Propriista e inexperto, el INE se enfila hacia el fracaso

martes, 7 de abril de 2015
Cuatro especialistas en asuntos electorales –todos exconsejeros– desmenuzan las inconsistencias de la reforma en la materia aprobada en 2014 por el Congreso de la Unión y que dio pie al surgimiento del INE: la descomunal tarea de la fiscalización centralizada, la incapacidad de garantizar equidad y transparencia y, sobre todo, la falta de voluntad para poner orden en los partidos políticos, uno de los cuales –el PRI– tiene el control de la institución. Coinciden: es indispensable una nueva reforma. MÉXICO, D.F. (Proceso).- Los comicios del 7 de junio próximo se avecinan conflictivos y caóticos, lo cual supone la prueba más dura para un conjunto de organismos electorales que especialistas en la materia califican de inexpertos y parciales. Así, cuatro exconsejeros electorales consideran fundamental una nueva reforma a la ley en la materia que subsane los defectos de la realizada por los diputados en 2014, pues sus deficiencias y su condescendencia con el PRI son evidentes. Sin embargo, el rediseño legal y operativo de la nueva ley es extraordinariamente complicado porque el Instituto Nacional Electoral (INE) está sobrecargado de tareas, conflictos y hasta de “misiones imposibles”, dice a Proceso Jorge Alcocer, integrante de la Comisión Federal Electoral desde 1986 hasta 1991, cuando se creó el Instituto Federal Electoral (IFE), antecedente del INE. “La reforma de 2014 trastocó lo que habíamos venido construyendo durante tres décadas con el IFE y es una reforma que además se queda, digámoslo así, a medias”, puntualiza. Se pregunta: “¿Qué hace la reforma de 2014?”. Responde: “Mete al INE en los estados, en varios ámbitos, bajo el pretexto de que los gobernadores tienen una presencia indebida en los procesos locales. Deciden que el INE nombre a los consejeros electorales estatales”. Para Alcocer, si el IFE era eficiente en la instalación de casillas, “los institutos electorales también. Pero con la nueva ley centralizaron todas las funciones de los institutos estatales”. Pone como ejemplo la casilla única. “¿No hubiese salido más barato que la casilla única fuese la local? Centralizaron todo. ¿Cómo diseñaron los señores que hicieron esta nueva ley, la Legipe, la casilla única? Se nota que nunca estuvieron en una casilla y que no saben cómo opera. Ahora los funcionarios de casilla tendrán que contar todos los votos para todos los cargos a elección popular. ¿Cuándo van a terminar?”... Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2005 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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