, Luis de Tavira, quien --cabe recordar-- leyó el discurso principal en el homenaje póstumo a Leñero en el Palacio de Bellas Artes, dijo que el autor nacido en Jalisco fue más que sólo teatro y entendió como un desafío la construcción de una visión, elevó a obra de arte el periodismo, “lo que no es poco decir”. En respuesta a lo dicho por Solares respecto de la poesía, agregó que si bien no la escribía “si la entendía y la articulaba”. Recordó que por una “provocación” del entonces gobernador en Guerrero, Francisco Ruiz Massieu, Leñero comenzó a hacer una versión de La Divina Comedia, “El infierno” de Dante. Se trataba de crear un espectáculo en las Grutas de Cacahuamilpa. Pero mientras Dante vio el infierno, Leñero vio la historia de México, y el infierno eran diferentes momentos de la historia de México y en lugar de Beatriz era la vida de Sor Juana: “Y le da la palabra a Sor Juana con una cabalidad impresionante, que nos habla de una sensibilidad muy especial para entender también la materia poética que puede llegar al teatro. Esto no lo hubiera podido lograr si no es antes un narrador, si no es antes un periodista, si no es antes este apasionado aventurero que busca la verdad en México.” En su poética, agregó Luis de Tavira, Leñero aborda como ningún otro escritor el realismo, pero más que un nacionalismo costumbrista, intentó mostrar al México ausente “al que nos empeñamos en no ver, al de un país donde estamos de acuerdo todos en que todos sabemos que nadie sabe ni sabrá nada”. Solares habló del novelista y destacó la obra Los albañiles, puesta por Ignacio Retes en un teatro de Tlatelolco. “Esa obra tiene algo fundamental para la literatura en México: Es un parteaguas. Fíjense cómo primero y, ante todo, le da voz a quienes no la tenían. Esos personajes de los albañiles son parte nuestra precisamente porque tienen una voz propia, yo creo que la gran literatura, para serlo, debe añadirle al mundo algo que antes no tenía y que gracias a esa obra de arte va a tener y va a enriquecer el mundo, nuestro mundo, es muy significativo que realmente hayamos descubierto todo un ámbito, todo un mundo. Yo creo que los grandes autores, los grande novelistas nos transmiten un mundo que sólo está en ellos y apenas abrimos el libro adquiere vida y ya es de todos.” El homenaje a Leñero en la Fiesta del Libro y de la Rosa de la UNAM, con ocasión del Día Internacional del Libro, comprende la proyección de un ciclo de películas, cuyos guiones fueron hechos por Leñero: El llanto de la tortuga (Francisco del Villar, 1975); Mariana Mariana (Alberto Isaac, 1987); Los de abajo (Servando González, 1978); El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002); La habitación azul (Walter Doehner, 2002); El atentado (Jorge Fons, 2010); Cadena perpetua (Arturo Ripstein, 1976); La ley de Herodes (Luis Estrada, 1999); El callejón de los milagros (Jorge Fons, 1995) y Los albañiles (Jorge Fons, 1976).