Oculta el gobierno el verdadero costo de la pérdida del "Centenario"

jueves, 28 de mayo de 2015

La fallida puesta en órbita del satélite mexicano puede ser más costosa de lo que quieren hacer creer las autoridades. El seguro contratado para cubrir su pérdida no es suficiente. Al parecer la órbita terrestre está saturada de aparatos de telecomunicaciones y cuando se abre un pequeño hueco en el espacio alrededor del planeta, hay una larga lista de espera de gobiernos y empresas que quieren estar ahí. El malogrado Centenario debía ser utilizado por las instancias nacionales de seguridad, la Sedena y el Cisen entre ellas.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El fracaso en el lanzamiento, el sábado 16, del cohete Protón-M –caído 490 segundos después de despegar del cosmódromo de Baikonur, Kazajistán–, con el satélite mexicano Centenario a bordo, pone en apuros al gobierno mexicano, que deberá enviar pronto un nuevo aparato a la posición geoestacionaria 113° oeste o perderá el permiso de emitir desde ahí en frecuencias de la banda L.

Esta banda permite la transmisión de servicios móviles y su uso está reservado para las instancias de seguridad nacional de México: las secretarías de la Defensa, Marina y Seguridad Pública, así como la Procuraduría General de la República y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

Cuando fungía como presidente, Felipe Calderón, impulsor del proyecto Mexsat –que incluía el satélite Centenario–, refirió que el valor comercial de la banda L “se estima en más de 3 mil millones de dólares”.

Si bien el gobierno mexicano no perdió la banda L, ya que en octubre próximo el Morelos 3, concebido como respaldo del Centenario, despegará de Cabo Cañaveral, Florida, y ocupará la posición geoestacionaria 116.8° oeste, la administración de Enrique Peña Nieto tendrá que encontrar una forma de sustituir en el espacio ahora vacante al satélite perdido.

Este problema se suma a las numerosas fallas que detectó la Auditoría Superior de la Federación en el programa Mexsat, como lo documentó hace tres meses este semanario.

El reportaje “Sistema Satelital Mexicano: ineficacia estratosférica” (Proceso 2001) recordó que el proyecto Mexsat nació durante la administración de Calderón y consistió en la puesta en órbita de un sistema equipado con tecnología de punta para el uso de los órganos de seguridad nacional en el marco de la entonces incipiente guerra contra el narcotráfico.

Las instancias de seguridad nacional y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) determinaron que lanzarían tres satélites. El primero, Bicentenario, facilitaría el servicio de comunicaciones fijas terrestres. Una tercera parte de su carga útil serviría además para ampliar la conectividad de las localidades más aisladas de México. Los otros dos, Centenario y Morelos 3, transmitirían las comunicaciones móviles a través de la banda L.

La SCT se encargaría de los aspectos técnicos de la supervisión, los lanzamientos y el monitoreo y proporcionaría el servicio. Las instancias de seguridad serían, en este caso, “clientes” y cada una utilizaría redes privadas dentro de un servicio compartido.

La Cámara de Diputados aprobó el proyecto en 2009, pero sucesivas demoras en la construcción y el lanzamiento de los satélites alargaron el programa, mientras su presupuesto, inicialmente establecido en 17 mil 778 millones de dólares, se disparó hasta llegar en junio pasado a 23 mil 303 millones de pesos.

Posición en riesgo

Yvon Henri, jefe del Departamento Espacial de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), órgano que atribuye las posiciones geoestacionarias a gobiernos y empresas, comenta que México tiene reservada la posición geoestacionaria 113° oeste para la emisión de la banda L hasta febrero de 2016.

Vía telefónica desde Ginebra, Henri explica a Proceso que la UIT divide el espacio orbital terrestre en miles de posiciones geoestacionarias, cada una de las cuales consiste en “una suerte de cubo” de 70 kilómetros de lado. En cada una pueden “convivir” varios satélites a condición de que emitan frecuencias diferentes para que no interfieran entre ellos.

Por lo anterior, la UIT emite permisos por posición geoestacionaria y por frecuencia, sin dar preferencia a un Estado o a una empresa. “El primero en llegar es el primer servido”, subraya Henri. El proceso completo, desde la entrega de la solicitud hasta la notificación de la obtención del permiso, puede tardar hasta siete años.

Antes de lanzar un satélite, un administrador –empresa o gobierno– debe pasar por una etapa de “coordinación” con los administradores de los demás aparatos de transmisión cercanos a su posición geoestacionaria; es decir que debe negociar con ellos y asegurar que su aparato no llevará perturbaciones a la zona, lo cual perjudicaría a todos. “En este tipo de negociaciones uno siempre tiene ventaja en ser primero”, explica.

Desde 1982 México ocupa la posición 113° oeste y tiene derecho a emitir distintas frecuencias todavía durante varios años, excepto para la banda L, cuyo permiso vencerá en febrero. Y, precisamente, “la coordinación es más difícil” con esa banda.

Pero Henri precisa que en noviembre de 2012, la conferencia de la UIT planteó que en caso de fuerza mayor, como una falla en el lanzamiento de un satélite, el órgano internacional podría emitir una derogación que extendería el plazo del permiso unos años.

Lo anterior daría al gobierno mexicano tiempo de enviar un nuevo satélite a ocupar la posición, precisa Henri y añade: “Muy pocas veces se ha dado este tipo de derogación, pero en general el buró ve con simpatía la autorización”.

Henri deja claro que “por uno o dos trucos reglamentarios se puede ganar tiempo, pero de aquí a cuatro o cinco años se necesitará una puesta en servicio en la posición 113° oeste y si no hay dos satélites con la banda L, por más derogaciones que obtenga (México), desafortunadamente el país perderá su posición”.

En un escenario en el cual México perdiera su posición, la UIT analizaría las solicitudes de otras empresas o gobiernos que quisieran ocupar ese espacio para la banda L y si les otorga el permiso, se dificultaría mucho el regreso de México.

Henri agrega que “durante la etapa de coordinación, algunas de las posiciones geoestacionarias pueden ser negociadas por decenas de millones de dólares”.

Opciones

Inmediatamente después de la falla en el lanzamiento del cohete, la SCT y sus funcionarios multiplicaron las declaraciones públicas y las entrevistas para contener los impactos negativos del fracasado lanzamiento por la empresa International Launch Services.

Insistieron en que el seguro contratado con la empresa Marsh Limited cubriría el precio del satélite y del lanzamiento por un total de 390 millones de dólares. La póliza le costó a la SCT “alrededor de 50 millones de dólares”.

En entrevista con Proceso, el director general del proyecto Mexsat, Omar Charlen Tommasi; el director técnico, Mauricio Ávila González y el asesor de la SCT, Javier Lizárraga Galindo, insisten en que “las posiciones no están en riesgo”.

Charlen Tommasi informa que la SCT tiene varias opciones para no perder la banda L en la posición 113° oeste. La “más deseable” y a la que dará preferencia consistirá en pedir a la UIT una extensión del permiso, debido a la falla del lanzamiento “que no fue culpa de la administración”.

Y precisa que en este sentido, la SCT ya inició acercamientos con la UIT.

La segunda opción, “menos deseable”, sería trasladar al Morelos 3 –una vez en órbita–, de su posición hacia la 113° oeste, hacerlo emitir en banda L tres meses y luego regresarlo a su posición inicial, que es 116.8°. Esto prolongaría la concesión de la posición geoestacionaria tres años, de acuerdo con las reglas de la UIT.

De hecho, la SCT ya realizó esa maniobra recientemente. Debido a los sucesivos retrasos en los lanzamientos del Centenario y el Morelos 3 –inicialmente previstos para el tercer trimestre de 2013 y noviembre pasado, respectivamente–, México estuvo a punto de perder sus permisos para las posiciones geoestacionarias 113° y 116.8° oeste.

Pagó 417 mil dólares a la empresa Orbital Sciences Corporation, la cual trasladó al Bicentenario, en órbita desde diciembre de 2012, hacia estas posiciones y lo regresó a su punto de partida.

“Esta solución no es muy deseable porque implica riesgos para el satélite”, comenta Charlen Tommasi.

Los encargados del proyecto Mexsat sostienen que, como medida de mitigación de riesgos, la SCT depositó el año pasado una solicitud ante la UIT para ocupar la posición geoestacionaria 113° oeste, la cual será notificada hasta 2021 a más tardar. Aseveran que con esta medida México “se encuentra en primer lugar y en segundo lugar en la lista de espera de la UIT para esta posición”.

Henri tiene otra versión. Dice que “entre 2009 y 2015 hubo cierto número de solicitudes que fueron depositadas”, y añade que “si México perdiera la posición, los que se encontraban detrás de la red mexicana (en la lista) rebasarían esta red y dificultarían la coordinación” para este país.

Proceso pregunta a los funcionarios de la SCT qué hará el gobierno mexicano para ocupar la posición ahora vacía.

“Estamos evaluando las alternativas”, responde Charlen e informa que la SCT se reunirá en comité con las instancias de seguridad nacional y juntos decidirán cómo emitir en la banda L desde la posición 113° oeste.

Los servidores públicos indican que el gobierno podría mandar fabricar un satélite o “rentar” los servicios de otro, optar por nuevas opciones tipo terrestre o concesionar la posición a un administrador interesado.

El proyecto Mexsat nació con fines de seguridad nacional. Las instancias correspondientes supervisaron el diseño y la colocación de los aparatos emisores de banda L en las fábricas de Boeing Satellite Systems para tener un control integral de sus comunicaciones.

“Cabe resaltar que sus servicios (de las instancias de seguridad) no se ven afectados (por la falla del lanzamiento)”, sostiene Lizárraga y precisa: “Tienen contratados otros servicios con algunos operadores”.

–¿Son gubernamentales o privados?

–No podemos decir. Es más, no tenemos información. Reciben sus servicios satelitales de algunas empresas, con sus propios recursos.

Al preguntar qué opción destaca para enviar un satélite a cubrir la posición que iba a ocupar el Centenario, Charlen insiste: “Ahora la prioridad es concentrarnos en el éxito de Morelos 3”.

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