Madres migrantes: sentimientos de culpa, sin hijos, violadas...

viernes, 8 de mayo de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- Además de cargar con el estigma de ser “malas madres” por dejar a sus hijos para buscar mejores oportunidades de vida, las madres migrantes sufren violencia física y psicológica de su pareja y/o las autoridades en los lugares de tránsito y de destino. Al menos seis de cada 10 mujeres centroamericanas que salen de su país en busca del sueño americano, han sido violadas, dice Hiroko Asakura, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, (CIESAS). Lo peor, añade, es que ese tipo de agresiones ya se ve como algo normal. “Está tan naturalizada (la violación) que incluso los coyotes recomiendan a las mujeres que antes de emprender el viaje se apliquen una inyección anticonceptiva”, comenta. Es usual, dice, que el cuerpo de las mujeres sea utilizado como moneda de cambio para que pueda avanzar a su destino o para recibir protección por parte de los traficantes de indocumentados. A pesar de todas las formas de violencia que podrían sufrir, añade, las mujeres centroamericanas deciden emprender su viaje hacia el norte, “porque piensan que es la única forma de salir ellas mismas y sacar a su prole de la pobreza”. Asakura documentó en su libro “Salir adelante: experiencias emocionales por la maternidad a distancia”, las dificultades que enfrentan las mujeres que migran para brindar mejores oportunidades a sus hijos. De entrada, señala, la “separación de la madre y sus vástagos genera elevados costos emocionales ya que persiste en ellos el miedo de perder el amor del otro”. En el caso de las madres, experimentan sentimientos de culpa y la sensación de fracaso que evidencian “la eficacia de la ideología de género que las responsabiliza, de manera exclusiva, del cuidado tanto físico como afectivo de la prole, lo que provoca sentimientos negativos el incumplimiento de esas expectativas, a la vez que les exige acercarse al modelo ideal de la maternidad”. Peor aún, muchas mujeres que son deportadas y regresan a su lugar de origen se convierten en extrañas y ajenas. Diana Karina Buenrostro Mercado, de El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), realizó el estudio “Primero migrante, luego deportada y con hijos” en el que revela que la madre expulsada no tiene la posibilidad de reunificar su familia en México, o de ingresar otra vez a Estados Unidos, por lo que se enfrenta a un cambio primordial: ejercer su maternidad desde la deportación. “La deportación es un fenómeno que implica, además de la expulsión del país, un estigma que la mujer carga y que no sólo tiene que ver con la ilegalidad en el otro lado, sino también con una sensación de ‘ser mala madre’. La deportación femenina es un despojo a su vida, a su ser madre, a sus hijos, su familia y su hogar”, afirma Buenrostro Mercado. En el mundo se calcula que existen 214 millones de migrantes, de los cuales, el 49% son mujeres, y son ellas quienes sufren mayor violencia en el tránsito a su destino, afirman las especialistas.

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